Archivo por meses: noviembre 2025

Citas sobre Carrillo

Santiago José Carrillo Solares nació en Gijón en 1915. Durante la Guerra Civil, el Partido Comunista de España (PCE) le nombró delegado de Orden Público y miembro de la Junta de Defensa de Madrid, cargos por los que posteriormente le involucraron en la decisión de los multitudinarios fusilamientos realizados en Paracuellos del Jarama; pero él negó siempre, agriamente, haber intervenido en tal decisión. En febrero de 1939 se exilió y en 1960 fue elegido secretario general del PCE. En 1974 creó, con el opusdeísta Calvo Serer y el notario García Trevijano, la Junta Democrática para oponerse al régimen franquista. Tras la muerte de Franco entró en España disfrazado, sin gafas y con peluca, de la mano de Teodulfo Lagunero, un millonario vallisoletano constructor de urbanizaciones que apoyó monetariamente al PCE, al que Carrillo confiesa que «el atentado a Carrero no ha sido obra de aficionados» (¿la CIA?) y que «los de ETA son gentuza y deberían estar todos muertos».

En su apuesta por la democracia, Carrillo acepta a la monarquía, logra la legalización del PCE en 1977 y gana su escaño en el Parlamento. Según el escritor Javier Cercas, el triunfo del sistema democrático en España lo lograron tres traidores: Carrillo, que traicionó al comunismo; Suarez, traidor a la Falange; y el general Gutiérrez Mellado, que traicionó al ejército de Franco. El 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Tejero, al mando de guardias civiles armados, irrumpe en el Congreso. Cuando los guardias civiles ametrallan el techo del hemiciclo y Tejero ordena que los diputados se echen al suelo, solo quedan sentados los tres traidores: Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo.

Santiago Carrillo dimite en 1982 como secretario general del PCE y es expulsado. Lagunero deja de subvencionar al partido. Cuando muere Carrillo, que no ha dejado de ser un referente en la política española, en el 2012 a los 97 años de edad (¡y sin dejar de fumar!), Lagunero dice que ha muerto su padre, su amigo, su camarada.

Una cita de Franco

El 20 N de 1975 muere Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, caudillo de España por la gracia de Dios, como rezan las monedas acuñadas con su efigie. Nacido en 1892 en Ferrol, ingresó a los catorce años en la Academia de Infantería de Toledo y a los veintiuno, en Marruecos, ascendió a capitán. En 1920 fue el cofundador de la Legión y tres años después su primer comandante. En una carrera imparable, consiguió el generalato en 1926 y la dirección de la Academia Militar de Zaragoza en 1928. Por desavenencias con el Gobierno fue trasladado a la Capitanía General de Canarias desde donde , el 18 J de 1936, se sumó a la rebelión contra la Segunda República e invadió el sur de la península con sus tropas moras.

El primero de octubre de 1936 llegó su gran momento: fue nombrado por sus compañeros de armas generalísimo y jefe de gobierno de la zona ‘nacional’ de España, aunque su hermano Nicolás se encargó de que en el edicto apareciese como jefe de Estado. Se dice que, con la ayuda de Mussolini y Hitler, pudo haber ganado la guerra en unos meses, pero el prefirió llegar a una paz asentada sobre tierra muerta: «Después de cada uno de mis éxitos, disminuirá el número de rojos que tengo ante mí y detrás de mí». Morían sus enemigos y sus amigos rivales (Sanjurjo, Mola, José Antonio). Acabada la guerra no había capacidad de contestación, pero por si acaso en 1940 se fusilaba por millares, en 1945 por centenas, en 1955 por decenas y unos meses antes de su muerte se fusilaron a tres miembros del FRAP y dos de ETA. Durante su larguísima dictadura, el Movimiento y el Ejército garantizaban el orden y reglamentaban la justicia.

Que el buen Dios lo mantenga en su seno.

