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Octavio Paz: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas en español (24)

PAZ

Octavio Paz obtiene en 1990 el primer premio Nobel de literatura concedido a un mexicano y el quinto a un hispanoamericano tras Asturias, Neruda, Mistral y García Márquez, por «una obra apasionada, abierta sobre vastos horizontes, impregnada de sensual inteligencia y de humanismo íntegro». Paz nació en 1914 y a los 19 años escribió su primer libro de poemas. Estuvo en España durante la guerra civil, conoció a los poetas de la generación del 27 («que lograron la contemporaneidad» con los poetas británicos y franceses, dijo después), y escribió la ‘Elegía a un joven muerto en el frente de Aragón’:

«Has muerto, camarada/ en el ardiente amanecer del mundo./ Has muerto cuando apenas/ tu mundo, nuestro mundo, amanecía./ Llevabas en los ojos, en el pecho,/ tras el gesto implacable de la boca,/ un claro sonreir, un alba pura.»

Recuerda que el ministro socialista Julio Álvarez del Vayo le dijo: «Tú puedes ser más útil con una máquina de escribir que con una ametralladora». En aquellos años, «éramos jóvenes, sentíamos una inmensa simpatía por la revolución rusa y el comunismo… descubrí la existencia de campos de concentración en la Unión Soviética… Las dudas se convirtieron en críticas.» Durante su estancia en París se llenó de la influencia de surrealistas y existencialistas: «El surrealismo ha sido el escupitajo en la hostia y el clavel de dinamita en el confesionario… ha sido la bota de siete leguas de los escapados de las prisiones de la razón dialéctica.»

Octavio Paz estuvo casado durante treinta años con Elena Garro, una compañera de estudios de origen español, como él, con la que tuvo su única hija, Helena. Separado de Elena, le nombraron embajador en Delhi, donde se casó con la francesa Marie José «debajo de un nim muy frondoso. Los testigos fueron muchos mirlos, varias ardillas y tres amigos». En India se llenó de admiración por Buda «porque renunció a ser dios y porque, con ese mismo acto, renunció a ser hombre». Y en India «se da cuenta de la diferencia entre las colonizaciones españolas y las otras».

La matanza de octubre de 1968 en la Plaza de Las Tres Culturas le hace dimitir como embajador. De vuelta a México, donde dirige una revista literaria muy influyente, opina que «nuestros programas (políticos) deberán ser democráticos, pero no tienen que ser copia de las democracias burguesas occidentales. Deberán contener los gérmenes de un socialismo futuro». No obstante, la izquierda mexicana espera más de Paz. Un adversario dice de él que «tiene por pésimo consejero el afán de pontificar… de reducirlo todo para mejor entenderlo», y hay manifestaciones en las que se grita: Reagan rapaz, tu amigo es Octavio Paz. ¿Evolucionó a lo largo de su vida desde el marxismo hasta un liberalismo de derechas?

Paz sostuvo, desde1966, una amplísima relación epistolar con Pere Gimferrer (poeta catalán, más tarde «su amigo más querido», académico de la RAE y premio nacional de literatura). En las primeras cartas oficia de maestro: «Yo suprimiría muchos adjetivos que son obvios y previsibles ¿No habría una manera más ‘económica’ de decir esto?». «Yo también he pensado volver a la rima… (pero) en castellano la rima resulta más vulgar, más previsible». Y pontifica: «La poesía es el resultado del deseo que, a su vez, nace de la fatalidad interior». Fascinado por la numerología, dice: «Nunca he olvidado que la poesía es número».

Octavio Paz se muestra muy crítico con algunos de sus colegas. Así juzga la poesía de Juan Ramón (Jiménez): «el excesivo lirismo, los resabios modernistas y románticos, el desafortunado vocabulario del exquisitismo y el sentimentalismo. Lo cursi». Y a don Antonio: «Hay mucho Machado que no acaba de gustarme: costumbrismo, cierto romanticismo sentimental y ecos de poesía decimonónica e incluso modernista. Pero los pocos poemas que me gustan, me gustan de verdad y profundamente». Y a Blas: «No conocí a Otero, pero me parece que era un hombre con mucha angustia y pocas ideas». Y a Mario: «El perruno Benedetti, la Voz de su Amo». Y a Rafael y a Pablo: «Así como en Alberti hay un cirquero, en Neruda hay un orador populachero».

Paz deseó, y agradeció cuando le fue concedido, el premio Cervantes, pero del Nobel dice: «jamás he ambicionado ese malhadado premio», aunque sí fue a recogerlo. Octavio Paz, el contradictorio. Recordemos al poeta sensual:

«Voy por tu cuerpo como por el mundo./ Tu vientre es una plaza soleada,/ tus pechos dos iglesias donde oficia/ la sangre sus misterios paralelos.»

León Felipe y Miguel Hernández: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas en español (23)

LEÓN FELIPE

En México murió el «poeta de las bofetadas», el «español del éxodo y del llanto», el traductor a su estilo de Walt Whitman, el que «no buscaba el verbo raro ni la palabra extraña»: León Felipe Camino, el que nos invitaba a recitar:

«Ser en la vida romero… / romero… solo romero. / Que no hagan callo las cosas / ni en el alma ni en el cuerpo… / pasar por todo una vez, / una vez solo y ligero, / ligero, siempre ligero. / Poetas, / nunca cantemos / la vida de un mismo pueblo, / ni la flor de un solo huerto… / Que sean todos los pueblos / y todos los huertos nuestros».

El que durante la Guerra Civil clamaba:

«Españoles, / españoles que vivís el momento / más trágico de toda nuestra Historia, / ¡estáis solos! ¡Solos! / El mundo, / todo el mundo es nuestro enemigo, / y la mitad de nuestra sangre / – la sangre bastarda y podrida de Caín – / se ha vuelto contra nosotros también.»

Y lo escribe así porque: «La poesía de esta hora no ha de ser música ni medida, sino fuego».

Repudia a «Inglaterra, vieja raposa avarienta, / has dejado meterse en mi solar / a los raposos y a los lobos confabulados del mundo.»

Y a la Iglesia, cuyo Dios: «Bendice la rapiña, / la traición, / la trilita de los aviones… / Y hay un señor en Roma / que pone el visto bueno a estas bendiciones.»

Desde el exilio se despide de Franco: » Tuya es la hacienda, / la casa, / el caballo / y la pistola. / Mía es la voz antigua de la tierra.»

Y, mucho más tarde, se despide de todos: «Pero un día no aparece León Felipe… / …le buscan, le buscan… y nada, / no aparece… nada. / León Felipe se ha ido a la Nada. / Señor: / mándame al infierno. / Si existe el infierno, / no existe la Nada.»

MIGUEL HERNÁNDEZ

Miguel Hernández nació en Orihuela el 30 de octubre de 1910. De niño fue cabrero y por siempre hortelano. Alumno en un colegio de jesuítas, entre sus primeros poemas, publicados en una revista católica dirigida por su amigo Ramón Sijé – con quien tanto quería, – no podía faltar su silbo de afirmación a la aldea:

«Iba mi pie sin tierra, ¡qué tormento! / Árboles, como locos, enjaulados. / No quiero más ciudad… / Lo que haya de venir, aquí lo espero / cultivando el romero y la pobreza.»

