Greene, Graves y Kertézs: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (32)

GREENE

El escritor inglés Graham Greene (1904 – 1991) es famoso sobre todo por sus novelas negras, de espías y de conflictos internacionales que fueron en su mayoría llevadas al cine. No le concedieron el premio Nobel pese a que fue nominado varias veces.

En sus muy parciales memorias ‘Una especie de vida’ cuenta que la etapa más feliz de su vida fue cuando, en su niñez, se escapó al campo y se le psicoanalizó. Después entró en la que «entre los periodos de excitación sexual aparecían atroces crisis de aburrimiento», pero encontró «otro alivio para la enfermedad del aburrimiento… pasé todo un año borracho». Y se lamenta: «¡Qué complicaciones me trajeron aquellos años huérfanos de experiencia!». Jugaba, en serio, a suicidarse con la ruleta rusa. Las conversaciones que mantuvo con un cura, de las que no da noticia, le condujeron a convertirse al catolicismo y a casarse con una católica.

Afiliado al partido laborista independiente, que llamaba contrarrevolucionario al partido laborista, y «tras mi experiencia en la guerra francesa de Vietnam, sentí hacia el comunismo una simpatía mayor que nunca, aunque cada vez menos en su versión rusa». Al principio de la guerra civil española apoyó al POUM trotskista, pero más tarde, en sus artículos, apoyaba unas veces al bando franquista y otras al país vasco, esto es, allí donde hubiera católicos. Años después hizo la ruta del Quijote con un cura manchego amigo suyo.

GRAVES

En 1985 falleció en su casa de Deyá (Mallorca), donde residía desde 1929, el apreciado poeta británico y famoso novelista Robert Graves, nacido en 1895, traductor de ‘El Rubaiyat’ de Omar Kheyam y autor de ‘Yo Claudio’. En su autobiografía parcial ‘Adiós a todo eso’ evoca sus años escolares: «En las escuelas primarias y en los internados los idilios son necesariamente homosexuales. Se desprecia el sexo opuesto. Por un homosexual de nacimiento, el sistema de internado fabrica por lo menos diez pseudo homosexuales permanentes. La relación culminante ocurría casi siempre entre muchachos de la misma edad, quienes no se amaban, sino que se utilizaban como objetos sexuales». Asimismo, rememora sus vivencias durante la Primera Guerra Mundial: «Me resulta muy difícil simpatizar con los franceses. Lo que ocurre aquí es peor que la inhospitalidad, ya que estamos combatiendo por sus sucias vidas». «Creo que ni siquiera un soldado de cada cien se inspiraba en sentimientos religiosos».

KERTÉZS

El premio Nobel de literatura del 2002 recayó en Imre Kertézs, judío nacido en Budapest, que fue así el primer literato húngaro premiado. En las conversaciones mantenidas con su editor, Zoltán Hafner, publicadas en el libro ‘Dosier K.’, este le pregunta por su estancia en los campos de concentración nazis de Buchenwald y Auschwitz a los 14 y 15 años de edad: «Buchenwald era más ‘suave’, el mayor horror estaba en Auschwitz». «El desdichado término holocausto (todo quemado) debe cambiarse por su verdadero nombre: la destrucción de los judíos europeos». Le recuerda que después del campo fue comunista, ¿y de viejo?: «Si en Hungría existiera un verdadero partido conservador, lo apoyaría sinceramente.» ¿Estás seguro? «No».

Hafner le pregunta si puede evocarse tal como era cuando escribía comedias musicales populares para comer, con aquella desorientación, en ausencia de una dirección: «Me decidí por la escritura. Me impactaron Thomas Mann y Albert Camus, Kafka, Kant y Schopenhauer». «Solo se puede escribir desde un exceso de energías, es decir, desde la alegría. La escritura es vida intensificada.»

Preguntado por su vida durante la dictadura húngara tras la guerra, responde: «El ciudadano que vive en una dictadura y que no se encuentra precisamente en la cárcel es tan solo un preso que está de permiso». «El suicidio en tiempos de la dictadura parecía la única alternativa a seguir viviendo… Si hubiera tenido algún instrumento menos brutal: morfina o algún veneno fiable…»

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