¿Qué dice gente importante sobre Dios?

Ferrater Mora, en su extenso ‘Diccionario de Filosofía’, al tratar del problema de Dios da tres concepciones: religiosa, filosófica y vulgar. Elabora una lista de conceptos empleados por los filósofos para aclarar el significado de Dios: ente infinito; lo que es en sí y por sí se concibe; el Absoluto; el principio del Universo o causa primera; el espíritu o razón universales; el Bien; lo Uno; lo que está más allá de todo ser; fundamento del mundo y hasta el propio mundo entendido en su fundamento; finalidad a lo que todo tiende; etcétera. El exceso de conceptos más oscurece que clarifica. Como dice el físico Steven Weinberg: «algunas personas tienen una imagen de Dios tan amplia y flexible que es inevitable que lo encuentren dondequiera que lo busquen». Otros atacan la idea por la base: el filósofo Auguste Comte dice que «la única máxima absoluta es que no existe nada absoluto»; y el físico Richard Feynman apunta que «como no hay verdades absolutas, no se debe preguntar ¿existe Dios? sino ¿cuál es la probabilidad de que exista Dios?»; Bertrand Russell también ironiza «¿Dios creó el bien? entonces el mundo que conocemos fue hecho por el demonio en un momento en que Dios no estaba mirando».

Según sus creencias religiosas, las personas pueden ser teístas, deístas, panteístas, agnósticas o ateas. Los teístas creen en una inteligencia sobrenatural creadora del Universo, supervisora de su destino y ligada a los asuntos humanos. Creen en los milagros y también apoyan lo que denominan el ‘diseño inteligente’, esto es, la acción directa de Dios sobre cualquier prodigio natural, como la inmunología o la existencia de plantas carnívoras. (Así eluden la investigación de los problemas complicados). Creen en un Dios capaz de leer las mentes de todos los seres, de enviar señales inteligentes a millones de personas simultáneamente y de recibirlas.

Los deístas creen en una inteligencia sobrenatural creadora pero no en su posterior intervención. Es el Dios de Voltaire, que cree en un Dios sin revelación.

En el panteísmo, Dios y Naturaleza son dos nombres para una misma realidad. El Dios de Spinoza se revela en la armonía del mundo pero no se ocupa del destino ni de los actos de los seres humanos. Es el Dios de Einstein, que dijo: «No creo en un Dios personal. Soy un no creyente profundamente religioso. Lo que yo percibo en la Naturaleza es una estructura magnífica que solo podemos comprender muy imperfectamente, y eso debe llenar a cualquier ser pensante de un sentimiento de humildad».

El agnosticismo tiene distintos significados. Si Thomas Huxley lo usó como filosofía para rebatir ideologías cristianas, después se ha ampliado para afirmar que el entendimiento humano no puede comprender el absoluto.

El que esto escribe definiría el ateísmo sencillamente como la no creencia en ninguno de los dioses inventados por los humanos. Decía Russell: «No puedo probar que Dios no existe ni que Satán es una ficción…igualmente pueden existir los dioses del Olimpo o de Egipto…se encuentran fuera de la región del conocimiento y, por lo tanto, no hay razón para considerar ninguna de ellas».

Es evidente que los conceptos y creencias susodichos se solapan y, a veces, se confunden. Decía Bertrand Russell: «La mayoría de la gente cree en Dios porque le han enseñado a creer desde su infancia». Y, contra los cristianos, remacha Richard Dawkins: «Se inoculan (al niño) virus mentales tales como: Un hombre nace de una madre virgen (sin padre biológico); el hombre sin padre vuelve a la vida después de tres días muerto; cuarenta días después sube al cielo; el hombre sin padre y su Padre (que es Él mismo) oye tus pensamientos y los de todo el mundo; puedes ser recompensado o castigado después de tu muerte por hechos o pensamientos que solo Él ha visto; la virginal madre del hombre sin padre que nunca murió, ascendió corpóreamente al cielo; el pan y el vino bendecidos por un sacerdote (que tiene que tener testículos) se convierten en el cuerpo y la sangre del hombre sin padre». Y es que, como dice Russell: «Respecto a la fe religiosa, mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen».

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