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Szymborksa y Müller: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas (28)

SZYMBORKSA

El premio Nobel de literatura de 1996 distinguió la poesía sencilla y cósmica de Wislawa Szymborksa, nacida en 1923 en las cercanías de Cracovia (Polonia). Estos son algunos de sus versos:

«¿Por qué demasiado una persona?/ ¿Esta y no otra? ¿Y qué hago yo aquí?/ …¿Precisamente en la tierra?/ ¿Junto a la pequeña estrella?/ ¿Después de tantas eras de ausencia?»

«Por un instante estoy, solo por un instante».

«Soy la que soy./ Casualidad inconcebible/ como todas las casualidades./ Pude haber sido alguien/ mucho menos personal./ Alguien mucho menos feliz,/ criado para un abrigo de pieles/ o para una mesa navideña,/ algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.»

«Cuatro mil millones de gentes sobre esta tierra,/ y mi imaginación es la que era/ …A una llamada estruendosa respondo con un susurro/ …Mis sueños, incluso, no son, como debieran, populosos./ Hay más soledad en ellos que multitudes y jaleo.»

«Limitados./ Prefieren el jueves a la infinitud./ Primitivos./ Prefieren una nota falsa a la música de las esferas.»

«Cuando pronuncio la palabra Futuro,/ la primera sílaba pertenece ya al pasado./ Cuando pronuncio la palabra Silencio,/ lo destruyo./ Cuando pronuncio la palabra Nada,/ creo algo que no cabe en ninguna existencia.»

En su discurso de aceptación del premio Nobel, analizó a los poetas: «No existen doctores en poesía…significaría que es una ocupación que exige estudios especializados, exámenes aprobados,… obtención de diplomas… Recordemos que deportaron al orgullo de la poesía rusa, más tarde premio Nobel, Joseph Brodsky. Lo declararon ‘parásito’ porque no tenía la acreditación oficial de que le era permitido ser poeta… Hay cierto número de personas a las que toca la inspiración. Son todos aquellos que conscientemente eligen su trabajo y lo realizan con amor e imaginación… La inspiración, sea lo que sea, nace de constante ‘no sé’. A los más diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos… también les gusta su trabajo. Claro que sí, pero ellos ‘saben’… y lo que saben les basta de una vez y para siempre.»

MÜLLER

El premio Nobel de literatura del 2009 se lo concedieron a la escritora Herta Müller, nacida en Rumanía en 1953, «por su capacidad para describir el paisaje de los desprotegidos». En su país prohibieron la publicación de sus obras, críticas contra la corrupción y la opresión, por lo que se marchó a Berlín en 1987, donde escribió relatos sobre las duras condiciones del régimen comunista.

Sus poemas son ‘collages’ compuestos de palabras aparentemente recortadas de periódicos y pegadas unas a continuación de otras y acompañadas de trozos de fotografías o de dibujos esquemáticos. Son ‘puzzles’ donde los versos (o ripios) a veces riman y solo sugieren: dejan al lector la duda de si juega con él o si queda en el aire algún significado. (¿Toma el pelo al lector o a algunos poetas modernos?). Estos son algunos ejemplos, sin las figuras acompañantes, de ‘El guarda saca su peine’ y ‘En el moño mora una señora’, publicados en 1993 y 2000:

«Llevaba/ el sombrero a medias/ sobre el pensamiento/ como alas/ para la lluvia tenía una/ mano libre.»

«El anhelo/ de un trabajo decente/ o en la frontera/ entre un pepino/ y el desierto en la boca.»

«Mi querida madre fantasea/ cree que su niña es el palanganero/ y mi querido padre fantasea/ siega en el jardín viento friolero/ y yo he pensado/ pon cuidado cómo lo han logrado».

