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Ho Chi Minh y Vietnam

Ho Chi Minh, el que ilumina, nació en 1890 en Vietnam, colonia francesa. Vivió en Londres y París desempeñando oficios humildes. En el Cantón comunista creó una asociación de jóvenes revolucionarios vietnamitas, fundando después el Partido Comunista de Indochina y el Viet-Minh, la liga por la independencia de Vietnam, que consiguió en 1945, siendo proclamado presidente de la República Democrática de Vietnam, cargo que ostentó hasta su muerte. Condujo a su país a la victoria total sobre Francia en 1954, tras la batalla de Dien Bien Fu, y al reparto de Vietnam en dos mitades: el norte pobre y comunista y el rico sur tutelado por Estados Unidos. La pobreza del territorio le hizo tomar medidas de extremada dureza, purgas incluidas al ‘estilo Stalin’, a pesar de las cuales la gente siguió apreciando la calidad humana del tío Ho.

El primer ministro del sur, Ngo Dihn Diem, no quiso celebrar elecciones generales para unificar todo Vietnam como se había acordado en una reunión internacional celebrada en Ginebra y el norte se decidió por la guerra. El Viet Cong, constituido por survietnamitas armados por el norte, procedió a aleccionar al pueblo y a hacer la guerra de guerrillas. EEUU armó y dio apoyo a un Diem que, designando a católicos para altos cargos en detrimento de los budistas, iba perdiendo respaldo popular. Un complot acabó con la vida de Diem y de su hermano Nhu y el general Nguyen Cao Ky se hizo con el poder.

El presidente Johnson envió más tropas y ordenó que se efectuasen bombardeos sobre el norte. En 1967, cuando el número de soldados estadounidenses se acercaba a 400.000, Nguyen Van Thieu era el presidente del sur con Ky como vicepresidente. En EEUU tienen lugar manifestaciones en contra de la participación en una ‘guerra civil’ y se producen actos de insumisión. En 1968 el Viet Cong protagonizó la gran ofensiva del Tet (año nuevo lunar) y los estadounidenses se convencieron de que no podían ganar sino en años. Johnson detuvo los bombardeos y Nixon, el nuevo presidente, anunció la retirada escalonada de los más de medio millón de sus soldados, ofreciendo a Thieu más armas y ayuda económica. No obstante, Nixon extendió los bombardeos a Laos y Camboya, donde luchaban tropas norvietnamitas, e incluso a Hanoi. En 1973, el secretario de estado de EEUU Henry Kissinger y el representante de Vietnam del Norte, Le Duc Tho, acuerdan en París el alto el fuego. Por esta labor recibieron ambos el premio Nobel de la Paz, aunque el norvietnamita renunció. Al año siguiente cayó Saigon. A partir de entonces, Vietnam y Laos fueron dominados por los comunistas.

Balance de la guerra: 47.000 soldados yanquis muertos y 305.000 heridos; 250.000 soldados survietnamitas muertos y 600.000 heridos; 900.000 soldados comunistas muertos (del norte y del Viet Cong) y dos millones de heridos. No se cuentan civiles. Coste de la guerra para EEUU: doscientos mil millones de dólares. Todas las cifras expuestas fueron difundidas por Estados Unidos.

(¡Maldita raza humana!)

Malraux: un intelectual entre chinos y españoles

André Malraux (1901 – 1976) es uno de los grandes personajes de la historia del siglo XX; ya en su juventud fue acusado de la apropiación indebida de obras de arte autóctonas en Camboya; después fue amigo de Trotsky, con el cual se enemistó más adelante, y de Ghandi; fundador de la primera escuadrilla aérea internacional de la guerra civil española; coronel de la resistencia francesa; interlocutor de Nixon y Mao; ministro de cultura de Charles de Gaulle durante diez años; considerado filocomunista aunque no llegó a afiliarse al partido comunista francés. Tuvo tres mujeres: Clara, judía; Josette, muerta en accidente; y Madeleine, que le abandonó porque se ahogaba en pernod.