Estudioso de Quevedo y Lope, hincado en la tierra -«Me llamo barro aunque Miguel me llame»- el joven depresivo escribe los sonetos de ‘El rayo que no cesa’ y ‘El silbo vulnerado’, donde aparecen algunos versos corregidos:

«Umbrío por la pena, casi bruno, / porque la pena tizna cuando estalla, / donde yo me hallo no se halla / hombre más apenado que ninguno. / Pena con pena y pena desayuno / pena es mi paz y pena mi batalla, / perro que ni me deja ni se calla, / siempre a su dueño fiel, pero importuno. / Cardos, penas, me ponen su corona / cardos, penas, me azuzan sus leopardos / y no me dejan bueno hueso alguno. / No podrá con la pena mi persona / circundada de penas y de cardos / ¡Cuánto penar para morirse uno!.»

Mucha tristeza y pena en los versos de aquellos años – «lo que he sufrido y nada todo es nada / para lo que me queda todavía»- que cierra con la Elegía escrita a la muerte de su amigo, memorizada por tanta gente y tantas veces recitada:

«Yo quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas, / compañero del alma, tan temprano».

Llega la Guerra Civil y el poeta -«Hoy el amor es muerte, / y el hombre acecha al hombre»- entra en ella con ardor comunista – «Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos / has hecho un pueblo de hombres…»- y revienta en mítines -«Alza toro de España: levántate, despierta… / A desollarte vivo vienen lobos y águilas.»- «Ellos me arrojan con el puño en alto / a saludar a Rusia por Moscú y por Ucrania / y me quieren hacer retroceder de un salto / para escupir lo sucio de Italia y Alemania.»

Pablo Neruda pudo ayudarlo a salir de España a través de la embajada chilena, pero el barro Miguel prefirió volver a Orihuela, donde fue detenido. La sentencia inicial de muerte fue conmutada por cadena perpetua y en las diversas cárceles que conoció continuó escribiendo:

«No, no hay cárcel para el hombre. / No podrán atarme, no. / Este mundo de cadenas / me es pequeño y exterior, / ¿Quién encierra una sonrisa? / ¿Quién amuralla una voz?»

El 28 de marzo de 1942 Miguel Hernández muere a los treinta y un años de edad, como del rayo, en una celda del reformatorio para adultos de Alicante. Sus últimos versos:

¡Adiós hermanos, camaradas, amigos, / despedidme del sol y de los trigos!»

Pablo Neruda: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas en español (22)

NERUDA

A Ricardo Reyes Basoalto (1904 -1973), mejor conocido como Pablo Neruda, nacido en Parral (Chile), le correspondió el premio Nobel de literatura 1971. El apellido lo adoptó por casualidad de un gran escritor checo, pero él nació indio de la Araucanía, aunque «contra los indios todas las armas se usaron con generosidad: carabinas, incendios, la ley… el aguardiente consumó el aniquilamiento de una raza soberbia». De su juventud dice que «Yo me sumé a la ideología anarcosindicalista estudiantil. Mi libro favorito era Sacha Yegulev, de Andreiev». Y que «Gabriela Mistral me embarcó en esa seria y terrible visión de los novelistas rusos: Tolstói, Dostoievski y Chéjov». De entonces era «mi ambición de una poesía que englobara no sólo al hombre sino a la naturaleza».

De su obra poética, la famosa ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’ (1924) ratifica: «Creo que nunca he vuelto a ser tan alto y tan profundo como aquellos días». En 1950 publica los quince mil versos de su ‘Cántico general’. Dice: «Yo estoy aquí para contar la historia,,,/ En el fondo de la América sin nombre/ estaba Arauco entre las aguas/ vertiginosas, apartado/ por todo el frío del planeta…» Y llegaron los conquistadores: «Los carniceros desolaron las islas…/ solo quedaban huesos/ rígidamente colocados en forma de cruz, para mayor/ gloria de Dios y de los hombres». Eran: «hijos del desamparo castellano,/ conocedores del hambre en invierno/ y de los piojos de los mesones./ Ellos ven verdes tierras, libertades,/ cadenas rotas, construcciones…/ Entraron matando a caballo,/ cortaron la mano que daba/ el homenaje de oro y flores». Después de las matanzas: «Almagros y Pizarros y Valverdes,/ Castillos y Urías y Beltranes/ se apuñaleaban repartiéndose/ las traiciones adquiridas». Y llegaron los nuevos propietarios: «Los últimos soldados de Castilla,…/ se fueron con sus piojos a su tumba…/ se asomó el vizcaíno con un saco,…/ expulsaron al conquistador/ y establecieron la conquista/ del almacén de ultramarinos,…/ Se adjudicaron/ haciendas, látigos, esclavos,/ catecismos, comisarías,/ cepos, conventillos, burdeles,/ y a todo esto denominaron/ santa cultura occidental». Mas aquí vienen los libertadores: Cuauhtemoc, Fray Bartolomé de las Casas, Caupolicán, Lautaro, O’Higgins, San Martín, Mina, Miranda, Carrera, Bolívar, Sucre, Páez, Juárez, Martí, Zapata,… «Detrás de los libertadores estaba Juan/ trabajando, pescando y combatiendo/ sus huesos están en todas partes./ Juan, es tuya la puerta y el camino./ La tierra/ es tuya, pueblo, la verdad ha nacido/ contigo, de tu sangre».

Neruda, profesor de francés y diplomático, conoció mucho mundo. En Lisboa vio «las monstruosas catedrales como cascarones, de las que Dios se hubiera ido hace siglos a vivir a otra parte». En Madrid coincidió «con el bonachón Primo de Rivera dando la primera lección de dictadura a un país que iba a recibir después la lección completa». Y con los terribles cristos españoles de la religión del suplicio, en el peca y sufre, en el no pecas y sufres, en el vive y sufre, sin escapatoria». En cambio, «estos budas colosales, en el rostro una sonrisa de piedra sosegadamente humana». Conoció la «orgullosa Inglaterra: se ha despedido de Bombay sin dejarles escuelas, industrias, viviendas, hospitales, sino prisiones y montañas de botellas de whisky vacías». Se entrevistó con Nehru que «me contemplaba con la misma indiferencia y menosprecio que hubiera tenido para con cualquiera de sus campesinos descalzos». Se relacionó, por los moluscos, con Julian Huxley, «un tipo chispeante y mucho más vivo y auténtico que su famoso hermano Aldous».

