Santiago José Carrillo Solares nació en Gijón en 1915. Durante la Guerra Civil, el Partido Comunista de España (PCE) le nombró delegado de Orden Público y miembro de la Junta de Defensa de Madrid, cargos por los que posteriormente le involucraron en la decisión de los multitudinarios fusilamientos realizados en Paracuellos del Jarama; pero él negó siempre, agriamente, haber intervenido en tal decisión. En febrero de 1939 se exilió y en 1960 fue elegido secretario general del PCE. En 1974 creó, con el opusdeísta Calvo Serer y el notario García Trevijano, la Junta Democrática para oponerse al régimen franquista. Tras la muerte de Franco entró en España disfrazado, sin gafas y con peluca, de la mano de Teodulfo Lagunero, un millonario vallisoletano constructor de urbanizaciones que apoyó monetariamente al PCE, al que Carrillo confiesa que «el atentado a Carrero no ha sido obra de aficionados» (¿la CIA?) y que «los de ETA son gentuza y deberían estar todos muertos».
En su apuesta por la democracia, Carrillo acepta a la monarquía, logra la legalización del PCE en 1977 y gana su escaño en el Parlamento. Según el escritor Javier Cercas, el triunfo del sistema democrático en España lo lograron tres traidores: Carrillo, que traicionó al comunismo; Suarez, traidor a la Falange; y el general Gutiérrez Mellado, que traicionó al ejército de Franco. El 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Tejero, al mando de guardias civiles armados, irrumpe en el Congreso. Cuando los guardias civiles ametrallan el techo del hemiciclo y Tejero ordena que los diputados se echen al suelo, solo quedan sentados los tres traidores: Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo.
Santiago Carrillo dimite en 1982 como secretario general del PCE y es expulsado. Lagunero deja de subvencionar al partido. Cuando muere Carrillo, que no ha dejado de ser un referente en la política española, en el 2012 a los 97 años de edad (¡y sin dejar de fumar!), Lagunero dice que ha muerto su padre, su amigo, su camarada.