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Recuerdo las controversias sobre la democracia

Suponemos que una democracia debe tener en cuenta (e incluso adaptar su constitución, si la tiene) a la ‘Declaración Universal de los Derechos Humanos’, aprobada por unanimidad en la Asamblea General de la ONU en 1948. Aunque esta declaración no es un tratado de obligaciones legales, ha adquirido un estatus jurídico importante y ha sido empleada por algunas naciones como un baremo del sistema democrático. Se puede decir que no hay democracia sin los derechos humanos que se exponen a continuación.

Derecho a: La igualdad ante la ley; la protección contra los arrestos arbitrarios; un juicio justo; la propiedad privada; trabajo y a escogerlo libremente; igual salario por igual trabajo; sindicarse; ocio y descanso; un estándar de vida adecuado; la educación. Libertades de : conciencia, pensamiento y religión; opinión y expresión; asociación y asambleas pacíficas.

En los países avanzados, ¿qué sistema democrático cumple todos estos requisitos? Y no hablemos de las demás naciones.

Las democracias suponen el imperio de las mayorías; pero, ¿qué oportunidades tienen las minorías? Los gobiernos democráticos, representativos, por su propia esencia, luchan contra el poder de las minorías, pero existe la posibilidad de entendimientos y coaliciones entre las distintas minorías para conseguir reivindicaciones y cuotas de poder, e incluso una democracia de nuevo cuño con el poder compartido.

Las democracias actuales no gustan de las decisiones políticas directas, pero hoy en día, con las rapidísimas y universales comunicaciones existentes, es posible realizar referendos inmediatos. Podría de este modo aparecer un nuevo tipo de democracia directa o semidirecta, con un debate posterior a la consulta.

Todos los gobiernos democráticos se lanzan al aumento del Producto Interior Bruto, minimizando los riesgos ecológicos y sociales que conlleva. Parece necesario, en las peligrosas circunstancias actuales, dar prioridad a los problemas del medio ambiente.

Con las eficaces comunicaciones existentes, es impensable que continúe esa enorme complejidad burocrática, tanto estatal como privada ¡Cuántas empresas emplean más tiempo en el papeleo oficial, interno y externo, que en , por ejemplo, investigación! ¡Cuántos cambios son posibles y necesarios! Menos petróleo (que no quemen, que lo procesen los químicos) y más energías renovables. Frente al centralismo y a los nacionalismos, transnacionalidades ¿Y qué hacer con los problemas económicos? ¿Qué hacer con la Banca y los banqueros, con las empresas y los empresarios del beneficio como meta primordial? ¿Qué hacer con los multimillonarios, buscadores del beneficio sin fin, que entran en política para transformar las democracias en dictaduras? ¿Qué hacer con el sistema capitalista, tantas veces en contra de la soberanía del pueblo?

Recuerdo los orígenes del anarquismo

El anarquismo es una doctrina social que propugna la abolición del gobierno en todas sus formas y su sustitución por la soberanía individual; es un modo de vida que antepone el hombre natural al hombre político, proclamando que entre los hombres no puede haber más desigualdades que las puramente naturales y, en consecuencia, deben eliminarse las aristocracias, las castas y el dinero. Además, exige la sustitución de la religión y los dioses por el hombre y de los sacerdotes por la ciencia.

En los orígenes del movimiento anarquista puede situarse a Diderot, el filósofo materialista y ateo padre de la Enciclopedia y precursor de la Revolución Francesa. Los tres lemas: libertad, igualdad y fraternidad, que aún campean en el escudo de Francia, son suscritos por el pensamiento anarquista.

El problema principal con el que se enfrentaron los primeros teóricos del anarquismo fue cómo anular al Estado, ese aparato que «surgió de las ruinas de las ciudades libres de la Edad Media y que es ahora una sociedad de seguros entre explotadores de la pobreza de las masas». Bakunin, para el quien el problema no era la diferencia de clases sino la sociedad y por lo tanto adversario de Marx, propugnó el colectivismo local en contra del Estado, con asociaciones autónomas federadas libremente y con libertad de secesión. Este sistema, en el que «cada individuo conserva su derecho a lo que pueda ganar con su trabajo y a reunirse con otros grupos», es aplicable a la agricultura pero no a la producción industrial, por lo que Kropotkin dio forma al anarco-comunismo, posteriormente denominado comunismo libertario. El anarco-sindicalismo trató de solventar las diferencias de actuación.

A fin de lograr sus objetivos, anarquistas como Malatesta impulsaron la acción directa, mediante huelgas generales y ocupación de tierras, como en Jerez, mientras otros escribían y difundían manuales que explicaban la fabricación y uso de explosivos, fulminantes y venenos. No obstante, con el tiempo y la experiencia, los anarquistas comenzaron a reconocer la ineficacia de las acciones terroristas.

En España, Pi y Margall, traductor de Proudhon y reformista, protagonizó un movimiento federal que, según el hispanista Gerald Brenan, «solo pretendía cubrir el primer objetivo del largo camino anarquista». El federalismo, «expresión de la devoción española a la patria chica», condujo a la creación de «once cantones autónomos divididos en municipalidades libres unidos por medio de pactos voluntarios» en los que existiría «la abolición del servicio militar obligatorio, la separación de la Iglesia y el Estado, la educación gratuita y obligatoria, la jornada de ocho horas, el control del trabajo de mujeres y niños y la expropiación de tierras abandonadas y su explotación por comunidades de campesinos. El experimento de Pi duró dos meses y degeneró en el caos».