Neruda es, sobre todo, poeta, porque «así como a las personas más razonables les costaría mucho ser poetas, a los poetas les cuesta mucho ser razonables». Y repasa a un gran número de colegas, más o menos admirados: César Vallejo, el gran cholo, de poesía de dimensiones sobrehumanas. Proust, el más grande realista poético. Miguel Hernández tenía una cara de terrón o de papa que se saca entre las raíces y que conserva frescura mediterránea. Eléctrica sabiduría verbal. Quevedo, con sus aguas verdes y profundas, de espuma negra. Calderón, con sus sílabas que cantan. Góngora, río de rubíes. No hay poesía española sin el resabio, sin la opulencia gongorina. Ramón Gómez de la Serna, para mí uno de los más grandes escritores de nuestra lengua. Ha cambiado la sintaxis del idioma con sus propias manos. Juan Ramón Jiménez, un demonio barbudo que lanzaba su saeta contra éste o aquél, contra los jóvenes, a cuanto creía que la daba sombra. Federico García Lorca, el duende derrochador, la alegría centrífuga, nunca tuve un hermano más alegre, tenía todos los dones del mundo, el más semejante a un niño, asesinado. León Felipe, en los frentes anarquistas leía sus poemas iconoclastas, que reflejaban una ideología vagamente ácrata, anticlerical, con invocaciones y blasfemias. Rafael Alberti, el esplendor de la poesía en lengua española, un poeta innato, un sabio de la forma. Su poesía tiene un copo de nieve de Góngora, una raíz de Jorge Manrique, un pétalo de Garcilaso, un aroma enlutado de Gustavo Adolfo Bécquer. En su copa cristalina se confunden los cánticos esenciales de España. Maiakovski, poeta público. Pasternak, honesto reaccionario. Ehrenburg, gran agitador, lo más verdadero y viviente de la cultura soviética. Ho Chi Ming, poeta de la vieja cepa oriental, de voz dulce y natural. Mao, su libro rojo, panacea universal para vencer en el ping pong, curar la apendicitis y resolver los problemas políticos. (Cuando en China sustituyeron un hombre, Mao, por un mito, no me fue posible tragar por segunda vez – tras Stalin – esa píldora amarga). Paul Eluard, un normando azul y rosa, de contextura recia y delicada, un especie de torre francesa con esa lucidez apasionada. Su poesía era cristal de piedra, agua inmovilizada en su constante corriente. Gabriela Mistral, una sonrisa de harina en su cara de pan moreno. Nadie olvidará tus estrofas a los pies descalzos de nuestros niños.

Cernuda, Diego y Dámaso Alonso: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas en español (21)

CERNUDA

El poeta sevillano Luis Cernuda murió en 1963, en el exilio mexicano, a los sesenta años de edad. Se le considera perteneciente a la generación del 27, de aquel grupo de poetas (Lorca y Alberti, Guillén y Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, Prados y Altolaguirre… ) que rindieron homenaje a la pureza poética representada por Góngora y Juan Ramón Jiménez; en aquel tiempo en el que el licenciado en Derecho Cernuda escribía sus primeros versos:

«Soledad amorosa. Ocioso yace/ el cuerpo juvenil perfecto y leve./ Melancólica pausa. En triste nieve/ el ardor soberano se deshace.

Pocos años después, el tímido y solitario Cernuda, hijo de un jefe militar, comienza a liberarse de las represiones de su homosexualidad: «Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,/ como nace un deseo sobre torres de espanto…». Y de las rimas asonantes y consonantes: «Cómo llenarte soledad,/ sino contigo misma.»

Cuando llega la Guerra Civil le dice a Larra: «Escribir en España no es llorar, es morir». Y en Gran Bretaña, en el exilio, clama por su tierra:

«Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,/ tierra nativa, más mía cuanto más lejana?/ Tus pueblos han ardido y tus campos/ infecundos dan cosecha de hambre;/ rasga tu aire el ala de la muerte;/ tronchados como flores caen tus hombres/ hechos para el amor y la tarea;/ y aquellos que en la sombra suscitaron/ la guerra, resguardados en la sombra,/ disfrutan su victoria, Tú en silencio,/ tierra, pasión única mía, lloras/ tu soledad, tu pena y tu vergüenza».

Y clama contra la Segunda Guerra Mundial: «Oh Dios. Tú que nos has hecho/ para morir, ¿por qué nos infundiste/ la sed de eternidad, que hace al poeta?/ Puedes dejar así, siglo tras siglo/ caer como vilanos que deshace un soplo/ los hijos de la luz en la tiniebla avara?/ Mas tú no existes. Eres tan sólo el nombre/ que da el hombre a su miedo y su impotencia.»

De Gran Bretaña pasa a Estados Unidos: «Y el mozo iluso es viejo, él mismo ignora cómo/ entre sueños fue el tiempo malgastado…»

Y de allí a México, su destino final, donde confiesa: «Soy español sin ganas…» Y donde muestra cuál es su verdadera patria: «La real para ti no es esa España obscena y deprimente/ en la que regenta hoy la canalla,/ sino esta España viva y siempre noble/ que Galdós en sus libros ha creado,/ de aquella nos consuela y cura ésta.»

DIEGO

En 1987 desaparece el poeta Gerardo Diego, nacido en Santander en 1896. Estudió leyes en Deusto, la universidad de los jesuítas, de ahí su catolicismo: «Dame tu mano María,/ la de las tocas moradas./ Clávame tus siete espadas/ en esta carne baldía». Catedrático de Instituto, se despide de su tierra: «De aquel mar me despedía,/ mi cántabro mar maestro,/ para buscar el mar nuestro/ mar nuestro de cada día». Seguidor del creacionismo de Ramón Gómez de la Serna, entrevera greguerías: «En un pañuelo amortajado/ llevaba a enterrar el último adiós». Pianista, intérprete de música clásica: «Cuenca, toda de plata,/ quiere en ti verse desnuda,/ y se estira, de puntillas,/ sobre sus treinta columnas».

Recuerda poetas: «Poetas andaluces/ que soñasteis en Soria un sueño dilatado:/ tú, Becquer, y tú, Antonio, buen Antonio Machado,/ que aquí al amor naciste y estrenaste las cruces/ del dolor, de la muerte./ Este gran Ramón que fuera, ¿cuántas cosas?/ barbas de chivo, apóstol manco,/ barquero de la Estigia, Bradomín de las rosas,/ es ya un fantasma blanco, blanco.»

Canta a toros y toreros: «Un lienzo vuelto, una última voz – toro -,/ un gesto esquivo, un golpe seco, un grito,/ y un arroyo de sangre – arenas de oro -/ que se lleva – ¡ay!, espuma – a Joselito».

ALONSO

El poeta Dámaso Alonso (1898 – 1990) recibió el premio Cervantes en 1978 (un año después lo ganó Gerardo Diego). Lector de español en las mejores universidades alemanas (Berlín y Leipzig), inglesas (Oxford y Cambridge) y de Estados Unidos (Harvard y Yale). Catedrático de Filología Románica en la Universidad Central desde 1940 y director de la Real Academia Española de 1968 a 1982 (después, honorario vitalicio):

¿Dónde estuvo durante la Guerra Civil? ¿Qué hizo? No lo cuenta, pero escribe angustiado ‘Hijos de la ira’ en 1944, tras la Segunda Guerra Mundial: «Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres… Y paso largas horas preguntándole a Dios… por qué se pudren más de un millón de cadáveres… Dime, ¿qué huerto quieres abonar con tanta podredumbre?»

