Citas de Azaña

Manuel Azaña Díaz-Gallo (Alcalá de Henares,1880 – Montauban,1940) era hijo de una familia que poseía fábricas de aceite y jabón en Alcalá de Henares y procedía de un pueblo toledano anteriormente llamado Azaña y que hoy en día se le conoce con el nombre de Numancia de la Sagra. Aunque fue abogado, periodista y escritor, presidente del Ateneo de Madrid, premio nacional de Literatura por su biografía de Juan Valera y autor de la novela anticlerical ‘El Jardín de los Frailes’, es un personaje histórico por su trascendental actividad política. Fundó el partido Acción Republicana, en oposición a la dictadura de Primo de Rivera y a la monarquía de Alfonso XIII. Después de la abdicación del rey y de la Constitución de la Segunda República el 14 de abril de 1931, fue, sucesivamente, ministro de la Guerra, primer ministro y presidente de la República.

En su intensa vida política impulsó numerosas y profundas reformas sociales: reducción de una tercera parte del número de oficiales del ejército, dándoles el retiro con paga; promulgación del Estado laico, que comprendía la enseñanza laica, la eliminación en dos años del presupuesto para el clero, la disolución de los jesuitas y la confiscación de sus propiedades; abolición de la pena de muerte; reducción a la mitad del número de funcionarios; derecho de voto para las mujeres; redistribución de las tierras. En la reforma agraria cada partido político presentaba una propuesta y Azaña pidió la expropiación sin indemnización, lo que motivó el siguiente comentario del líder socialista Largo Caballero: «Nos deja usted a la derecha. Si esas cosas las dijéramos nosotros, se alarmarían todos. Las dice usted y nadie se asusta». La suma de todas estas reformas constituyó una revolución. Una revolución pacífica y con un resultado sorprendente: desde 1931 a 1935 aumentaron los salarios permaneciendo estable el costo de la vida.

La estatura moral de Azaña se puede medir por algunas de las frases que dejó escritas: «Me daría vergüenza pertenecer a un país donde nadie tuviera que hacer más que hablar mal los unos de los otros». «El talento es un don natural. La sabiduría está al alcance de quien la quiera: basta estudiar para ser sabio». «De chico me enseñaban a probar la existencia de Dios con el argumento del orden maravilloso reinante en el universo. Y yo me preguntaba: si no hubiese Dios, ¿andarían por el espacio las estrellas dándose trompicones?». «La política y el poder no me han envanecido. La Morcuera me interesa más que la mayoría parlamentaria y los árboles del jardín más que mi partido». «La vida es un funesto don. Hasta el estúpido e irracional temor de perderla hace este don más funesto».

En febrero de 1936, Azaña formó gobierno con el Frente Popular, constituido por liberales, socialistas, comunistas y anarquistas. Meses después se subleva parte del ejército y comienza la guerra civil, que acaba con la victoria de aquellos que no querían las reformas sociales establecidas. Nuevas personalidades dirigen la política española. He aquí la opinión que merece Azaña a una de esas personalidades, un líder falangista: «Azaña era maricón. La prueba es que tenía las manos regordetas y que se casó tarde, mucho más tarde que los hombres de verdad».

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