‘La Condición Humana’ está considerada la obra maestra de Malraux. La escribió cinco años después de los hechos que narra: La revolución en Shangai del partido comunista chino, dirigido por Chu Enlai, y el Kuomingtang (partido nacionalista) de Chiang Kaishek contra los denominados ‘señores de la guerra’. Ganó el premio Goncourt de novela. En el prólogo de una edición en castellano escribe Vargas Llosa: «Obra maestra digna de ser citada junto a las que escribieron Joyce, Proust, Faulkner, Mann o Kafka. La prosa reducida a un mínimo esencial, que obliga al lector a ejercitar su fantasía para llenar los espacios apenas sugeridos en los diálogos y descripciones». A veces parece un guion cinematográfico, incluso Eisenstein pensó en filmarla. Malraux muestra su aspecto trotskista en la elaboración de Kyo, el personaje central, trasunto de Chu, con la diferencia de que Kyo muere y Chu consiguió huir de la represión de Chiang para unirse a Mao. También muestra su misoginia: «Yo sé lo que se hace con las mujeres cuando quieren continuar poseyéndonos: se vive con ellas». Nos presenta las reivindicaciones de los obreros de Shangai en busca de la dignidad: «No más de doce horas de trabajo al día»; «No más trabajo para los niños menores de ocho años». Y grita con el padre de Kyo: «¡Se necesitan cincuenta años para hacer un hombre! Y cuando ese hombre está hecho, no sirve más que para morir».

Malraux escribió ‘La Esperanza’ un año después de los hechos para animar a la ayuda extranjera en pro de la república española y en contra de los rebeldes apoyados por Hitler y Mussolini. Aunque no era piloto, contrató una escuadrilla de unos veinte aviones pagando a los pilotos grandes sueldos con el acuerdo del ministro del aire francés. Un mes después del llamado ‘alzamiento nacional’ de Sanjurjo, Mola, Franco y compañía, ya estaban operativos en Cuatro Vientos (Madrid). La escuadrilla fue llevada a Los Llanos (Albacete) primero y a Chiva (Valencia) después, donde fueron englobados en el ejército español con Malraux como teniente coronel. A consecuencia de la pérdida de dos bombarderos se retiró o lo retiraron. Había estado medio año en la guerra y solo había sufrido heridas leves. El relato está compuesto de escenas aisladas, de imágenes cinematográficas. De hecho, en 1938 rodó ‘Sierra de Teruel’, una película basada en ‘La Esperanza’ pero ya sin esperanza.

Personajes que acompañaron a Mao

El chino Lin Biao (antes Piao), nacido en 1907, ingresó a los dieciocho años en las juventudes socialistas y comenzó su carrera militar cuando China estaba dominada por los señores de la guerra y por el imperialismo. Lin se unió a los nacionalistas de Chiang Kaishek, que estaba apoyado por la Unión Soviética y por el partido comunista de Cantón; pero cuando Chiang se ensañó salvajemente con los comunistas se unió a Mao Zedong y en 1932 era ya comandante: Chiang expulsó en 1934 a los comunistas de la provincia que ocupaban y Lin, al mando del primer cuerpo de ejército, formó la vanguardia de la retirada denominada ‘La Larga Marcha’. En 1937, nacionalistas y comunistas se unieron para hacer frente al invasor Japón. Lin fue herido en una batalla que ganó a los japoneses, por lo que estuvo tres años en Moscú en tratamiento médico y se perdió el resto de la guerra. Cuando acabó la guerra mundial con la derrota de Japón, continuó la guerra civil china. El cuerpo de ejército de Lin recuperó Manchuria y su triunfo aceleró el colapso nacionalista.

En 1949 se proclamó la República Popular China. Diez años más tarde, Lin asumió el ministerio de Defensa y se dedicó a aumentar el nivel de educación y preparación de los soldados; éstos llegaron a ser un ejemplo a seguir por los ciudadanos que culminó en la ‘Gran Revolución Cultural Proletaria’, revolución que se llevó por delante al segundo de Mao, Liu Shaogi, con lo que Lin fue nombrado sucesor. En 1971, Lin y su ejército habían amasado más poder del que gustaba a Mao, por lo que, para evitar ser purgado, planeó un golpe de Estado que fracasó. Lin murió en el ‘accidente’ del avión en el huía a la URSS. Le sustituyó Chu Enlai, el moderado.