Existen muchos ejemplos históricos de los fracasos anarquistas para sustituir el Estado y conseguir la soberanía individual. En su contra está, incluso, la propia conducta de los anarquistas que generan una nueva tiranía interna. El mismo Jean Paul Sartre no ve las cosas absolutamente claras: «La legislación directa como paso para llegar a la anarquía es una vez más un gobierno y la soberanía individual no tiene todavía una fórmula real». ¿Es que el anarquismo no puede ser más que una utopía? ¿Una postura individual, como a del banquero de Pessoa? A pesar de los pesares, en la actividad intelectual está cada vez más extendida una auténtica postura anarquista.

Recuerdo aquel terrible año 1.968

En aquel terrible año 1.968, en la guerra de secesión de Biafra contra Nigeria, armados por Francia los unos y por la URSS y el Reino Unido los otros, murieron, más por el hambre y por las epidemias que por los combates, un número incontable, pero estimado en millones, de ibos biafreños. Biafra dejó de existir ¿No es esto un auténtico genocidio?

En agosto del mismo año, las tropas de la URSS y del pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia para poner fin a las reformas ‘liberales’ propugnadas por el secretario general del partido comunista checo, Dubcek, y pactadas días antes con otros líderes comunistas europeos. Los tanques en las calles pusieron fin a la llamada, por las potencias occidentales que no intervinieron, ‘primavera de Praga’.

Después de los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy, con sus increíbles sentencias, tuvieron lugar los tan celebrados juegos olímpicos de México, en los que destacaron el prodigioso salto de Bob Beamon (8,90 m), y la innovación por parte de Fosbury del salto de altura con caída de espaldas (2,24 m), y la exhibición del poder negro: puño enguantado en alto en el podio de Tommie Smith y John Carlos. A estos acontecimientos siguió otro: El 2 de octubre las tropas del ejército mexicano desde las cuatro esquinas de la plaza de las Tres Culturas de México D.F., ametrallaron a sangre fría a una multitud de estudiantes en manifestación. Los quinientos muertos no tuvieron cortejo fúnebre. Gustavo Díaz Ordaz era presidente de México. Maldito sea.

En mayo de 1.968 arde París. Los estudiantes universitarios inician una rebelión en pro de la libertad individual y en contra de «una sociedad capitalista y moralista podrida hasta la raíz», según proclamó uno de los principales líderes estudiantiles, el judío franco – alemán Daniel Cohn – Bendit. En un principio, y a pesar de los eslóganes anarquistas manejados por los estudiantes (‘Prohibido prohibir’ o ‘Sed realistas, pedid lo imposible’), los obreros se unen a la revuelta. Aunque, para Sartre, el pueblo permaneció ajeno a la izquierda y a la derecha, la revolución nació con los pies de barro: los comunistas pusieron fin a la aventura anarquista.

Recuerdo a Picasso con sus propias palabras

El 8 de abril de 1973, a los 91 años de edad muere el genial minotauro, el que palpitante de deseo acecha a la mujer dormida. El monstruo de los ojos inquisitivos, penetrantes. El hijo malagueño de José y María al que nombraron Pablo y no Jesús.

Decía: «Mis primeros dibujos no tenían la torpeza y la ingenuidad propia de un niño. Hacía dibujos académicos, su exactitud me horroriza. Fue por la influencia de mi padre, (profesor de dibujo)».

Continuaba: «¿Por qué el artista se obstinaría en representar lo que, con ayuda del objetivo (fotográfico) se puede fijar tan bien? ¿No deberían los pintores aprovecharse de la reconquista de su libertad para dedicarse a otra cosa? Busco una semejanza con la naturaleza más profunda, más real que lo real, llegando a lo surreal. Un pintor no debe confundir la naturaleza con la pintura».

Estuvo ochenta años dedicado al arte que «lo mantenía vivo» (según él mismo creía, incluso supersticiosamente). Y ese arte abarcaba tanto la pintura como el dibujo, tanto la escultura como la cerámica o el trabajo con el papel y hasta la poesía. Probaba todos los materiales. Veía figuras e imágenes en piedras, conchas, maderas…, pero no en el mármol. De él se decía que poseía tal memoria visual y que retenía con tal exactitud los detalles de las formas que no necesitaba tomar apuntes del natural. Solía imitar cuadros que le gustaban, haciendo una especie de crítica pictórica a fin de extraer la quintaesencia de la obra. Unos opinan que toda su pintura está como impregnada de su escultura. En sus cuadros cubistas, las figuras semejan esculturas que giran mostrando simultáneamente sus diferentes aspectos. Otros le injurian, tachándole de incapaz que no sabe pintar ni dibujar; pero sobre todo aquellos que son conscientes de que se partirían la cabeza si quisieran demostrar tanta audacia y libertad como Picasso.

Recuerdo al currante exhaustivo que contribuyó al desarrollo total del arte moderno del siglo XX.

Recuerdo la enseñanza de las ciencias a los escolares españoles de los años cuarenta del siglo pasado

La enseñanza de las ciencias comenzaba con una definición dogmática: «La naturaleza es el conjunto de seres creados por Dios».