«En la casa de plumas vive un gallo/ en la casa de fronda la alameda/ una liebre vive en la casa de piel/ en la casa de agua un lago queda/ en la casa de esquinas la patrulla/ empuja a uno allí por el balcón/ sobre el saúco/ también fue suicidio en esta ocasión/ en la casa de papel la opinión mora/ en el moño mora una señora.»

«Uno vino y otro manta/ uno escucha y otro canta/ dos veces dos es cuatro en total/ huesos chillan como un animal/ lleva su tapa de ataúd al revés/ eso ya no se cambia otra vez/ cuando la cerilla arde vidriosa/ un cinco por ciento dura la cosa.»

Naipaul visita Pakistán, Irán, Indonesia y Malasia: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (27)

NAIPAUL

Después de recorrer India, Naipaul se entrevista con gentes y mandatarios de varios países mayoritariamente musulmanes. La República Federal Islámica de Pakistán obtuvo la independencia, junto con India, en 1947, fecha en la que se produjo una doble emigración de musulmanes a Pakistán y de hindúes a India. Tras la secesión de Bangladesh en 1971, su territorio se ha reducido hasta unos ochocientos mil kilómetros cuadrados. La capital, Islamabad, situada al norte del país, es una ciudad pequeña comparada con Lahore y con la inmensa Karachi, que se encuentra al sur, en el delta del río Indo que desemboca en el mar Arábigo.

La breve historia del actual Pakistán es convulsa: batallas con India por la independencia de Bangladesh y por la región de Cachemira; revolución en Beluchistán, la zona más pobre y situada al norte y ocupada por una mayoría de afganos que huyen de las guerras; ejecución del presidente Ali Bhutto por supuestas elecciones fraudulentas y su sustitución por el general Zin Ul-Hag que proclamó el Corán como ley suprema y murió en sospechoso accidente de aviación; doble triunfo de Benazir Bhutto (1988 y 1993), doble destitución y posterior asesinato; terrorismo en Karachi, donde ya nadie podía saber con certeza quien mataba a quien; golpe de Estado del general Musharraf… ¡y tienen la bomba atómica!

Naipaul mantiene conversaciones con muchas personas en Pakistán que parecen tener claro que el poder y el dinero están en unas pocas manos. Mandatarios que quieren un Estado en el que todos acepten libremente el islam porque no hay bien más grande que la ‘yihad’ en nombre de Alá: «Si ves una conducta anti islámica, la frenas con fuerza. Si no posees el poder para frenarla, la condenas verbalmente. Si tampoco puedes así, la condenas en tu corazón». A Naipaul le hablan del infierno islámico, con latigazos infinitos y llamas abrasadoras. Pero también charla con un joven que le confiesa su decepción por no sentirse más ligero de conciencia, como le habían prometido, tras pasar una noche de Ramadán rezando en vela. Y con un profesor al que le gustaría poder enseñar a sus alumnos, pero no se dejan; tiene el pelo blanco y escaso y una afección cardiaca antes de los cincuenta.

La república islámica de Irán, con un territorio doble que Pakistán y menos de la mitad de población, está rodeada por Afganistán, Pakistán, Turkmenistán, el mar Caspio, Azerbaiyán, Armenia, Turquía, Irak, el Golfo Pérsico y el mar de Omán. Tiene petróleo y gas natural para exportar, pero el agua es escasa e improductivo la mitad del país. Tras el mandato del Sha Reza Pahlavi y de su hijo Muhamad, llegó en 1979 la revolución islámica liderada por el ayatolá Jomeini, principal teólogo chií, de la rama del Islam que venera a Ali, cuarto califa y yerno de Mahoma. Dice el visitante Naipaul que, con el sha, el cinco por ciento de la población iraní hablaba idiomas, conocía el mundo e ignoraba al otro noventa y cinco por ciento que leían en árabe el Corán.

