BRECHT
El alemán Bertolt Brecht, poeta (sobre todo poeta) social, había estudiado medicina y trabajado en un hospital; estaba clasificado como iconoclasta y marxista mientras escribía: «Yo, Bertolt Brecht, arrojado a las ciudades de asfalto/ desde la Selva Negra, dentro de mi madre, hace tiempo».
En la treintena escribe libretos de ópera, alguna de dos o tres céntimos, en las que se define como poeta que no cobra: «Hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas/ y furiosamente perseguimos a vuestros enemigos con poesías como puñales». Y como autor: «Soy autor dramático. Muestro lo que he visto./ Y he visto mercados de hombres donde se comercia con el hombre». Y como defensor de la dialéctica: «Y entre los oprimidos, muchos dicen ahora:/ Jamás se logrará lo que queremos…, / ¡Que se levante el que esté abatido!…/ Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,/ …y el jamás se convierte en hoy mismo,/ están los reflexivos, que nunca actúan». Y como antiburgués: «¡Oh Alemania, pálida madre!/ ¿Qué han hecho tus hijos de ti,/ para que, entre todos los pueblos,/ provoques la risa o el espanto?»
Exiliado en Dinamarca y posteriormente en Estados Unidos, donde escribe parte de sus obras de teatro más conocidas mientras los nazis queman sus libros en Alemania: «Los viejos libros explican la sabiduría:/ apartarse de las luchas del mundo y transcurrir/ sin inquietudes nuestro breve tiempo». «He crecido hijo/ de gente acomodada…/ no me gustó la gente de mi clase…/ y me uní al pueblo llano». «…dictaron contra mí una orden de detención…/ mas los no propietarios…/ me conceden refugio». Y en Hollywood se dedica al trabajo alimenticio: «Para ganarme el pan, cada mañana/ voy al mercado donde se compran mentiras».
Acabada la Segunda Guerra Mundial vuelve a Berlín. Es galardonado con el premio Stalin de la Paz. Aunque no es considerado ortodoxo en el Este y es boicoteado en el Oeste por comunista, obtiene un gran triunfo en el Teatro de las Naciones de Paris en 1955, pero dice: «No me gusta el lugar de donde vengo./ No me gusta el lugar adonde voy»
SEIFERT
El poeta Jaroslav Seifert fue el primer checo en ser galardonado, en 1984, con el premio Nobel de literatura. «En la calma de la memoria… veo los rostros de muchas bellas personas que he conocido; entonces me vienen los recuerdos… cada vez más hermosos», dice en ‘Toda la belleza del mundo’, su última obra, publicada en 1981 cuando tenía ochenta años de edad. Y recuerda a Jan Neruda «el escritor más grande de Praga», cuyo nombre adoptó Neftalí Flores. Y las palabras de Max Brod: «El río Moldava fluye en sí mayor porque Smetana lo quiso así». Y a Hasek, el autor de ‘Las aventuras del bravo soldado Svejk’, que escribió la novela bebiendo de tasca en tasca, rodeado de gente que llevaba al editor las páginas escritas para que las pagase y poder seguir bebiendo. Y al poeta Vladislav Vancura, fusilado por los nazis, lo que le hace gritar: «Es una pena, pero después de la muerte no hay nada ¡No hay ningún infierno, aunque tendría que existir! ¡Tampoco existe el paraíso, aunque tendría que existir, al menos para los que mueren de esta forma!»
Seifert escribió treinta volúmenes de poesía, los primeros hasta 1929 año en el que rompió con el partido comunista, dedicados a la poesía obrera. Para Seifert «la misión del arte es cantar, con imágenes arrebatadoras y con insospechados ritmos poéticos, toda la belleza del mundo». Además, «lo que llamamos poesía es un gran secreto del que cada poeta revela un poquito o algo más… es una aparición… o… no lo es, sino una obra difícil y no muy grande». Prefiere «el poeta cuyas poesías no están envueltas en ningún misterio… son claras y llegan a la gente», al que «lanzaba a sus lectores miles de versos con gran fausto… y exigía a su público que los recibiese con gran fausto».
Seifert se despide porque «cuando el hombre se hace viejo, suele estar triste… hace un recuerdo complacido de sus años… todo pasa muy deprisa… y se siente más solitario».