La Biología se presentaba de forma descriptiva. Por ejemplo, los animales vertebrados consistían en reptiles, anfibios, peces, aves y mamíferos, cada uno de ellos con sus respectivas familias e individuos. Así, los mamíferos comprendían a los bimanos, cuadrumanos, solípedos, paquidermos, rumiantes, roedores, cetáceos y quirópteros, y de cada uno de ellos se exponían algunos individuos. Se estudiaba el reino animal, pero no se empleaba la palabra zoología; se estudiaba el reino vegetal, pero no se empleaba la palabra botánica; ni tampoco otras palabras clasificatorias como fisiología, citología, anatomía, ecología, genética… Por supuesto, no se daba una secuencia entre los seres vivos ¡La teoría evolutiva de Darwin no existía!

El hombre era definido como un animal racional compuesto de dos partes: un cuerpo mortal y un alma inmortal. En Física, se definía «el Universo como el conjunto de astros creado por Dios». Además, se hacía una afirmación ya entonces totalmente obsoleta: «El éter es un fluido invisible e impalpable. Sus vibraciones hacen que ocurran fenómenos como la luz y el calor». En Química, se aseguraba que «las sustancias se distinguen mezclándolas con indicadores como el tornasol y la fenolftaleína».

En Aritmética, las cuatro reglas (suma, resta, multiplicación y división) se aplicaban a los cambios de unidades en el sistema métrico (longitud, superficie y volumen) y a los cálculos con la ‘regla de tres’ de los porcentajes, de los repartos proporcionales directos e inversos, del interés simple y de ¡la regla de compañía! que «tiene por objeto repartir proporcionalmente las pérdidas o ganancias de un negocio entre los socios que en él han participado».

La Geometría era un juego interesante: el cálculo de áreas de polígonos regulares (perímetro por apotema dividido por dos) e irregulares (por descomposición en figuras sencillas; el dibujo geométrico con regla, compás, escuadra y cartabón; la construcción de poliedros…

La Geografía Natural «estudia los hechos geográficos debidos a la mano de Dios». No obstante, no podía ignorarse que la Tierra se fragmentó en continentes «debido a su movimiento de rotación». (Todavía no se había admitido la tectónica de placas de Wegener, esto es, los movimientos de convección debidos al calor interno, de origen radiactivo, de la Tierra). Estos continentes se denominaban Eurasia, Américas Norte y Sur, África, Antártida y Australia, y estaban rodeados por los océanos Pacífico, Atlántico, Índico, Ártico y Antártico. Los continentes no se correspondían con las «partes del mundo» (Europa, Asia, África, América y Oceanía), porque estas eran estudiadas en la Geografía Humana. Los niños aprendían que el mundo estaba habitado por razas humanas diferentes, constituidas por «grupos de hombres con análogos caracteres físicos y espirituales», pero que se distinguen por el color de la piel, que «parece debido a la acción perseverante del clima» y ha resultado en cinco gamas: blanco, negro, amarillo, cobrizo y aceitunado. Los caracteres espirituales, asignados a las creencias religiosas, no se correspondían con los colores. Se citaban como religiones, además del cristianismo, el mahometismo, el brahmanismo y el budismo, (pero no el judaísmo, religión del pueblo que asesinó a Dios).

Recuerdo la Historia que nos enseñaban a los niños españoles hacia 1.940

No había más Historia que la de España, la amada Patria que dio a Roma sabios y emperadores, que defendió a Europa de los árabes, que civilizó a América, que salvó a Europa de Napoleón. Una patria habitada en la Edad Antigua por pueblos primitivos e invadida después por fenicios, griegos y cartagineses. Una patria hispana dominada por los romanos y dividida por ellos en regiones: Bética, Lusitania, Cartaginense, Tarraconense y Galaica. Una patria que, en la Edad Media, invadieron bárbaros pueblos germánicos (suevos, vándalos, visigodos y alanos) seguidores de Arrio, el hereje que negó la unidad, la consustancialidad y la igualdad de las tres personas de la Santísima Trinidad; pero en una patria que había sido visitada por el apóstol Santiago en una barca de piedra (¡y hasta posiblemente por san Pablo!), que había visto nacer al católico san Hermenegildo, martirizado por su propio padre, el rey arriano Leovigildo. No cabía más que el catolicismo que proclamó Recaredo.

Llegaron los árabes, esos seguidores de un alucinado Mahoma; pero como solo sobresalieron en arquitectura, Alfonso VI les conquistó Toledo, Alfonso VIII los derrotó en Las Navas de Tolosa y Fernando III el Santo mandó construir las catedrales de Toledo y Burgos para que se enterasen los árabes contra quién peleaban.

La Edad Moderna comenzaría con Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, quienes no solo eran de medina estatura, guapos de cara y sagaces de inteligencia, sino que, además, fueron capaces de expulsar a los últimos árabes y de hacerles llorar. También demostraron su sagacidad contratando al único marino enterado y convencido de que la Tierra era redonda, como parecían serlo la Luna y el Sol, un tal Colón, que ni era italiano ni se apellidaba Colombo, y que descubrió un continente al que llamó Nuevo Mundo. Hoy en día, los habitantes de la mayor parte de las Américas, agradecidos por haberles llevado la civilización, la lengua y la religión, llaman a España la Madre Patria. No obstante, algunos países extranjeros, enemigos implacables apoyados por malos españoles, difundieron una Leyenda Negra en la que exageraron tanto las masacres de indígenas perpetradas por las tropas españolas como las penas impuestas por la Santa Inquisición a los judíos y moriscos que, aun bautizados, seguían practicando secretamente su religión.