Cuando Naipaul llega en 1995, a un hotel de Teherán, la capital, observa que en la recepción cuelga un cartel que dice: ‘Abajo USA’; el público pertenece a una nueva clase media que ha sustituido a la desaparecida clase rica del Sha. Naipaul pulsa las opiniones de algunas personas: dicen que el país está en manos de fanáticos que quieren controlar hasta como te sientas y como andas; esto no es una exageración, se basa, no en el Corán, sino en la tradición sobre el profeta, el ‘hadiz’, que plantea tres mil problemas: normas, por ejemplo, para recortar la barba con tijera y no con cuchilla, diez maneras de mirar a las mujeres, prohibir la música de baile y las canciones de amor, y en general, la música que altere el ánimo o los sentimientos, se paga a la familia de alguien a quien se asesina, pero si es a una mujer se paga la mitad.

Algunos iraníes dicen que el país está harto de tanto derramamiento de sangre: de los que protestaron contra el sha, de los partidarios del sha después de la revolución. delos muyaidines (musulmanes comunistas masacrados por el régimen chií), de la guerra con Irak (en respuesta a la anexión de territorios de Irán por parte del invasor vocacional Sadam Hussein). Pero otros opinan que en Irán quedan muchos por matar. Quizá sean los combatientes que antes de la batalla procedían a darse abluciones y se ponían calzoncillos limpios para presentarse así ante Alá, los que creían en la trascendental consigna ‘el mártir acaba por vencer’.

El intocable ayatolá Jomeini es objeto de fuertes críticas. Algunos dicen de él que era una persona fría sin una inteligencia cultivada. Su revolución cultural consistió en el cierre de las universidades. Proclamaba que la revolución debía centrarse en los niños y en los jóvenes, porque no sirve para los mayores de cuarenta. A los ‘mulás’ que protestaron por la falta de financiación les dijo que volvieran a su ciudad y que al primer hombre rico que encontraran le obligaran a pagar; medidas de este orden condujeron al desorden y al robo en el país.

Naipaul visita el mausoleo de Jomeini (fallecido en 1989 a los 87 años de edad) y el cementerio de los mártires de la guerra de Irak, donde encuentra unos carteles que rezan: «La limosna te enriquece. Empieza el día con una limosna. Si das limosna te proteges contra setenta enfermedades». Destino de las limosnas: el Comité Revolucionario.

La república de Indonesia está formada por las islas de Sumatra, separada de Malasia y Singapur por el estrecho de Malaca, Java, casi prolongación de Sumatra, Borneo, compartida con Malasia y Brunei, Nueva Guinea Occidental, compartida con Papúa Nueva Guinea, y tres mil pequeñas islas más de los archipiélagos de Molucas y Célebes. Está poblada por algo más de doscientos cincuenta millones de habitantes en una superficie de casi dos millones de kilómetros cuadrados. Aproximadamente, la mitad de los habitantes residen en Java, donde se encuentra la capital, Yakarta, que sostiene unos diez millones. La religión mayoritaria es el islam, aunque los balineses son hinduístas, los papúes animistas, los chinos budistas y también hay protestantes y católicos. En el siglo XI los musulmanes invadieron los territorios, pero hasta el siglo XV Indonesia siguió formando parte de la Gran India en cuanto a hinduísmo, budismo y animismo. En el siglo XVI llegaron los españoles y los portugueses, que fueron más tarde expulsados por los colonizadores holandeses. Mientras tanto, el islam se dedicó a ir tomando el poder. Tras la Segunda Guerra Mundial, durante la cual se produjo una breve dominación japonesa, Indonesia alcanzó la independencia en 1949 de la mano de Sukarno, quien después de establecer un delicado equilibrio entre los comunistas y el ejército, terminó masacrando a los comunistas. Estados Unidos apoyó una Indonesia prooccidental con asiento en la ONU en contra de China y Vietnam.