Muchos monstruos: «Sí, alejadme de ese tristísimo pedagogo, más o menos ilustre,/ ese ridículo y enlevitado señor,/ subido sobre una tarima en la mañana de primavera,… ese monstruo…/ ese jayán pardo,… ese vesánico estrujador de cerebros juveniles…»

Muchos muertos: «Ah, muertos, muertos, ¿qué habéis visto/ en la esquinada cruel, en el terrible momento del tránsito?…/ Ah, Dios mío, Dios mío, ¿qué han visto un instante esos ojos/ que se quedaron abiertos?»

Mucho odio: «Húndete, pues, con tu torva historia de crímenes,/ precipítate contra los vengadores fantasmas,/ desvanécete, fantasma entre fantasmas,/ gélida sombra entre las sombras,/ tú, maldición de Dios,/ postrer Caín,/ el hombre».

Odio, amor. Yo: «Cadáver que se me está pudriendo encima/ desde hace 45 años,…/ Hace 45 años que te odio,…/ 45 años hace ya/ que te amo».

Mucho Dios: «¡Libre Dámaso – Dios!». Dámaso impío: «Aire de Dios rasgó mi desenfreno,/ que osé la libertad que Dios me daba,/ látigo contra Dios alzar, ¡Dios mío!»

Hasta 1980 no publica ‘Gritos de la vista’ con la sorprendente ‘Visión de los monstruos’, un hallazgo: «Dámaso – babosa… Gracias./ Desde Chamartín de la Rosa,/ un mínimo ciudadano de la gran Vía Láctea,/ abre su balcón y se asoma al Cosmos, y grita:/ gracias, gracias: yo veo».

Y a los ochenta y seis años, ya calvo, se suelta el pelo. (Ya no hay Dios, sino Señor): «La muerte para el muerto es Nada, cero». «Creo verdad la idea de la muerte/ del alma, al punto mismo en que se muere el cuerpo». «Mi idea es eso./ Pero puede ser falsa ¡Ojalá sea!». «¡Qué puras, misteriosas y felices/ las almas solas sin el cuerpo eternas!»

Fluirá con el alma de sus padres, de sus amigos: Unamuno, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Amado Alonso, Leopoldo Panero, Vicente Gaos, Rafael Ferreres, Vicente Aleixandre,… y Federico («Y sed ya para siempre mar salobre,/ oh campos de Alfacar, tierras de Viznar.»): «Todo lo quiero ver, después de muerto». «Y conocerlo todo». «Ah, el infinito universal lo juzgo,/ inmensa plenitud sin ningún límite». «Oh, gran Señor, sería/ todo tan justo, dime,/ dime, si tú existieras… creo, cierto que existes./ ¿Lo creo?/ Sí, ¿lo creo? Sí ¿Te amo y te bendigo?»

Juan Ramón y Aleixandre: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas en español (20)

JUAN RAMÓN

El poeta lírico Juan Ramón Jiménez nació en Moguer (Huelva) en 1881. Apareció en Madrid en 1900, de la mano y bajo la influencia de Rubén Darío. Se trata de un joven virginal de diecinueve años que ama y admira la naturaleza con ojos puros: «Vagos ánjeles malvas/ apagaban las verdes estrellas./ Una cinta tranquila/ de mares violetas/ abrazaba amorosa/ a la pálida tierra». Doce años más tarde, trabajando como editor en la Residencia de Estudiantes, ya se le han enturbiado los ojos: «…Pero, ¿acaso/ puede hablar de sus rosales/ un corazón sepulcrado?». «¡Yo le tiré al ideal/ creyendo que no le daba! ¡Tiro negro, como abrió/ tu culatazo mi alma!». «¡Corazón, estás bien muerto! ¡Mañana es tu aniversario!» . «¡Qué yelo en la planta de este pie alternado,/ que tengo que tener sobre la tierra!»

En Nueva York, en 1916, se casa con Zenobia Camprubí, traductora de Rabindranath Tagore: «¡Qué dulce esta inmensa trama! Tu cuerpo con mi alma, amor,/ y mi cuerpo con tu alma». «La vía láctea/ sale de mí, pasa por ti,/ y vuelve a mí, círculo único./ ¡Qué dos columnas sustentadoras del universo!»

En 1956, Juan Ramón recibe el premio Nobel, el mismo año del fallecimiento de su esposa Zenobia. Dos años después también muere el poeta en San Juan de Puerto Rico. Y ya muy tarde, el llamado déspota de los poetas escribe: «…y ya muy tarde, ayer tarde,/ oí hablarme a los árboles».

ALEIXANDRE

El premio Nobel de literatura 1977 recayó en el poeta sevillano Vicente Aleixandre, nacido en 1898, el año del fin del imperio español. Desde 1927, fecha definitoria de una generación de poetas, vivió casi recluido por su enfermedad en su casa de Velingtonia, en los altos de la Moncloa madrileña. Aleixandre fue como un imán para los poetas españoles de la época. Se reunían en su casa para realizar lecturas y dialogar.

Aleixandre, poeta surrealista y cósmico: «A mi paso he cantado porque he dominado el horizonte/ porque por encima de él – más lejos, más, porque yo soy altísimo -/ he visto el mar, la mar, los mares, los no límites./ Soy alto como una juventud que no cesa.»

Romántico: «Por eso os amo, inocentes, amorosos seres mortales/ de un mundo virginal que diariamente se repetía/ cuando la vida sonaba en las gargantas felices/ de las aves, los ríos, los aires y los hombres».

Realista: «Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo escribo./ Uno a uno, y la muchedumbre./ Y para los pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin oírme,/ está mi palabra».

Pound, Brodsky y Walcott: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas (19)

POUND

Ezra Pound nació en Idaho en 1885 y murió en Venecia en 1972. Fue un poeta difícil, muchas veces incomprensible, un políglota con conocimientos en latín, griego, francés, italiano, alemán, español, provenzal, anglosajón y, naturalmente, en literatura y gramática inglesa. Ejerció como profesor de lenguas romances antes de marchar a Europa en 1908. En Inglaterra, donde vivió el éxito de sus libros, se hizo amigo y secretario de W.B. Yeast y actuó como maestro, asesor crítico, promotor y propagandista de autores noveles: nada menos que James Joyce, T.S. Eliot y Ernest Hemingway entre otros, lo que le valió la posterior denominación de poeta de poetas. Se relacionó con Thomas Hardy, Henry James y, en París, con Jean Cocteau, Tristan Tzara y Louis Aragon. Pound organizó el movimiento jmaginista, explicando que «una imagen es aquella que presenta un complejo intelectual y emocional en un instante, ese crecimiento súbito que experimentamos en presencia de las obras de arte más grandes». «La imagen no es una idea, es un vórtice, del cual, y a través del cual, y hacia el cual, las ideas se abalanzan continuamente». Como en chino cada palabra es una imagen, un ideograma, hizo traducciones del chino ¡sin saberlo!, y las plasmó en su obra ‘Cathay’ (¿Le debe algo William Burroughs por esta idea?). Para componer alguno de sus poemas actuó siempre como ‘traductor traidor’ tanto del chino como del latín o del provenzal, interpretando lo que le daba la gana y plasmándolo en sus obras: ‘Personae’, ‘Propercius’, ‘Mauberley’ o los ‘Cantos’. Estos últimos llenaron su vida desde 1915 hasta 1955 y fueron recogidos en gruesos volúmenes en 1970.