Juana la Loca de amor por el hermoso Felipe acogió en Tordesillas al ejército de las comunidades de Castilla sublevado contra su hijo el emperador Carlos V de Alemania, I de España y archiduque de Austria. El toledano Padilla, el segoviano Bravo y el salmantino Maldonado, representantes de las ciudades que se rebelaron contra los impuestos e imposiciones de los dirigentes alemanes venidos con el emperador, fueron derrotados y decapitados en Villalar. El imperio español heredado por Carlos de su abuelo Maximiliano I era nada menos que el Sacro Imperio Romano Germánico que se extendió desde España a Alemania a través de los Países Bajos hasta Milán, Nápoles, Cerdeña, Sicilia, norte de África, Canarias, América y Oceanía. ‘En España no se ponía el sol’. El emperador abdicó en su hijo Felipe II, quien sustituyó el lujo cortesano por una política de austeridad, pero siguió peleando contra los protestantes, contra Francia y contra los turcos, enviando a Inglaterra una escuadra ‘invencible’ de ciento treinta y un barcos de los que se salvaron sesenta y seis. Los sucesores, Felipe III y Felipe IV, cedieron el poder al duque de Lerma y al conde duque de Olivares, respectivamente, en un precedente de lo que serían las monarquías parlamentarias.

La muerte de Carlos II el Hechizado, que vivió treinta y nueve años y reinó treinta y cinco, desde 1.665 a 1.700, supuso el fin de los Austrias y el comienzo del reinado de los Borbones con Felipe V, nieto del francés Luis XIV, el rey Sol. Le sucedieron Fernando VI, Carlos III y Carlos IV que entregó el poder a Manuel de Godoy y vio como España pasaba a ser un satélite de Francia bajo el mando del emperador Napoleón Bonaparte, quien depuso tanto a Carlos IV como a su hijo Fernando VII y situó a su hermano José en el trono español. Seis años de guerras de guerrillas (Juan Martín, el cura Merino…), de defensa de ciudades (Gerona, Zaragoza,…) y de batallas entre ejércitos (Bailén, Arapiles…) costaron a los españoles vencer y expulsar a los franceses y restituir en el trono al absolutista Fernando VII. Quedaba inaugurada la Edad Contemporánea.

Cuando el rey nombró a su hija Isabel heredera del trono, derogando la controvertida ley sálica, los partidarios del hermano del rey, Carlos María Isidro de Borbón, clericales defensores de las tradiciones y de las libertades regionales y contrarios al constitucionalismo liberal, enzarzaron una guerra que tuvo tres partes y , con intervalos, duró caso medio siglo. Mientras tanto, con San Martín, se independizaba Argentina y poco después, con Bolívar y Sucre, el resto de los países americanos excepto Perú. El general Prim, vencedor de la guerra de África y el general Serrano derrocaron y exiliaron a Isabel II e importaron, de la casa de Saboya, un rey llamado Amadeo I. Si el italiano aguantó poco más de dos años, menos resistió la Primera República, la cual conoció cuatro presidentes en un año hasta ser disuelta por el general Pavía. Martínez Campos trajo al rey Alfonso XII, hijo de Isabel II, quien acabó con la última guerra carlista y pacificó Cuba, por lo que fue llamado el Pacificador. El niño prodigio murió a los veintiocho años de edad y su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo – Lorena, se encargó de la regencia hasta la mayoría de su hijo. Con ella llegó la fecha terrible de 1.898, en la que se acabó el imperio español con la pérdida de las últimas colonias: Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico ¿Quién tuvo la culpa? ¿Los alternativos gobiernos liberales de Práxedes Mateo Sagasta y conservadores de Antonio Cánovas del Castillo, o los buques de fierro de Estados Unidos?

Alfonso XIII alcanzó el poder a los dieciséis años de edad, fue objetivo de varios atentados y salvado de la humillación por un golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera, quién, al dejar el poder, precipitó la caída de la monarquía y la llegada de la Segunda República, que se proclamó el 14 de abril de 1.931. «Los cinco años que duró se caracterizaron por continuos ataques a la religión y por abusos y atropellos de todas clases. Franco, ante la necesidad de restablecer el orden en España y la de impedir que nuestra Patria cayese en manos del comunismo, inició el glorioso Alzamiento Nacional, para conseguir la unidad de los españoles congregándoles en torno a la noble tarea del engrandecimiento de España y para revivir las grandes virtudes e ideales de los hombres de la época imperial».

Recuerdo a Menéndez Pelayo en su historia española temprana

Marcelino Menéndez Pelayo (1.856 – 1.912) sostiene que los éuscaros o vascones, llamados turanios, llegaron a la península procedentes de Turan, de las actuales Kazajstán, Uzbekistán y Turkmenistán con su panteísmo y adoración a los astros. Según él, los iberos, procedentes de Francia e Italia, pudieron ser monoteístas o dualistas. Los celtas, que llegaron después, adoraban fuentes, ríos, encinas y bosques, y rendían culto al fuego y a los muertos. Los fenicios trajeron el culto panteísta a Baal y Astarté, dios y diosa de la guerra y de las cosechas respectivamente. Los griegos y romanos impusieron el politeísmo.

D. Marcelino admite que la predicación de Santiago en España está en tela de juicio, pero que san Pablo estuvo con seguridad y que san Pedro envió una ‘tropa de siete varones apostólicos’ que fundaron iglesias en Andalucía, mientras otros lo hacían en el norte. Desde entonces hubo innumerables mártires hasta que el imperio de Constantino protegió a la Iglesia, tiempo en que comenzaron las controversias y herejías.