En 1968 el general Suharto sustituyó a Sukarno y se mantuvo treinta años en el poder. En sus últimos tiempos, su mano derecha era Yusuf Habibi, un musulmán devoto que propugnó practicar el islamismo y mantuvo que la política es parte integrante del islam. Habibi, ingeniero aeronáutico, impulsó la tecnología y proclamó el Día del Renacer Tecnológico Nacional en la fecha del vuelo del primer avión fabricado en Yakarta; sustituyó a Suharto en 1998 y fue sustituido por Wahid, a quien entrevista Naipaul entre una humareda de cigarrillos de clavo, que impregna la ropa de por vida con su olor aceitoso. Para estos mandatarios, la oración es como un sabroso aperitivo que se toma cinco veces al día.

Naipaul asiste a la ceremonia de conversión al islam de un estadounidense que se casa con una javanesa. Se le dice al converso: «Bienvenido en su regreso al islam, porque todos nacemos musulmanes, sin pecado. Ha abierto su corazón a la verdad, sometiéndose en todo a la voluntad de Alá. Islam significa sumisión». Y el converso declara: «Doy testimonio de que no hay otro dios sino Alá y de que Mahoma es su último profeta». (Para los musulmanes el primer profeta fue Buda y el anterior a Mahoma, Cristo).

Según Naipaul, en Indonesia tenemos un pueblo bucólico, de la cultura del arroz, que ha perdido su historia debido a la crueldad del fundamentalismo islámico, que radica en que solo concede a un pueblo – los árabes – un pasado, los lugares sagrados, la peregrinación y la veneración de la tierra.

Malasia, monarquía federal constitucional, es un país dividido en dos partes: una que limita con Tailandia y Singapur (ciudad estado obra del británico Stamford Raffles) que aloja a unos veinte millones de personas y donde está la capital Kuala Lumpur, y otra, más grande y menos poblada situada en la isla de Borneo, limitada por Indonesia y Brunei. Malasia alcanzó la independencia del imperio británico en 1957 y desde entonces es un sultanato habitado por un 35 % de chinos, pero con gobierno malayo y musulmán. Es un país rico con estaño, caucho, aceite de palma, petróleo, arroz, té, pesca y madera (casi el 60% del territorio es bosque tropical). El viajero Blasco Ibáñez dice que los malayos, grandes navegantes, fueron los fenicios del Pacífico. Simbad y otras aventuras marítimas de ‘Las mil y una noches’ no son más que relatos de proezas de malayos adaptadas por los navegantes árabes, discípulos y continuadores de aquellos.

Naipaui, reputado pesimista, cuando volvió a su residencia de Londres después de visitar tantos países, encontró que «había negros, japoneses, árabes», y pensó: «Cómo se ha revuelto el mundo. Éste no es el Londres de hace treinta años». Y como vivió hasta el 2018, le dio tiempo a comprobar que el lío se agrandaba.

Naipaul visita la India: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (26) 

NAIPAUL

El premio Nobel de literatura 2001 lo obtuvo V.S. Naipaul, un nieto de agricultores hindúes emigrantes nacido en Puerto España (Trinidad) en 1932. (Los descendientes de hindúes, junto a los pakistaníes, constituyen la mayoría de la población de la República de Trinidad y Tobago, formada por la isla de Trinidad con más de un millón de habitantes, situada frente a Venezuela, y la pequeña Tobago). Hacia 1981 Naipaul publicó ‘Entre los creyentes. Un viaje por el islam’, donde contempla los modos de vida y el aspecto de los campos y ciudades de India, Indonesia, Irán, Pakistán y Malasia, a la vez que entrevista tanto a personalidades políticas y religiosas como a gente corriente.

Al llegar a la India de sus ancestros, Naipaul nos advierte que «es necesario saber mucho para entender a la multitudinaria India», y no es extraño: hay que saber mucho para comprender a un país de más de tres millones de kilómetros cuadrados habitado por casi mil quinientos millones de personas, donde, aunque un tercio hablan hindi, coexisten unas mil quinientas lenguas, donde, aunque el hinduismo es muy mayoritario (80 %), hay sijs, musulmanes (10 %), protestantes, católicos y budistas. Un enorme país invadido sucesivamente por persas, por Alejandro, por los musulmanes, por los turcos, por los portugueses y holandeses, por los británicos con la reina Victoria como emperatriz. Un enorme país que no conoció la independencia hasta 1947, pero sujeta a la partición entre la hindú India y la musulmana Pakistán.