De su mujer, Dorothy Shakespeare, y de su amante, la violinista Olga Rudge, tuvo un hijo y una hija, ambos dados en adopción a los abuelos y a unos campesinos, respectivamente. Durante la Segunda Guerra Mundial, que vivió en Italia, hizo emisiones de radio de apoyo al fascismo y contra Estados Unidos, su país, lo cual le valió ser dado por loco (¿lo fingió para salvarse de la ejecución por traidor?) y recluido en un centro sanitario desde 1946 hasta 1958. Durante el internamiento le permitieron recibir visitas (su mujer, Dorothy, los poetas Eliot y W.C. Williams…) y lo liberaron con la condición de que abandonase el país. Residió en Italia hasta su muerte en un evidente declive físico y mental, asistido por su amante Olga.

Dedicó versos a personajes: «Oh, artera Muerte llena de amargura / bien Te puedes jactar de que el mejor caballero / que jamás pueblo hubo nos has arrebatado». (A Henry Plantagenet, hermano de Corazón de León).

A Nueva York: «Mi ciudad, mi amada, / eres una doncella sin pechos. / Eres esbelta como un junco de plata.»

En una estación de metro: «La aparición de estas caras en la multitud / pétalos sobre una mojada, negra rama.»

En la buhardilla: «Ven, apiadémonos de los que están mejor que nosotros. / Ven, amigo, y recuerda que los ricos tienen mayordomos y no amigos, / y nosotros tenemos amigos y no mayordomos.»

Al alba: «Tan fresca como las pálidas hojas mojadas / del lirio del valle / ella yacía a mi lado en la aurora.»

¿Le debe algo la generación beat? «Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrón de los ladrones, / prestadme un pequeño estanco, / o establecedme en cualquier profesión / salvo esta maldita profesión de escribir / en la que se necesita el cerebro todo el tiempo.»

Posguerra: «Allí murió una miríada, / y entre ellos los mejores, / por una puta vieja sin dientes, / por una civilización chapucera.»

BRODSKY

El premio Nobel de literatura de 1987 le correspondió al poeta ruso estadounidense Joseph Brodsky, nacido en 1940 en Leningrado (San Petersburgo) de familia judía (aunque en sus poemas, con muchos versos dedicados a la Navidad y a Dios, da muestras de creencias cristianas). Acusado de parásito social, fue sentenciado, cuando tenía veinticuatro, a cinco años de trabajos forzados de los que solo cumplió uno, merced a las protestas de varios literatos soviéticos. Un año antes había escrito el que está considerado el mejor de sus poemas: ‘Elegía por John Donne’ (Este poeta inglés nació y murió en Londres entre 1572 y 1631. Escribió poesía secular hasta su ordenación en 1615 y poesía religiosa hasta su fallecimiento. Desde 1621 ejerció como dean de la catedral de San Pablo donde fueron famosos sus sermones):

«John Donne se ha dormido, como todo el lugar… / John Donne se ha dormido. Y el mar con él… / duermen ríos, bosques y montes; / fieras y aves, el mundo muerto, los seres vivos. / Solo la nieve blanca cae del cielo en la noche… / Se ha dormido Dios. La tierra ahora le es ajena… / Mas, ¡ay! Tú oyes: allá en la fría noche, / hay alguien que llora, que susurra asustado… / Soy yo, John Donne, tu alma… / Aquí estoy, sola, penando en las cimas celestes… / No soy yo quien solloza, lloras tú, John Donne… / ¿quién compartirá con nosotros la muerte?»

Josif Brodski es un poeta preocupado por la rima, la métrica y la filosofía. (Su traductor, pendiente de la rima, hace ripios y obtiene pérdidas de significado lamentables).

«¡Detente instante! No eres maravilloso / sino irrepetible. Eres feliz y, sin embargo, a pesar de todo / aún sigues con vida.»

«En el país de los sin bocado / las miradas tienen hambre.»

«La poesía, según parece, consiste / en la ausencia de fronteras claras.»

«He conocido a tres grandes poetas. / Y los tres eran unos hijos de puta.»

«No hay causas en el mundo, / tan solo efectos. Los hombres son sus víctimas.»

Joseph Brodsky se exilió en 1972 y se nacionalizó estadounidense en 1977.

«Yo nací en un gran país, / junto a la boca de un río. / Siempre en invierno se helaba / y no he de regresar… / y en cuanto a dónde toque tomar tierra, / es duro en todas partes; / les recomiendo EEUU.»

WALCOTT

El premio Nobel de literatura de 1992 se lo concedieron al poeta Derek Walcott, un negro nacido en 1930 en Claistres, la capital de la antigua colonia británica de Santa Lucía, una isla de las Pequeñas Antillas. Era hijo de un pintor británico nieto de esclavos que murió cuando él tenía un año de edad. El poema épico ‘Omeros’ (Homero, 1990) está considerado su obra maestra. En él describe la lucha de los pescadores por el amor de una mujer negra antillana. Expone:

«Dije ‘Omeros’, y O era la invocación de la caracola, / mer era las dos, la madre y el mar en nuestro patuá antillano, / os era un hueso gris y el blanco oleaje cuando rompe con estruendo / y esparce su collar sibilante sobre una playa que parece de encaje. / Omeros era el crujido de las hojas secas, y los remolinos / que brotan a la bajamar como un eco por la boca de una cueva».

Dedica sus ‘Églogas italianas’ a su amigo Joseph Brodsky, poeta: «Joseph, ¿por qué escribo esto si tú no puedes ya leerlo?… Las campanas de los ‘campanjle’ doblando enloquecidas para ti que sentiste cómo esta ciudad lacerada por piedras curaba nuestros pecados… Qué bien pensado, en tu cumpleaños, hablarle de ti a Venecia.»

Y trae sus rimas a España: «Así es como hay que leer España, hacia atrás, como la memoria, como el árabe, montañas y cipreses profetizados que confirman que el único tiempo es el pretérito, donde yace un pecado que es el de toda España».

Brecht y Seifert: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores y poetas (18)

BRECHT

El alemán Bertolt Brecht, poeta (sobre todo poeta) social, había estudiado medicina y trabajado en un hospital; estaba clasificado como iconoclasta y marxista mientras escribía: «Yo, Bertolt Brecht, arrojado a las ciudades de asfalto/ desde la Selva Negra, dentro de mi madre, hace tiempo».

En la treintena escribe libretos de ópera, alguna de dos o tres céntimos, en las que se define como poeta que no cobra: «Hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas/ y furiosamente perseguimos a vuestros enemigos con poesías como puñales». Y como autor: «Soy autor dramático. Muestro lo que he visto./ Y he visto mercados de hombres donde se comercia con el hombre». Y como defensor de la dialéctica: «Y entre los oprimidos, muchos dicen ahora:/ Jamás se logrará lo que queremos…, / ¡Que se levante el que esté abatido!…/ Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,/ …y el jamás se convierte en hoy mismo,/ están los reflexivos, que nunca actúan». Y como antiburgués: «¡Oh Alemania, pálida madre!/ ¿Qué han hecho tus hijos de ti,/ para que, entre todos los pueblos,/ provoques la risa o el espanto?»