El conflicto más importante del dogma cristiano fue el que enfrentó a dos egipcios de Alejandría, Arrio y Atanasio, que tuvo como culmen el concilio de Nicea (actual Iznik, Turquía) convocado en el año 325 por el emperador Constantino I, el cual, aunque todavía no había sido bautizado, presidió la sesión inaugural. Constantino nombró presidente del concilio a Osio, el obispo cordobés que era su asesor y del que dicen que fue el responsable de la conversión del emperador al cristianismo. El debate de fondo fue la Trinidad: aunque ni la palabra ni la doctrina aparecen en el Nuevo Testamento, ni Jesús ni sus seguidores intentaron contradecir la existencia de un solo Dios establecida en el Antiguo Testamento, los primeros cristianos, basándose en las palabras oídas en el bautismo de Jesucristo y en la transfiguración (éste es mi hijo…), así como en la proclamación que se lee en los evangelios (yo y el Padre somos una misma cosa), establecieron las bases de la doctrina. Arrio defendía que Jesucristo no era divino, sino creado, era semejante al Padre pero no de la misma sustancia, sea cual sea el significado de la palabra. Obviamente Atanasio no podía estar de acuerdo con semejante dislate, y su portavoz, el obispo Osio, «el varón más insigne desde Séneca hasta san Isidoro» según don Marcelino, redactó la fórmula esencial del credo en la que se definía la consustancialidad de Jesús y Dios Padre de manera muy clara: «Creemos en un Dios, Padre omnipotente, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles, y en Jesu-Cristo, hijo de Dios, unigénito del Padre, esto es, de la sustancia del Padre…» El credo actual fue completado en Constantinopla en el año 381 para impugnar nuevas herejías sobre la Encarnación y el Espíritu Santo: «fue encarnado por el Espíritu Santo en María Virgen,… el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, que procede del Padre y del Hijo…» Esta versión del credo es la única ecuménica, porque es aceptada por la Iglesia Católica, la Anglicana y la mayoría de las protestantes; la Iglesia Ortodoxa no autoriza que el Espíritu Santo proceda también del Hijo.

Llegaron a la península los visigodos ¡cómo no! arrianos, y Leovigildo, reinando en Toledo, sometió a los vascones y derrotó a los suevos de Galicia que se habían convertido al catolicismo tras la milagrosa curación del hijo del rey, unificando así toda la península y sometiéndola al arrianismo. Hermenegildo, su hijo mayor, nombrado regente de Sevilla por su padre y católico converso por la influencia de su mujer, la francesa Ingundis, se levantó en armas y fue derrotado, desterrado, vuelto a vencer y, al fin, ejecutado. Roma le consagró como santo mártir por su defensa a ultranza de la Iglesia. A la muerte de Leovigildo accedió al trono su segundo hijo Recaredo, regente de Narbona, hombre de ‘dulzura de costumbres y templanza de carácter’, católico converso tras la ejecución de su hermano. El nuevo rey convocó y presidió en el año 589 el tercer concilio toledano en el que se dictaron hasta diez anatemas relativas a la Trinidad, cuyo objetivo se puede resumir en la condena de la invocación de los arrianos ‘Gloria Patri, per Filium, in Spiritu Sancto’ y su sustitución por el ‘Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto’. Recaredo, el dulce rey, exilia, ejecuta, quema todos los libros, corta manos y confisca los bienes arrianos para su Iglesia. A Recaredo le heredó Liuva, que fue asesinado por Viterico, a quien mataron y sustituyeron por Gundemaro, y a este por Sisebuto, que hizo escoger a los judíos entre convertirse y ser bautizados o ser torturados y expulsados sin sus bienes. Como el organismo de Sisebuto no resistió el veneno que le suministraron, Suintila hubo de tomar el poder, dominar toda la península y reinar tan cruelmente que le abandonó hasta su ejército. Sigueron sucesivamente Sisenando, Chintila, Tulga, Chisdasvinto, Recesvinto, que aunó el reino en uno de los múltiples concilios toledanos, Wamba, vencedor de vascones y cántabros rebeldes y de sarracenos que comenzaban sus correrías, separado del poder por tomar los hábitos en estado letárgico al beber ¡vino con esparto!, Ervigio, el de la fórmula, Egica, que decretó la esclavitud para los judíos y el adoctrinamiento de sus hijos a partir de los siete años, y al fin, Witiza. Todo esto sucedió en los cien años transcurridos desde la muerte de Recaredo (601) hasta la entronización de Witiza (702).

El lujurioso polígamo Witiza nombra a su hermano Opas arzobispo de Toledo y a la amenaza del Papa de quitarle el reino responde con un cisma: la separación de la comunión romana. Rodrigo toma el poder una vez muerto o desterrado Witiza y el reino godo se divide aún más en dos facciones enfrentadas. Los judíos oprimidos buscan la ayuda de sus correligionarios en África y éstos informan a los árabes de Muza, que habían conquistado Mauritania, de la situación tan propicia para intentar la invasión de la península. Tarik entra con sus tropas y establece una cabeza de puente en Calpe (Gebal Tarik, Gibraltar) desde donde recibe refuerzos suficientes para derrotar al ejército de Rodrigo, del que han desertado los partidarios de Opas y de los hijos de Witiza, en el río Guadalete, cerca de la actual Jerez de la Frontera. Los árabes encontraron escasa resistencia y no necesitaron extremar los rigores contra una población en ocasiones aliada. A los muzárabes (mozárabes) se les respetaba su culto cristiano y su propia organización política formada por el gobernador, los jueces y los recaudadores. Con el tiempo se mezclaron las razas y nacieron muladíes (mestizos), pero se exacerbaron los extremismos: los árabes prohibieron el uso del latín y algunos muzárabes violentos acabaron siendo considerados mártires.