Citas de Azaña

Manuel Azaña Díaz-Gallo (Alcalá de Henares,1880 – Montauban,1940) era hijo de una familia que poseía fábricas de aceite y jabón en Alcalá de Henares y procedía de un pueblo toledano anteriormente llamado Azaña y que hoy en día se le conoce con el nombre de Numancia de la Sagra. Aunque fue abogado, periodista y escritor, presidente del Ateneo de Madrid, premio nacional de Literatura por su biografía de Juan Valera y autor de la novela anticlerical ‘El Jardín de los Frailes’, es un personaje histórico por su trascendental actividad política. Fundó el partido Acción Republicana, en oposición a la dictadura de Primo de Rivera y a la monarquía de Alfonso XIII. Después de la abdicación del rey y de la Constitución de la Segunda República el 14 de abril de 1931, fue, sucesivamente, ministro de la Guerra, primer ministro y presidente de la República.

En su intensa vida política impulsó numerosas y profundas reformas sociales: reducción de una tercera parte del número de oficiales del ejército, dándoles el retiro con paga; promulgación del Estado laico, que comprendía la enseñanza laica, la eliminación en dos años del presupuesto para el clero, la disolución de los jesuitas y la confiscación de sus propiedades; abolición de la pena de muerte; reducción a la mitad del número de funcionarios; derecho de voto para las mujeres; redistribución de las tierras. En la reforma agraria cada partido político presentaba una propuesta y Azaña pidió la expropiación sin indemnización, lo que motivó el siguiente comentario del líder socialista Largo Caballero: «Nos deja usted a la derecha. Si esas cosas las dijéramos nosotros, se alarmarían todos. Las dice usted y nadie se asusta». La suma de todas estas reformas constituyó una revolución. Una revolución pacífica y con un resultado sorprendente: desde 1931 a 1935 aumentaron los salarios permaneciendo estable el costo de la vida.

La estatura moral de Azaña se puede medir por algunas de las frases que dejó escritas: «Me daría vergüenza pertenecer a un país donde nadie tuviera que hacer más que hablar mal los unos de los otros». «El talento es un don natural. La sabiduría está al alcance de quien la quiera: basta estudiar para ser sabio». «De chico me enseñaban a probar la existencia de Dios con el argumento del orden maravilloso reinante en el universo. Y yo me preguntaba: si no hubiese Dios, ¿andarían por el espacio las estrellas dándose trompicones?». «La política y el poder no me han envanecido. La Morcuera me interesa más que la mayoría parlamentaria y los árboles del jardín más que mi partido». «La vida es un funesto don. Hasta el estúpido e irracional temor de perderla hace este don más funesto».

En febrero de 1936, Azaña formó gobierno con el Frente Popular, constituido por liberales, socialistas, comunistas y anarquistas. Meses después se subleva parte del ejército y comienza la guerra civil, que acaba con la victoria de aquellos que no querían las reformas sociales establecidas. Nuevas personalidades dirigen la política española. He aquí la opinión que merece Azaña a una de esas personalidades, un líder falangista: «Azaña era maricón. La prueba es que tenía las manos regordetas y que se casó tarde, mucho más tarde que los hombres de verdad».

Mas allá del día de todos los santos

Hace nueve años murió mi hermana Isabel. Su sepelio fue una gran manifestación de duelo al estilo católico: exposición del ataúd, funeral de ‘corpore insepulto’ con eucaristía, e inhumación del cadáver en la tumba familiar ¡Qué insufrible dolor para su gente ver desaparecer el ataúd en esa especie de pozo! Hoy en día es más frecuente la cremación de los restos. Los protestantes la aceptaron a comienzos del siglo XX y el papa Pablo VI la permitió en 1963. Tras la cremación, los huesos se pulverizan y, junto a las cenizas, se guardan en una urna que queda a disposición de los familiares; pero el Vaticano dice que en vez de esparcir o guardar en casa las cenizas deben inhumarse en lugar sagrado, evitando que el difunto sea olvidado ¿Por qué no añadir a la urna análisis de ADN realizados en vida? ¿Es admisible esta idea para las religiones, para las diversas culturas? ¡Qué facilidad para algunos procesos judiciales! ¡Qué ahorro de terreno supondría para los cristianos sustituir los vastos cementerios por templos dotados incluso de vídeos recordatorios!