Linus Pauling (2). Vitamina C: Notas sobre la vida y la obra de científicos eminentes (9)

PAULING

A partir de 1968, Linus Pauling se interesó por lo que denominó medicina ortomolecular: «He acuñado el término para referirme a la buena salud, y al tratamiento de las enfermedades variando las concentraciones en el cuerpo humano de unas sustancias que normalmente están presentes en él, y que son necesarias para la buena salud». Con esta declaración abría un campo experimental distinto de la medicina convencional, que emplea fármacos ajenos al organismo que siempre poseen una mayor o menor toxicidad,

Pauling consideró que las vitaminas eran alimentos esenciales para una dieta sana y que su consumo debería ser mayor que el recomendado por las administraciones sanitarias, porque esas cantidades eran las necesarias para prevenir una enfermedad carencial. Y pasó a estudiar los beneficios que podrían reportar las vitaminas. En 1970 publicó el libro titulado ‘La vitamina C y el resfriado común’ y durante los años siguientes continuó investigando principalmente sobre dicha vitamina, pero también sobre las demás y, en general, acerca de los problemas dietéticos y metabólicos. En 1987, cuando tenía ya 86 años, publicó un nuevo libro resumen, lleno de citas propias y ajenas, titulado ‘Cómo vivir más y sentirse mejor’.

Pauling afirma que las vitaminas son alimentos que catalizaron la evolución de nuestra especie, en concreto, una mutación genética suprimió en los descendientes del primate la capacidad de producir vitamina C, los cuales, liberados de ese esfuerzo, pudieron emplear energía en otros tipos de metabolismo y evolucionar, pero tuvieron que obtener la vitamina de los alimentos que consumían.

Una de las funciones principales de la vitamina C (ácido L-ascórbico, que en el organismo se encuentra en forma de ion ascorbato) es acoplarse a las enzimas de hidroxilación para colaborar en la síntesis del colágeno, de la carnitina (que ayuda a proporcionar el combustible que activa la contracción de la fibra muscular) y de la adrenalina (que energiza los músculos). El escorbuto aparece con la ausencia de la síntesis del colágeno, que es la proteína más abundante en el cuerpo humano, la que conforma el tejido conjuntivo. Sin ascórbico en la dieta no hay síntesis de colágeno y el organismo se desintegra mediante fallos en las encías, en las articulaciones, en las venas… es el escorbuto, que tantas víctimas hizo en el pasado entre los marineros sometidos a largas travesías sin alimentos frescos. Los sesenta miligramos diarios de vitamina C recomendados por las autoridades sanitarias previenen el escorbuto, pero según Pauling esta es una cantidad ridícula. Por comparación con la cantidad que producen otros mamíferos o la que se recomienda para los primates, debería ser de 1,75 a 3,5 gramos por día para las personas; pero teniendo en cuenta la variabilidad en las necesidades y capacidades de cada una, Pauling sitúa la cifra entre 250 miligramos y 20 gramos diarios. Evidentemente, para consumir cifras tan altas de vitamina C es necesario añadir ácido ascórbico a la dieta. (Es barato, dice Pauling, comparado con los fármacos… si no se compra en farmacias).

Pauling asegura que la vitamina C no es tóxica. La cantidad máxima que puede admitir una persona se puede evaluar porque el exceso produce diarrea. Si se toman dosis altas, el 62 % de la cantidad que entra en la circulación sanguínea es excretada por la orina y solo permanece el 38% para cumplir con sus funciones, por lo tanto es más rentable ingerir la vitamina en pequeñas dosis espaciadas a lo largo del día.

Pauling estudió la acción de la vitamina C en muchas enfermedades. La primera, el resfriado, que cuando es manifiesto se puede combatir tomando 1 gramo (o más) por hora. Esta terapia fue mal aceptada porque las dosis pequeñas no funcionaban y, según su siempre polémico defensor, por el quebranto económico que causaría a los médicos y a las farmacias. Comparando la acción de la vitamina C con la del fármaco más empleado del mundo, la aspirina, recuerda que este es mortal a dosis de 20 a 30 gramos, y que actúa inhibiendo la síntesis de las hormonas prostaglandinas, algunas de las cuales pueden producir inflamación de los tejidos y dolores, pero que también participan en algunos aspectos de la inmunidad e intervienen en la regulación de los latidos del corazón. Pauling afirma que el ascorbato acelera la síntesis de la prostaglandina PGE1 que favorece los procesos inmunes (aunque inhibe la síntesis de otras).

Pauling defiende el papel benéfico de la vitamina C en muchas enfermedades:

  • – Fuertes dosis de ascorbato inyectado en sangre funciona como complemento en la ‘desactivación’ de algunos virus (herpes, viruela, hepatitis) y bacterias (tuberculosis, difteria… ).
  • – Acelera el proceso de cicatrización de heridas, fracturas óseas, quemaduras y úlceras gástricas.
  • – Elimina triglicéridos y evita, porque actúa como laxante, que el colesterol que llega al intestino transportado por los HDL se incorpore a la corriente sanguínea.
  • – La histamina, una pequeña molécula de diecisiete átomos, se combina con las proteínas iniciando las reacciones de hipersensibilidad. Los antihistamínicos compiten con ella y la vitamina C refuerza su acción porque transforma a la histamina, por hidroxilación, en otro compuesto que se metaboliza. También colabora con los antihistamínicos en la lucha contra el asma, la fiebre del heno e incluso contra el choque anafiláctico.
  • – ¡Vade retro, tabaquismo! Los fumadores tienen menos vitamina C en el plasma porque cada cigarrillo puede destruir ¡25 miligramos!
  • – Un paciente, médico, que consumió cantidades ingentes de vitamina, dice que no es una cura para el cáncer, pero constituye un complemento vital y potente en el control de la enfermedad. Y Pauling aseguró que la vitamina C, en consumo alto, destruye los nitritos y nitratos que forman nitrosaminas y producen cáncer de estómago.

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