(Don Marcelino continúa estudiando herejías sin dejar ninguna en su ‘Historia de los Heterodoxos Españoles’).

Recuerdo al doctor Marañón en la política española

Gregorio Marañón Posadillo (1.887 – 1.960) nació en un parto doble en el que murió su gemelo y quedó huérfano de madre a los tres años de edad. Su infancia transcurrió bajo la influencia de un padre viudo y de sus dos importantes amigos: Marcelino Menéndez Pelayo y Benito Pérez Galdós, ambos solteros reticentes. Marañón considera a D. Marcelino su maestro y cree que «no era la ‘santa intransigencia’, aun cuando disienta, cada día más, de su ‘Historia de los Heterodoxos Españoles’ por su actitud intolerante… él, en sus últimos tiempos, no estaba muy lejos de pensar lo mismo que yo». Del alto, tosco, desaliñado y humilde Galdós, el gran juglar del siglo XIX español, que hablaba con el niño como se habla con mayores, no con esa frecuente gangosidad estúpida, recibe, además de las lecturas y el conocimiento de la ciudad de Toledo, el carácter liberal, es decir, «el estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo». También expresa su admiración por el fraile benedictino Feijóo, «prototipo de los maestros porque encendía la curiosidad de los que no saben y emprendió la gran empresa de la racionalización de la mentalidad ibérica», y por D. Miguel de Unamuno «el profeta de la España nueva, que nació en una guerra civil y otra guerra civil le mató», cuya «inquietud permanente, su agresividad, su impertinencia, eran un ansia de verdadera paz».

Los estudios de primera y segunda enseñanza que cursó le parecieron, años más tarde, «dotados de una loable sencillez, que luego se ha complicado monstruosamente, más que por el progreso de la ciencia, por la pedantería». El joven Gregorio se impregna de romanticismo con las lecturas de Goethe, Wilde, Byron… y escribe poemas a algún amor secreto: «¡Oh, no vendrá… mi corazón cobarde/ tiembla como las hojas agostadas… / Cuando bajan las sombras de la tarde, qué tristes son las sendas olvidadas!»

Marañón comienza los estudios de Medicina a los dieciséis años en San Carlos, porque «decide nuestro porvenir el consejo de cualquiera o la imitación de un amigo». Como Cajal y Pasteur no fue un buen estudiante. Con su maestro Olóriz y los patólogos Sañudo y Madinaveitia se especializa en endocrinología, una ciencia que «tenía muchos puntos de contacto con la neurología y la psiquiatría», ya que, dice, «me considero un neurólogo y un psiquiatra frustrado». A los veinticuatro años lee su tesis doctoral titulada ‘La Sangre en los Estados Tiroideos’, calificada con sobresaliente, y cinco años después publica, en colaboración con Teófilo Hernando, un ‘Manual de Medicina Interna’. Mientras trabaja en el hospital, abre consulta privada y se convierte en el médico de moda entre la alta burguesía y la aristocracia. A lo largo de su vida profesional escribió unas doscientas monografías sobre enfermedades del tiroides, del páncreas, de las glándulas suprarrenales, de la hipófisis y de los órganos sexuales y consiguió que se creara en 1.931, para él, la cátedra de endocrinología. No obstante a su elevado número de publicaciones, Marañón no hizo aportaciones a la ciencia médica que le significasen reconocimiento internacional, no fue un investigador de laboratorio al estilo de sus admirados Pasteur o Pavlov, a quienes asignaba esa actitud tenaz de búsqueda de la verdad dentro de ese proceso de observación, cotejo, duda, rebeldía y creación que conduce al descubrimiento; pero sí creía, como su maestro Cajal, que «al carro de nuestra cultura le falta la rueda de la ciencia».

Marañón tuvo un mayor y más duradero reconocimiento público por sus publicaciones psicológicas que por sus publicaciones endocrinológicas. Con su agilísima pluma y la habilidad mecanográfica de su trabajadora esposa fue capaz de escribir libros sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo (ensayo biológico), Amiel (un estudio sobre la timidez), el conde duque de Olivares (la pasión de mandar), Tiberio (historia de un resentimiento), Antonio Pérez (el hombre, el drama, la época), don Juan (ensayo sobre bel origen de su leyenda) y Luis Vives (semper vivas), obras que aún siguen entre nosotros.