Exiliado en Dinamarca y posteriormente en Estados Unidos, donde escribe parte de sus obras de teatro más conocidas mientras los nazis queman sus libros en Alemania: «Los viejos libros explican la sabiduría:/ apartarse de las luchas del mundo y transcurrir/ sin inquietudes nuestro breve tiempo». «He crecido hijo/ de gente acomodada…/ no me gustó la gente de mi clase…/ y me uní al pueblo llano». «…dictaron contra mí una orden de detención…/ mas los no propietarios…/ me conceden refugio». Y en Hollywood se dedica al trabajo alimenticio: «Para ganarme el pan, cada mañana/ voy al mercado donde se compran mentiras».

Acabada la Segunda Guerra Mundial vuelve a Berlín. Es galardonado con el premio Stalin de la Paz. Aunque no es considerado ortodoxo en el Este y es boicoteado en el Oeste por comunista, obtiene un gran triunfo en el Teatro de las Naciones de Paris en 1955, pero dice: «No me gusta el lugar de donde vengo./ No me gusta el lugar adonde voy»

SEIFERT

El poeta Jaroslav Seifert fue el primer checo en ser galardonado, en 1984, con el premio Nobel de literatura. «En la calma de la memoria… veo los rostros de muchas bellas personas que he conocido; entonces me vienen los recuerdos… cada vez más hermosos», dice en ‘Toda la belleza del mundo’, su última obra, publicada en 1981 cuando tenía ochenta años de edad. Y recuerda a Jan Neruda «el escritor más grande de Praga», cuyo nombre adoptó Neftalí Flores. Y las palabras de Max Brod: «El río Moldava fluye en sí mayor porque Smetana lo quiso así». Y a Hasek, el autor de ‘Las aventuras del bravo soldado Svejk’, que escribió la novela bebiendo de tasca en tasca, rodeado de gente que llevaba al editor las páginas escritas para que las pagase y poder seguir bebiendo. Y al poeta Vladislav Vancura, fusilado por los nazis, lo que le hace gritar: «Es una pena, pero después de la muerte no hay nada ¡No hay ningún infierno, aunque tendría que existir! ¡Tampoco existe el paraíso, aunque tendría que existir, al menos para los que mueren de esta forma!»

Seifert escribió treinta volúmenes de poesía, los primeros hasta 1929 año en el que rompió con el partido comunista, dedicados a la poesía obrera. Para Seifert «la misión del arte es cantar, con imágenes arrebatadoras y con insospechados ritmos poéticos, toda la belleza del mundo». Además, «lo que llamamos poesía es un gran secreto del que cada poeta revela un poquito o algo más… es una aparición… o… no lo es, sino una obra difícil y no muy grande». Prefiere «el poeta cuyas poesías no están envueltas en ningún misterio… son claras y llegan a la gente», al que «lanzaba a sus lectores miles de versos con gran fausto… y exigía a su público que los recibiese con gran fausto».

Seifert se despide porque «cuando el hombre se hace viejo, suele estar triste… hace un recuerdo complacido de sus años… todo pasa muy deprisa… y se siente más solitario».

Dürrenmatt: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (17)

DÜRRENMATT

El escritor suizo Friedrich Dürrenmatt (1921 – 1990), reputado autor teatral cuya obra considerada como la más importante es ‘Los físicos’, una comedia negra que se desarrolla en un manicomio en el que vive un genio de nombre Möbius (en memoria del matemático alemán inventor de la superficie que lleva su nombre e impulsor de la topología y de la geometría proyectiva) creador de la teoría del campo uniforme, ¡la teoría del todo!, y del sistema de todos los inventos posibles. Dice el protagonista: «Si mis investigaciones cayeran en manos de los hombres… se encaminarían a su fin… Nuestra ciencia se ha vuelto terrible, nuestros descubrimientos, mortales». «Solo en el manicomio podemos seguir pensando. Danos la fuerza necesaria para guardar celosamente, bajo las apariencias de locura, el secreto de nuestra ciencia». Ya que «el contenido de la física concierne a los físicos, sus repercusiones, a todos los hombres».

Dürrenmatt escribió varias novelas policíacas de notable éxito, porque para él «solo se necesita que el detective tenga razón y que capture al asesino, y ya tenemos la más hermosa novela o guion de cine». No obstante, en ‘La promesa’ hace que el inteligente detective, que intuye la verdadera solución del caso, acabe fracasado y arruinado mientras el asesino es descubierto después de muerto por la confesión de su viuda. Pero el autor, en la misma novela, propone otro final (que es el de una de las versiones cinematográficas): El asesino cae en la trampa (‘El cebo’, una niña), lucha, hiere al detective y es capturado.

En todas sus novelas negras, Dürrenmatt, gran maestro del género, envía fuertes cargas de profundidad. En ‘El encargo’ estudia «el observar del observador de los observados», intercalando que «el hombre observa la naturaleza como nunca lo había hecho antes, inventando, para observarla, instrumentos cada vez más ingeniosos… hasta descubrir que los rayos electromagnéticos son masa irradiada, y la masa, radiación electromagnética congelada». En ‘La sospecha’ vuelve al tema: «Creo en la materia, que es a la vez energía y masa… que es tangible en forma de animal, planta o carbón, e intangible como átomo; que no necesita Dios ni ninguna otra invención parecida».

La preocupación de Dürrenmatt por la administración de justicia se extiende a lo largo de toda su obra. Así, en ‘La Sospecha’, el comisario Hans Bärlach, protagonista de varias novelas, persigue desde su lecho de muerte a un criminal médico del campo de exterminio nazi de Stutthof porque «los grandes sinvergüenzas andan sueltos y a los pequeños los encierran. Demasiado menudeo, demasiado olisqueo, mientras la caza mayor… acaba siempre bajo protección estatal». Y un judío maltratado por el tal médico confiesa: «A los internados en algún campo de exterminio como Auschwitz, Lublin, Maidanek, Natzweiler o Stutthof solo nos hacía esperar ser trasladados a lugares tan agradables como Buchenwald o Dasau, donde aún subsistía una mínima esperanza de salvarse por obra de algún azar inverosímil». Afirma que la frase «la ley es la ley, es una mentira». «Cuando decimos ley, queremos decir poder. La ley es el vicio, la riqueza, los cañones, los trusts, los partidos». Su última novela, ‘Justicia’, trata del autor de un crimen evidente y sin móvil que es finalmente absuelto, debido a que «un juez tiene tan poca necesidad de ser justo como el Papa de ser creyente».

Gore Vidal: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (16)

GORE VIDAL

En 2012 muere a los 86 años de edad Eugene Luther Vidal, nacido en West Point y conocido como Gore Vidal. Tras servir en la Armada de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial se dedicó a escribir, publicando su primera novela en 1946, que trataba sobre la guerra. Su tercera novela, ‘The city and the pillar’, que trata de la homosexualidad (su homosexualidad), constituyó un escándalo y desde entonces solo obtuvo fracasos comerciales, a pesar de que en 1954 publicó su (para quien esto escribe) mejor novela: ‘Mesías’. Después se cambió al teatro y a escribir guiones de cine y televisión, para volver a la novela en 1964 con éxitos sucesivos. Gore Vidal fue un aristócrata estadounidense conflictivo que clamaba contra los políticos corruptos, contra la cultura imperial y que defendía el paganismo. Manifestaba que «el amor no es lo mío, soy un propagandista que odia». Para algunos era mejor ensayista, comentarista político y biógrafo que novelista.