Naipaul llega a Bombay (ahora Mumbai), una ciudad con diez millones de habitantes con puerto en el mar Arábigo, y visita un barrio de chabolas que es, quizá, el más grande del mundo, con su parte hindú y su parte musulmana (fundamentalista). El barrio tiene adosada una zona industrial con fábricas de cuero y productos químicos y , para el autor, el hedor es insoportable. En el centro de la ciudad muchas familias viven en lo que llaman ‘cocina con habitación’… y la habitación mide tres por tes metros, que son nueve metros cuadrados. Hay también pisos mayores, por ejemplo, de dos habitaciones de quince metros cuadrados que pueden alojar, como media, a familias con siete hijos e hijas.

Naipaul nos cuenta la antigua marginación a que eran sometidos los intocables: por ejemplo, las castas superiores, además de utilizar el río corriente arriba, no permitían que los intocables tocaran el agua compartida, se la vertían en las manos. En Bombay, los salit, antiguos intocables, veneran a su defensor Ambedkar, un anticomunista llamado el Cristo que desplazó a Ghandi, y tienen una facción agresiva, los Panteras Salit, fundada por un poeta a semejanza de los panteras negras estadounidenses. Las antiguas castas superiores también tienen su organización agresiva, el ejército de Siva (el Siv Sena) que pelea contra los musulmanes, a veces con muertes. Todos ellos son hinduístas, con sus rezos diarios y sus supersticiones. Una antigua rama del hinduísmo son los jainistas, aspirantes a la pureza absoluta: no comen carne ni huevos y evitan eliminar vidas (Rudyard Kipling, en su novela ‘Kim’, cuenta que iban barriendo el suelo por delante de sus pasos para no matar ningún ser vivo); todas las mañanas deben bañarse, vestirse con un trozo de tela sin coser e ir descalzos al templo a orar; pero actualmente tiene fama de ser unos astutos negociantes.

Naipaul viaja a Bangalore, la gran ciudad (de unos tres millones de habitantes) donde se concentran las instituciones científicas del sur impulsadas por brahmanes ortodoxos. Los colegios impartían e imparten enseñanza bilingüe porque los hindúes están convencidos de que los alumnos tienen que aprender inglés, ciencia y tecnología; no obstante, los brahmanes tienen conflictos entre la ciencia y su modo de vida religioso, con sus oraciones (‘pujas’), con sus deidades familiares y con sus ritos ancestrales: por ejemplo, «si la sombra de una persona de casta inferior recaía sobre la comida era un asunto grave, pero si ocurría mientras estabas comiendo tenías que dejar de comer». Pese al impulso tecnológico y científico, Naipaul detecta todavía la gran influencia de los astrólogos, uno de los cuales declara: «Para aprender astrología, primero hay que aprender todas las demás ciencias. Antes de prescribir ciertas medicinas hay que buscar las condiciones planetarias… Algunas solo funcionan bajo los rayos del Sol, de la Luna, de Marte o Mercurio… Podría predecir el futuro si me dice la hora exacta en la que nació, pero si hay un error de un minuto la diferencia es enorme». Además, Naipaul dice que en India proliferan «las aceras a medio hacer, las calles llenas de baches con remolinos de polvo y suciedad, de cosas que se tiran y quedan allí como basura: nada parece terminado». Y, sobre todo, «el desperdicio del potencial de muchas mujeres valiosas a las que nadie considera importantes», como dice una universitaria.

