Una cita de Franco

El 20 N de 1975 muere Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, caudillo de España por la gracia de Dios, como rezan las monedas acuñadas con su efigie. Nacido en 1892 en Ferrol, ingresó a los catorce años en la Academia de Infantería de Toledo y a los veintiuno, en Marruecos, ascendió a capitán. En 1920 fue el cofundador de la Legión y tres años después su primer comandante. En una carrera imparable, consiguió el generalato en 1926 y la dirección de la Academia Militar de Zaragoza en 1928. Por desavenencias con el Gobierno fue trasladado a la Capitanía General de Canarias desde donde , el 18 J de 1936, se sumó a la rebelión contra la Segunda República e invadió el sur de la península con sus tropas moras.

El primero de octubre de 1936 llegó su gran momento: fue nombrado por sus compañeros de armas generalísimo y jefe de gobierno de la zona ‘nacional’ de España, aunque su hermano Nicolás se encargó de que en el edicto apareciese como jefe de Estado. Se dice que, con la ayuda de Mussolini y Hitler, pudo haber ganado la guerra en unos meses, pero el prefirió llegar a una paz asentada sobre tierra muerta: «Después de cada uno de mis éxitos, disminuirá el número de rojos que tengo ante mí y detrás de mí». Morían sus enemigos y sus amigos rivales (Sanjurjo, Mola, José Antonio). Acabada la guerra no había capacidad de contestación, pero por si acaso en 1940 se fusilaba por millares, en 1945 por centenas, en 1955 por decenas y unos meses antes de su muerte se fusilaron a tres miembros del FRAP y dos de ETA. Durante su larguísima dictadura, el Movimiento y el Ejército garantizaban el orden y reglamentaban la justicia.

Que el buen Dios lo mantenga en su seno.

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