En 1948, cuando tenía 23 años, Gore Vidal escribió ‘En busca del Rey’, novela donde cuenta la prisión de Ricardo I Corazón de León en Viena y su rescate por una fabulosa cantidad de dinero. Ricardo (1157 – 1199) fue rey de Inglaterra desde 1189 hasta su muerte. Gore le describe como como un personaje de tremenda energía y crueldad, hábil soldado y político, potente poeta lírico y homosexual. La Historia asegura que vendió propiedades para armar una flota destinada a la Tercera Cruzada. En ruta hacia Tierra Santa conquistó Sicilia y Chipre, donde casó con Berengaria de Navarra. No consiguió entrar en Jerusalén y pactó con Saladino permiso para que los peregrinos pudieran entrar en los lugares sagrados. En 1950, Gore Vidal publicó una buena novela de aventuras: ‘Verde oscuro, rojo vivo’, donde cuenta la lucha por el poder en una república bananera centroamericana entre los ricos propietarios de cafetales y una gran empresa norteamericana, en presencia de unos indios diminutos. En ‘Mesías’ el narrador es Eugene Luther (Gore), oponente de John Cave (el Mesías, J.C.) quien dice que «morir es bueno», como los gnósticos, aquellos que prometían una feliz liberación en la muerte, y como Kant, que preveía con placer el voluptuoso sueño de la tumba. Para Cave no hay cielo ni infierno: «Tengo una sola cosa que dar a la gente, y es la manera de morir sin miedo, alegremente, de aceptar la nada como es, un largo sueño sin sueños». Para Luther, la ‘verdad’ de Cave podría contribuir, en el mejor de los casos y en pequeña medida, a la abolición de las molestas supersticiones de las religiones establecidas.

En 1964, Gore vuelve a tratar con un personaje legendario en ‘Juliano el apóstata’. Flavius Claudius Julianus (331 – 363) fue Emperador desde el 361hasta su muerte en la batalla de Ctesifonte (Bagdad), herido en el hígado por una fecha que nadie sabe de donde vino. (Gore se ajusta a la historia en su narración excepto en este hecho, ya que supone que a Juliano lo mató su ayuda de cámara días después de la batalla, victoriosa para Roma). La novela se desarrolla a través de la narración de Juliano y sus maestros helenistas Prisco y Lubiano, quienes dan datos adicionales y critican o subrayan las actuaciones del Emperador. Juliano se muestra contrario al cristianismo: «Demasiados inocentes han ido al matadero por las necias disputas ideológicas de los cristianos». «De acuerdo con Moisés, ese dios no era absoluto porque no hizo las tinieblas ni siquiera la materia, puesto que la Tierra existía antes que él… meramente dio formas a aquello que ya existía». «¿Debe creerse en la condenación de Platón y Homero, por ejemplo, porque no rendían culto a un judío no nacido? Dios Uno es celoso según los judíos… y además, malo… El cristianismo es el mal… miráis a lo que está muerto, rendís culto a un muerto». «Por qué es tan importante perdurar después de la muerte? No tengo inconveniente en partir porque no veo nada más que eso: nada». Juliano fue un decidido partidario de los dioses y de los misterios (eleusis): «Un mundo perdido en que los dioses vivían entre nosotros, la tierra era simple y los hombres, buenos». «Somos parte de un círculo si fin, una luminosa espiral de vida». Y defensor del humanismo: «Un esclavo es aquel que no puede expresar su pensamiento».

‘Myra Breckinridge’ es una transexual de ida y vuelta protagonista de la novela publicada en 1968 que nos ilustra en el sexo: «Peter O’Toole, actor epiceno». «La leyenda de las dimensiones del negro es solo eso, una leyenda. El pene del negro cuando está flojo es casi del mismo tamaño que cuando está en erección». «El judaísmo es, en conjunto, una religión más horrible que el cristianismo… La circuncisión solo es necesaria para muy pocos hombres… la mayoría de los prepucios se manipulan muy fácilmente… su supresión reduce la sensación del glande».

En ‘Palimpsesto. Una memoria’, Gore Vidal recuerda su vida y ametralla todo lo que se mueve, especialmente a su país: «Éramos nobles salvajes. Disponíamos de territorio tan vastos que sin inmigración jamás podríamos haberlos llenado con la progenie de tres millones de residentes que la república tenía en 1789… John Quincy Adams, secretario de Estado durante la presidencia de James Monroe, inventó la doctrina Monroe, que rechazaba la presencia de toda potencia europea en cualquier zona de nuestro territorio, al tiempo que juraba solemnemente que jamás nos inmiscuiríamos en la política europea y mucho menos en sus guerras… Cuán conservador fue el presidente Roosevelt en casa y cuán radical e imperialista fuera de ella, poniendo fin a los imperios coloniales de nuestros aliados y a los de nuestros enemigos, a la vez que iba atrayendo sus fragmentos hacia nosotros». «Nos hemos creado tantos enemigos en todo el mundo que, en nombre del terrorismo, un estado policial bastante efectivo ha ido reemplazando a la vieja república… pues llegaban los rusos y la Bomba pronto caería… Truman había restablecido la llamada a filas… Los impuestos sobre la renta llegaban a alcanzar el 95 % para pagar el monopolio de la defensa… y así ayudar a todos los países pequeñitos del mundo que amenazaban la paz, tanto si querían la ayuda como si no». «Pagar el 90 % al Fisco (cualquiera que ganase más de cien mil dólares al año) para experimentar esa oleada de orgullo que a uno le embargaba cuando la CIA derrocó al presidente de Guatemala, elegido democráticamente, y destituyó al popular líder iraní Mosaddeq. Si el gobierno iba a llevarse una parte tan grande de nuestro dinero… que nos concediese sanidad y educación». «Nixon hablando y actuando como un sonámbulo en un sueño surrealista: ‘Las tropas americanas acaban de entrar en Camboya. Esto no es una invasión’ «. «El jefe de la mafia y Joe Kennedy (el padre de JFK) cenaban juntos una vez por semana. Debía estar en prisión junto a su amigo Frank Costello… Los elementos que liquidaron a JFK – la mafia de Marcello en Nueva Orleans y otros – fueron los individuos con los que su padre había hecho negocios durante toda su vida». «Como respuesta a la intensificación de la retórica antisoviética de JFK, Nikita Kruschov había erigido el muro de Berlín, evitando de este modo la guerra». «Es escalofriante que todas nuestras vidas (guerra nuclear que evitó Nikita) estaban en las inexpertas manos de Bob y Jack Kennedy, que gastaron más que Ike en armamentos». Gore Vidal no solo dispara contra su país: «Cuando las mujeres estén en el poder, las guerras serán políticamente incorrectas, como muy bien demostró la señora Thatcher». «Rousseau, al igual que Martín Lutero, eran un par de personas intensamente cretinas… y aun así el mundo les siguió… (Como decía Voltaire a propósito de un libro de Rousseau) nunca se empleó tanto talento en hacernos parecer estúpidos… leyendo su libro, uno ansía caminar a cuatro patas… me siento frustrado ante la imposibilidad de retomar esa postura… el hombre nace bebé, ¿y qué bebé fue libre alguna vez?»