Naipaul se desplaza hasta Madrás, la ciudad tamil situada en la costa del golfo de Bengala, en cuya área metropolitana viven más de cinco millones de personas. Y recuerda que «el movimiento sindical en India estaba basado en los principios de la filosofía gandhiana: la verdad y la no violencia, producir antes de exigir»; piensa que «¿no habría en India una extensión de la pobreza santa, de que es malo para los dioses superarse a sí mismo?» En Madrás contempla una estatua con la siguiente inscripción: «Periyar, el profeta de la nueva era, el Sócrates del sureste asiático, padre del movimiento social y enemigo declarado de la ignorancia, las supersticiones, las costumbres absurdas y los sinsentidos». Es el pensamiento de los tamiles, que se manifiesta en contra de los brahmanes y del lenguaje hindi, y a favor del inglés y del tamil.

Después, Naipaul se dirige al noroeste de India, a Calcuta, la ciudad que construyeron los británicos y que «cuando la dejaron comenzó a morir» ahogada por una aglomeración de doce millones de personas. Allí fluye el río sagrado, el Ganges, en cuyas orillas, según el viajero Blasco Ibáñez, las cremaciones de los cadáveres se hacían con maderas aromáticas para los ricos y de misericordia para los pobres, arrojando las cenizas y flores al río. Allí le dieron a Naipaul noticia del poeta hindú de amplia visión, Rabindranath Tagore, dirigente del movimiento de independencia, un hombretón de físico impresionante que contrastaba con su débil voz aguda, así como del fisiólogo J.C. Bose, del físico estadístico S. Bose, coautor con Einstein de la teoría del estado condensado de la materia ultrafría, y de la Madre Teresa, directora del único hospital de Calcuta que admitía indigentes moribundos. Allí estableció Naipaul relación con hindúes dedicados a la moderna mercadotecnia (reconocer y satisfacer una necesidad comercial no cubierta) que todavía conservaban las antiguas costumbres: antes del matrimonio, el novio y su familia visitan a la familia de la recatada novia y se intercambian horóscopos esperando que no sean desfavorables.

La ciudad de Lucknow, situada en la ruta de comunicación entre Delhi y la pakistaní Lahore, la encuentra Naipaul poblada, además de por los hindúes, por musulmanes chiíes que no se fueron a Pakistán y a cuyas mujeres el restrictivo Corán les concede más derechos que tienen las hindúes. Allí mantiene diálogos con filósofos y políticos hindúes: «En tiempos anteriores a la Primera Guerra Mundial, India era un país impotente, pisoteado, despojado de sus riquezas, con siervos siempre trabajando en el campo o construyendo fortificaciones para reyes que cambian y reinos de fronteras fluctuantes. Así, los hindúes son incapaces de libertad civil; quienes tienen necesidad de ella, no la desean». «Gandhi hizo una nación de nosotros. Éramos como ratas. Hizo hombres de las ratas». «La religión ha matado más personas y destruido más propiedades que cualquier otra cosa. La profesión más antigua del mundo no es la prostitución, es el sacerdocio. La oración fomenta el egoísmo y la adulación».

En Amritsar, Naipaul se entrevista con los sijs. Separados del hinduísmo de la mano del gurú Nanak, el fundador, crearon y sostuvieron un reino independiente en el Punjab, alimentando una raza de admirables y fuertes soldados. Los sijs tenían un concepto de la divinidad basado en la justicia y en la benevolencia, diferenciándose de las otras religiones: «El hinduísmo es la religión más violenta del mundo. En el poder islámico hay opresión y crueldad», declaran.. Los sijs no condenaban a muerte, pero en los últimos tiempos se contaminaron de terrorismo y los hindúes asaltaron el Templo Dorado, su santuario. Como represalia mataron a Indira Ghandi en 1984, lo que originó posteriormente que los terroristas fueran sitiados y masacrados en el Templo, acción en la que también murió el gurú Bhindrawale, del que dicen que no era terrorista.