Chu Enlai, el primer ministro perpetuo (desde la proclamación de la república en 1949 hasta su muerte en 1976), el gran negociador sutil, pragmático, afable y persuasivo, el que convenció al Kuomintang de Chiang a hacer frente común contra Japón, el que viajó por todo el mundo y gestionó las conversaciones entre Nixon y Mao, el eje estabilizador durante la caótica revolución cultural. Se despidió del mundo dejando la puerta del poder abierta para Deng Xiaoping y otros moderados.

En China se confirma la vía moderada: Chiang Ching (o Jiang Qing), la tercera esposa de Mao Zedong, es expulsada del Partido Comunista poco después de quedarse viuda. Antes había modificado la ópera tradicional china para que representase temas proletarios, un movimiento que se extendió y fue creciendo hasta culminar en 1966 en la Revolución Cultural. Años más tarde fue condenada a prisión junto a sus colegas de la Banda de los Cuatro.

Citas del libro rojo de Mao

Mao Zedong, antes Mao Tse-Tung, vivió entre 1893 y 1976. Desde 1931 fue líder del Partido Comunista Chino. Entre 1927 y 1934 organizó la guerrilla comunista contra el partido nacionalista en el poder presidido por Chiang Kai-Shek. En 1934 el Ejército Rojo inicia su famosa Larga Marcha.

Dice Mao: «Son nuestros enemigos todos aquellos que están confabulados con el imperialismo: los caudillos militares, los burócratas, la burguesía compradora, la clase de los grandes terratenientes y el sector reaccionario de la intelectualidad subordinado a ellos».

«Los principios militares del Ejército Popular de Liberación son éstos: asestar golpes primero a las fuerzas enemigas dispersas y aisladas, y luego a las concentradas y poderosas; tomar primero las ciudades pequeñas y medianas; tener por objetivo principal el aniquilamiento de la fuerza viva y no el mantenimiento de ciudades o territorios; concentrar fuerzas absolutamente superiores a las del enemigo; no dar ninguna batalla sin preparación…»

En abril de 1949 el Ejército Popular obtiene una decisiva victoria en Nanking. Dice Mao: «Un Partido disciplinado, pertrechado con la teoría marxista-leninista y que practica la autocrítica y se mantiene ligado a las masas populares; un Ejército dirigido por tal Partido; un frente único de todas las clases revolucionarias y grupos revolucionarios dirigidos por tal Partido: estas son las tres armas principales con las que hemos derrotado al enemigo».

Mao asegura: «El sistema socialista terminará por reemplazar al sistema capitalista; esta es una ley objetiva, independiente de la voluntad del hombre». Y grita: «Nuestro país y los demás países socialistas necesitan la paz. Los únicos que ansían la guerra son los grupos del capital monopolista del puñado de países imperialistas, que se enriquecen con la agresión. El imperialismo norteamericano no ha sido derribado y tiene la bomba atómica. Estoy seguro de que asimismo será derribado. También es un tigre de papel ¡Pueblos de todo el mundo, uníos y derrotad a los agresores norteamericanos y a todos sus lacayos!» (El traductor de Mao incluye a México y Canadá con los estadounidenses inadvertidamente).

Citas políticas de Ortega y Gasset

El 18 se octubre de 1955 murió, a los setenta y dos años de edad, el más grande filósofo español del siglo: el cáustico, crítico y chispeante José Ortega y Gasset, un pensador para el que vivir es ocuparse y sentirse perdido, el que dijo «yo soy yo y mis circunstancias», pero reconociendo que el hombre no forma parte de su circunstancia sino que se encuentra siempre ante ella, y matizando que la realidad fundamental es la vida individual aunque la verdad no sea individual.

Ortega, además de periodista, fue político profesional con escaño en las Cortes y, para él, «ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil». Asimismo, sostenía que «si alguien -sea un político- en un discurso hablado o escrito se desinteresa de ajustarse a la verdad, es un bárbaro». Para él, «el bolchevismo y el fascismo son dos claros ejemplos de regresión y se trata de dos movimientos típicos de hombres-masas dirigidos por hombres mediocres» y «los nacionalismos son callejones sin salida», por lo que «hay que devolver el liderazgo a los hombres cultos e independientes».

Ortega constataba que la vida del hombre medio es hoy más fácil, cómoda y segura que la del poderoso en tiempos anteriores, gracias a la democracia liberal, a la experimentación científica y a la industria, añadiendo que en un planeta sin físico-química no podrían sustentarse el enorme número de personas existente. Lamentablemente, «hoy, cuando es mayor el número de hombres de ciencia, merced al especialismo no compensado, hay menos hombres cultos».