Vargas Llosa: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (15)

VARGAS LLOSA

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació en Arequipa (Perú) en 1936. Recibió educación primaria en Cochabamba (Bolivia) donde su abuelo era Cónsul de Perú. En 1950 entró en una escuela militar en Lima y , después, trabajó como periodista y locutor de radio. Se doctoró en la Universidad Central de Madrid con una tesis sobre Rubén Darío y desde 1959 hasta 1966 vivió en París. Tras pasar por Londres, la Universidad de Washington y Barcelona, volvió a Lima en 1977. (Después de casarse con su tía lo hizo con su prima). Se presentó a la presidencia de Perú y perdió frente al ‘Chino’ Fujimori. En 1993 se nacionalizó español y en 1994 fue nombrado académico de la Real Academia Española. Tras haber conseguido todos los premios importantes en lengua española (Cervantes, Príncipe de Asturias, etcétera), la Academia Sueca le concedió el premio Nobel de literatura en el año 2010.

A los dieciséis años, Mario Vargas Llosa publicó ‘La huida del Inca’, una obra de teatro en tres actos. En 1963 vio la luz su primera novela, ‘La ciudad y los perros’, que transcurre en la violenta y corrupta escuela militar que conoció. En ‘La casa verde’ (1966) combina elementos populares y heroicos de la jungla, y en los relatos ‘Los cachorros’ (1967) retrata a un adolescente castrado accidentalmente. En 1969 llega su primera gran obra, ‘Conversación en la catedral’, en la que repasa el Perú de los dictadores anticomunistas y anti apristas Odria, Prado y Belaúnde, así como las revueltas estudiantiles – pequeñitas -, las aventuras de un secretario y ministro del Interior, la vida y milagros de los limeños de clase alta y de sus criados con un trasfondo – pequeñito – del pueblo llano: El joven Varguitas, con mucho intento de hacer literatura, escribe su primera tesis doctoral aspirando al Nobel. A ‘Pantaleón y las visitadoras’ (1973), una sátira del ejército peruano y del fanatismo religioso, siguieron ‘La tía Julia y el escribidor’ (1977), escrita en contrapunto y con alusiones a «esas esencias argentinas… la cojonudez y la mariconería», y la enorme ‘La guerra del fin del mundo’ (1982), una novela sobre los conflictos políticos de Brasil en el siglo XIX, de la que dicen ser una nueva versión de un autor brasileño. (Pero, aún así, valió la pena). La ‘Historia de Mayta’ (1984) trata sobre la vida de un trotskista que soñó una revolución frustrada. La novela ‘Lituma en los Andes’, premio Planeta 1993, está compuesta de varias historias mezcladas: narcotraficantes y militares, el amor de un guardia y una prostituta, los terribles maoístas nazis de Sendero Luminoso, los mitos supersticiosos de los ‘serruchos’ andinos con sacrificios humanos incluidos… Una novela compleja, bien estructurada, un pelín demagógica y patriotera a veces, con una enorme cantidad de palabras, nombres peruanos y frases que en puro castellano significarían otras cosas o no existirían.

En 1993, año de tantas cosas en su vida, Mario Vargas Llosa publica ‘El pez en el agua’, un libro de memorias en el que exhibe su ideología política. «Desde mi desencanto con el marxismo… sospeché que la fascinación de los intelectuales con el estatismo derivaba tanto de su vocación rentista como de su incultura económica». «Las economías igualitarias basadas en la solidaridad nunca han sacado a un país de la pobreza; siempre lo han empobrecido aún más». «Pacificar el país (Perú) era una prioridad. El terror (Sendero Luminoso y MPL) había que combatirlo a cara descubierta, movilizando a campesinos, obreros y estudiantes y poniendo a las autoridades al frente». «Privatizaciones, apertura a la financiación extranjera, empleo a tiempo parcial, etcétera». Y su técnica literaria: «Lo que hice después como novelista: usar una experiencia personal como punto de partida para la fantasía; emplear una forma que finge el realismo mediante precisiones geográficas y urbanas; una objetividad lograda a través de diálogos y descripciones hechas desde un punto de vista impersonal y, por último, una actitud crítica de cierta problemática».

No se le acaba la cuerda a don Mario; tras exhibir su fina vena incestuosa en ‘Los cuadernos de don Rigoberto’ (1997), se mete con el marine, el hombre que no suda, el Gran Benefactor (de Santo Domingo, que él mandó llamar Ciudad Trujillo), el amo de todo, el chivo follador, el poseedor de grandes fortunas, el jefe de los torturadores y asesinos: Rafael Leónidas Trujillo. También describe a los autores del atentado contra el tirano: sus vidas, sus miserias y su chapuza: ¡Programar un atentado de tal dimensión sin preparar la huida!

‘El paraíso en la otra esquina’ (2003) es una novela doble en la que imagina la vida de la peruana andaluza Flora Tristán, antepasada de don Mario, creadora de la Unión Obrera (su lema: por las mujeres – esclavas – y por los obreros marginados – eslavos -) y de su nieto, el pintor impresionista en busca del edén en Tahití Paul ‘Koke’ Gauguin, autor de cuadros tan conocidos como ‘El pequeño soñador: un estudio’ o ‘¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?’, del que se dijo que «era un artista reputado, pero enemigo de Dios y de todo lo que es decente en esta tierra». Flora era seguidora de Charles Fourier, muerto en 1837, y de Victor Considèrant, que presidía el movimiento fourierisra desde la muerte del maestro. Pero «su pecado original era el mismo que el de los sansimonianos: no creer en una revolución hecha por las víctimas del sistema… sostenían que la reforma de las sociedades se haría gracias a la buena voluntad y el dinero de los burgueses iluminados por sus teorías». Ellos crearon «el falansterio, con sus cuatrocientas familias, de cuatro miembros cada una… constituiría una sociedad perfecta, donde se pagaría más a los trabajadores más aburridos y sacrificados y menos a los más divertidos y creativos».

En «El sueño del celta’ (2010), don Mario Vargas trata de la vida del irlandés Sir Roger D. Casement (1864 – 1916), cónsul británico que reveló la atroz crueldad con que eran tratados los recolectores de caucho en Congo y Putumayo (Perú), lo que le valió el título en 1912 cuando volvió a Irlanda enfermo. Aunque era de una familia protestante del Ulster, siempre había simpatizado con los católicos irlandeses. Adhiriéndose a ellos, viajó en 1914 a Nueva York a pedir ayuda para las fuerzas antibritánicas y a Alemania esperando apoyo para el movimiento independentista. Cuando fracasó en su intento de formar una brigada de prisioneros de guerra irlandeses para luchar contra Inglaterra, fue hecho prisionero y ahorcado en Londres.

(Hay más productos posteriores de la imaginación y del saber de don Mario, el prolífico escribidor, pero aquí cortamos el relato).