Don Gregorio vivió una intensa actividad social y política. En el cigarral toledano de Menores, que compró, rehabilitó y llamó ‘Los Dolores’, celebraba, entre almuerzos de cocina manchega, reuniones y lecturas con la asistencia de personalidades nacionales de las ciencias, las artes y la política (Fleming, Curie, Lorca, Steinbeck, Romanones, Valle, March…). Tras la anarquía y los sabotajes obreros a las industrias en Barcelona (polvo de esmeril en el aceite de engrase, ácido sulfúrico en lugar de aceite, virutas de acero en los motores eléctricos…), en medio de la cruenta guerra de Marruecos, Miguel Primo de Rivera da un golpe de Estado en 1.924 y se hace con el poder. Marañón, que lidera un grupo liberal opuesto a la dictadura, defiende a su amigo Unamuno desterrado (el que decía «me ahogo en este albañal y me duele España en el cogollo del corazón», el que quería Dios, Patria y Ley en una España única y diversa, federada y moderna), es acusado de complot, calificado de intelectual anarquizante, multado y encarcelado durante treinta días. Al salir de la cárcel, Primo y Marañón se reconcilian, pero éste le advierte que «mandando, solo mandando, no se enseña siquiera a obedecer».

Después de que el Rey echase a Primo, después de la rebelión de Jaca y las ejecuciones de Galán y García Hernández, después de la huelga y cierre de las Universidades, después del ‘Delenda est Monarchia’ de Ortega y Gasset, éste, Marañón y Pérez de Ayala firman un manifiesto en el que piden elecciones constituyentes para conseguir «una República que despierte en todos los españoles dinamismo y disciplina», una ilusión que se hace realidad el 14 de abril de 1.931. Marañón apuesta por un gobierno de concentración republicano moderadamente izquierdista, pero se muestra disconforme con el rumbo de los acontecimientos y dimite como diputado por Zamora, manifestando que «no he de cambiar mi izquierdismo, tan poco exaltado, pero tan firme; prefiero seguir siendo el liberal espectador y trabajador por la ciencia». En el otoño de 1.936 se va a París con su familia y la de Menéndez Pidal y allí se encuentra con Pérez de Ayala y Ortega y Gasset: los tres antiguos firmantes del manifiesto de la ‘Agrupación al servicio de la República’ tienen a sus hijos en el frente nacional saludando brazo en alto con el grito ¡Arriba España!

En octubre de 1.942, D. Gregorio vuelve a España definitivamente. El cardenal Gomá le felicita como converso por su actitud contraria al movimiento comunista y él manifiesta que «no está autorizado a mantener las ideas, los sentimientos, las actitudes del lejano ayer», dedicándose a trabajar en principio en consulta privada e incorporándose al servicio en 1.944, convencido de que el trabajo es la droga más eficaz para luchar contra la decadencia, ya que «la jubilación es la trampa en la que la muerte hace su gran cosecha». Un día, después de oír misa, apoyado en su hijo, caminando con dificultad, acude a visitar las tumbas de sus amigos enterrados en los cementerios madrileños civil y católico; por la noche se acuesta tranquilo y aparece serenamente muerto a la mañana siguiente. Una frase suya podría servir como epitafio: «Vivir, en el fondo, no es usar la vida, sino defenderse de la vida, que nos va matando, y de aquí su tristeza inevitable, que olvidamos mientras podemos».

(Los datos de este breve artículo han sido obtenidos, principalmente, de las obras del gran biógrafo Marino Gómez – Santos (1.930 – 2.020)).

Recuerdo a Wittgenstein de la mano de Bertrand Russell

En 1.951 muere, a los sesenta y dos años, Ludwig Wittgenstein, hijo menor del inmensamente rico ‘rey’ del acero austríaco. Cuando era estudiante de ingeniería aeronáutica en Manchester inventó y construyó un motor a reacción. Para su diseño tuvo que estudiar matemáticas y cuando leyó ‘Los Principios de las Matemáticas’ de Bertrand Russell se fue al Trinity College a estudiar Lógica con el maestro. Esto decía Russell de su alumno: «Aprendió pronto todo lo que tenía que enseñarle, ya que poseía penetración y pureza intelectual en un grado extraordinario. Tal vez haya sido el ejemplo más perfecto del genio, tal y como se lo imagina uno tradicionalmente: apasionado, profundo, intenso y dominante. Su vida era tumultuosa, turbulenta, y su fuerza personal extraordinaria. Solía visitarme cada día a medianoche y quedarse caminando de un extremo al otro de la habitación durante tres horas de agitado silencio. Yo no me atrevía a sugerirle que ya era hora de acostarse, pues a ambos nos parecía probable que se suicidase al salir de casa».

Además de mostrar características geniales, además de ser un virtuoso del clarinete, Wittgenstein era homosexual. Tuvo un compañero inglés llamado Pinsent cuando en Inglaterra la homosexualidad estaba penada: la práctica homosexual en privado, en consenso y entre mayores de veintiún años, si no eran miembros de las fuerzas armadas, no fue legalizada hasta 1.967. Su compañero murió en combate de aviación mientras él peleaba en el bando contrario como oficial de artillería condecorado. Después de la Primera Guerra Mundial cedió a sus hermanos la enorme herencia que la correspondió a la muerte de su padre y, totalmente pobre, ejerció como jardinero en un convento, fracasó como maestro de escuela y rediseñó como arquitecto el palacio de su hermana.

Dice Russell, en su ‘History of Western Philosophy’, que tras los filósofos influenciados por las ciencias empíricas, como Demócrito, Aristóteles y Locke, y tras los filósofos inspirados por las matemáticas, como Platón, Spinoza y Kant, se ha llegado a un empirismo combinado con las partes deductivas del conocimiento. Hoy en día, tanto la teoría de la relatividad como la mecánica cuántica han hecho a la física menos material, más dependiente de un conocimiento matemático que no supone un conocimiento a priori sobre el mundo. También dice Russell, con Frege, que las matemáticas puras son una prolongación de la lógica deductiva, y que gran parte de la filosofía puede reducirse a una sintaxis, en un sentido amplio. Así, en una descripción, si se propone «el cuadrado circular no existe» se está diciendo que el cuadrado circular es una cosa, aunque no existe. Este tipo de dificultades son las que puede obviar la filosofía del análisis lógico.