Blas de Otero y Gil de Biezma: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas en español (25)

BLAS de OTERO

Muere en Madrid, a los sesenta y tres años de edad, el poeta vasco Blas de Otero, que se dio a conocer en 1950 con su libro ‘Ángel fieramente humano’:

Esto es ser hombre: horror a manos llenas./ Ser – y no ser – eternos, fugitivos./ ¡Ángel con grandes alas de cadenas!

A quien cantábamos la inmensa mayoría con Paco Ibáñez:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo/ lo que tiré, como un anillo, al agua,/ si he perdido la voz en la maleza,/ me queda la palabra./ Bien lo sabéis. Vendrán/ por ti, por ti, por mi, por todos. Y también/ por ti-/ (Aquí/ no se salva ni dios. Lo asesinaron).

Y de quien recibimos noticias de su muerte con ‘Historias fingidas y verdaderas’ de la mano de su compañera Sabina a través de la bella caligrafía de Juana: Ayer murió Blas de Otero, no lo sabe nadie todavía, pero es cierto, le vi pasar por la calle, iba como siempre, distraído y pensativo, llevando un periódico con muy mala gana, de vez en cuando miraba los escaparates, el cielo, el fondo de la calle… No, no ha muerto al lado de unos frascos y unas tabletas (ha muerto solo de tiempo), eso de algún amigo que llega un momento, la incógnita del médico, la interdicción, desde luego, de la tos de turno. No se sabe exactamente por qué ha muerto, las circunstancias últimas; se sabe solo que unos minutos antes dijo, dijera: «acerté el camino, con todos mis errores».

Llueve, el valle está velado como tus ojos,/ la cima de Santa Marina se deslíe,/ llueve entre nubes semiverdes, escurridas./ Nada de cajitas, pastillas de plástico,/ la cama, la pared, la tos del cura./ Todo natural, abierto a la tarde, oyéndose casi/ a lo último siete palabras: con todos mis errores,/ acerté…/ Las nubes se levantan, yo sigo echado/ como un río, pero no tumbado como un/ mar. Consulten a un médico, a Manrique,/ verán que todo es mentira, la vida sigue,/ nada es más verdad que sigue siguiendo.

GIL de BIEZMA

En 1990 desaparece el poeta, nacido en 1929, Jaime Gil de Biezma, quizá el más representativo de la generación de los 50. En sus poesías se apropia de técnicas ya usadas y de versos ya publicados: él mismo declara que «la imitación es necesaria, es la única forma de llegar a escribir poesía». Así, en sus obras pueden leerse versos adaptados de Góngora, Baudelaire, Quevedo, Eliot e imitaciones de Jorge Guillén. Es un poeta calificado como posmoderno, populista, erótico e irónico que opina que «la poesía debe ser ocurrente, incluso divertida».

Populista: …señoritos de nacimiento/ por mala conciencia escritores/ de poesía social…

Habitante de «la ciudad enorme y cambiante, reducida a un cuarto de unos cuantos metros cuadrados e inacabable como una galaxia, la ciudad de la que no podemos salir nunca sin caer en otra idéntica aunque sea distinta», según Octavio Paz. Habitante de una Barcelona que «ja no ès bona»:

Mientras oigo a estos chavas nacidos en el sur/ hablarse en catalán…/ que la ciudad les pertenezca un día,/ como les pertenece esta montaña,/ este despedazado anfiteatro/ de las nostalgias de una burguesía.

Irónico: El juego de hacer versos,/ que no es un juego, es algo/ que acaba pareciéndose/ al vicio solitario.

Erótico homosexual: Para saber de amor, para aprenderlo,/ haber estado solo es necesario./ Y es necesario en cuatrocientas noches/ – con cuatrocientos cuerpos diferentes -/ haber hecho el amor. Que sus misterios,/ como dijo el poeta, son del alma,/ pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Izquierdista: Media España ocupaba España entera/ con la vulgaridad, con el desprecio/ total de que es capaz, frente al vencido,/ un intratable pueblo de cabreros.