(Si escribiera hoy en día, Ortega no emplearía la palabra ‘hombre’ en exclusiva).

Fidel recuerda al Che

Ernesto Guevara de la Serna (1928 – 1967), argentino de Rosario, atleta asmático y médico, visitó todos los países de América Latina donde se convenció de que la única solución a la degradante pobreza de las gentes era la revolución violenta; además, a causa de las implicaciones multinacionales e imperialistas, la revolución requeriría una estrategia internacional. En consecuencia, el Che se marchó a México donde se unió a los cubanos comandados por los hermanos Castro, que estaban preparando el asalto al régimen de Fulgencio Batista. ¿Y qué dice Fidel, que lo sabe todo?

Cuando se unió a los cubanos, el Che fue bien recibido «porque era de esas personas a las que todos le toman afecto inmediatamente, por su naturalidad, su sencillez, su compañerismo y su originalidad». Fidel y el Che sintonizaron: «yo era comunista utópico, él era leninista y hasta reconocía algunos méritos de Stalin, como la industrialización». El general español Alberto Bayo, que era el instructor de los guerrilleros cubanos, decía que el Che era su mejor alumno, y Fidel cuenta que «intentaba escalar todos los fines de semana el Popocatépetl; no logró nunca llegar a la cima de 5.482 metros por culpa del asma, pero siempre lo intentaba». Cuando desembarcaron en Cuba en 1956, los supervivientes, con el Che herido, subieron a Sierra Maestra. Allí, «siempre era el primer voluntario y el médico del grupo, asistía a los heridos propios y a los enemigos; era un modelo de hombre pero asumía demasiados riesgos». «Él fue el primer comandante que nombramos, al mando de una columna independiente».

El 2 de enero de 1959 los guerrilleros toman la Habana y «el Che empieza inmediatamente a dar clases a todos aquellos campesinos, a hacer escuelas y a instruir a la gente». Ya como ciudadano cubano, es enviado a misiones comerciales en las que ataca el colonialismo e imperialismo estadounidense y, dentro del país, trabaja en contra de los anticomunistas y de los partidarios de la reforma agraria blanda. Es nombrado, sucesivamente, presidente del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, director del Banco Nacional de Cuba y ministro de Industria. «Cualquier tarea que se le asignara era capaz de desempeñarla, ¡qué disciplina, qué vocación, qué abnegado, qué ejemplar, qué estudioso, qué austero! Prefería los valores morales a los materiales. Iba a los cañaverales a cortar caña, a la construcción con una carretilla, a cargar sacos. Esos valores fundamentales son los que preservaron la revolución».

En abril de 1965 deja la vida pública y continúa la revolución en secreto. «Siempre, desde el comienzo, tenía ese proyecto de contribuir a la revolución en Argentina. Tenía mucha vocación internacionalista, decía que había que crear muchos Vietnam y era más partidario de China que de los soviéticos». «Le planteamos que no se impacientara, pero él sabía que si esperaba más tiempo no estaría en mejores condiciones físicas. Se fue al Congo con 150 hombres bien armados, pero a los congoleños les faltaba una cultura de guerra ¡Con qué entusiasmo se fue a Bolivia en octubre de 1966! Yo no quería que fuera a Bolivia a organizar un grupo pequeñito, sino que esperara a que estuviera organizada fuerza ¡Errores grandes! Herido y sin fusil lo llevaron a La Higuera y el 9 de octubre de 1969, a mediodía lo ejecutaron a sangre fría por instrucciones de los agentes estadounidenses».

El panegírico de Fidel: «Queremos que nuestros hijos sean como el Che. Nuestra revolución se interesó por desarrollar una educación para que todos sean como el Che. Cayó defendiendo la causa de los pobres y los humildes. Lo recuerdo siempre como uno de los hombres más nobles, más desinteresados, una de las personalidades más extraordinarias que he conocido». Muere el Che Guevara y nace un mito que se extiende por toda la Tierra.

(Hoy en día, con Cuba agonizando, Leonardo Padura recuerda aquellos tiempos en los que, dice, los escolares vivían en un constante estado de miedo).