Wittgenstein escribió el ‘Tractatus Logico- Philosophicus’ durante la guerra, trasportándolo en la mochila. En unas setenta y cinco páginas trata de la naturaleza del lenguaje, de los límites de lo que puede decirse, de la causalidad e inducción, de la muerte y la mística, del yo y de la voluntad y del bien y del mal. Prisionero en Monte Cassino, consigue enviar a Russell el manuscrito y algunas cartas, en las que dice estas cosas: «He escrito un libro que contiene todo mi trabajo de los últimos seis años. Tengo el manuscrito aquí conmigo. No lo entendería sin unas explicaciones previas, pues está escrito en frases muy breves. Modifica toda nuestra teoría de la verdad, de las categorías, de los números y de todo lo demás. El punto central es la teoría de lo que puede expresarse – y lo que es lo mismo, de lo que puede pensarse – mediante soportes (por ejemplo, por medio del lenguaje), y lo que no puede expresarse mediante soportes, sino únicamente mostrarse; lo cual, a mi entender, es el problema cardinal de la filosofía». Dicho con palabras sencillas: ¿Cómo puede una persona, a través de una secuencia de palabras, decir algo verdadero? ¿Y cómo puede otra persona entenderle? Debe ser el análisis lógico la disciplina filosófica por la que se aspire a un conocimiento seguro. El primer prerrequisito para filosofar debe ser la desconfianza en la gramática. Insiste Wittgenstein: «Todo mi trabajo consiste en explicar la esencia de la proposición. En ella combinamos las cosas y las ponemos a prueba ¿Cómo se forma la persona una imagen mental con ayuda del lenguaje? La lógica restringe la libertad de Dios para crear distintos mundos posibles. No le es posible crear un mundo ilógico porque existiría en ese caso un pensamiento imposible que a su vez correspondería a una imagen imposible, es decir, a ninguna imagen».

El mágico comportamiento de los electrones y los ordenadores cuánticos

Y es que el principio de incertidumbre permite que los electrones hagan magia. Así, un electrón, un electrón solitario, pasa por una doble rendija y produce un patrón de interferencia, porque los electrones se mueven por todos los caminos posibles para ir desde una posición hasta otra, desapareciendo de un sitio y apareciendo en otro diferente o estar en dos posiciones simultáneamente, y lo que ahora nos incumbe: pueden atravesar barreras por lo que llamamos efecto túnel.

Este extraordinario comportamiento no se observa a nivel macroscópico ¡Nadie ha visto que un bolígrafo se desdoble en dos! (A no ser que tenga que ir de urgencias a que se lo miren). Pero… El premio Nobel de Física 2.025 se lo concedieron al británico John Clarke (Cambridge, 1.942), al francés Michel Devoret (París, 1.953) y al estadounidense John Martinis (1.958), los tres profesores de Física en distintas universidades, «por sus descubrimientos pioneros en mecánica cuántica macroscópica, específicamente en el efecto túnel cuántico y en la cuantización de la energía en circuitos eléctricos superconductores». El haber conseguido hacer estos experimentos a nivel visible y manejable es un paso más hacia «el desarrollo de ordenadores cuánticos estables y sensores de alta precisión».

Los ordenadores cuánticos no computan en placas de silicio, como los ordenadores digitales, sino en átomos. Para ello, los átomos deben tener coherencia, es decir, vibrar al unísono, lo que requiere trabajar a temperaturas próximas a cero grados Kelvin (0K); de no ser así, se producirían errores en los cálculos. En un ordenador digital, la unidad de información, el bit, toma los valores 1 y 0; pero en un ordenador cuántico la unidad puede ser 1 y 0 a la vez por superposición cuántica, con lo que el cúbit (qbit) toma los valores 00, 01, 10 y 11. En consecuencia, su capacidad de cálculo sería tan superior que mandarían a la papelera todo lo hecho por vía digital.

El físico teórico estadounidense Michio Kaku (San José, 1.947) en su libro traducido al español ‘Supremacía Cuántica’, enumera una larga lista de conquistas que se podrían intentar conseguir con la ayuda de los ordenadores cuánticos. Apuntamos algunas de ellas: Una fotosíntesis artificial para crear plantas con mayor eficacia energética. Mejoras en el diseño de las baterías de litio. Descubrir el mecanismo de los antibióticos para matar bacterias y crear nuevos fármacos. Estudio de la inmunoterapia para el tratamiento de enfermedades autoinmunes. Aumento de la información genética sobre el cáncer. Estudio del modo en el que la geometría de la proteína influye en su función. Dilucidar los mecanismos del envejecimiento para conseguir ¡la inmortalidad! (Lean el libro para más soñar).

El profesor Kaku es realista: «Construir un ordenador cuántico que resuelva problemas del mundo real está a muchos años vista», dice. En la actualidad se estudian alternativas para aumentar el tiempo de coherencia, entre ellas, disponer de un mayor número de cúbits, como el ordenador que IBM ha instalado en la fundación científica Ikerbasque de Euskadi, que funciona con 150 qbit.