La enseñanza de las ciencias comenzaba con una definición dogmática: «La naturaleza es el conjunto de seres creados por Dios».
La Biología se presentaba de forma descriptiva. Por ejemplo, los animales vertebrados consistían en reptiles, anfibios, peces, aves y mamíferos, cada uno de ellos con sus respectivas familias e individuos. Así, los mamíferos comprendían a los bimanos, cuadrumanos, solípedos, paquidermos, rumiantes, roedores, cetáceos y quirópteros, y de cada uno de ellos se exponían algunos individuos. Se estudiaba el reino animal, pero no se empleaba la palabra zoología; se estudiaba el reino vegetal, pero no se empleaba la palabra botánica; ni tampoco otras palabras clasificatorias como fisiología, citología, anatomía, ecología, genética… Por supuesto, no se daba una secuencia entre los seres vivos ¡La teoría evolutiva de Darwin no existía!
El hombre era definido como un animal racional compuesto de dos partes: un cuerpo mortal y un alma inmortal. En Física, se definía «el Universo como el conjunto de astros creado por Dios». Además, se hacía una afirmación ya entonces totalmente obsoleta: «El éter es un fluido invisible e impalpable. Sus vibraciones hacen que ocurran fenómenos como la luz y el calor». En Química, se aseguraba que «las sustancias se distinguen mezclándolas con indicadores como el tornasol y la fenolftaleína».
En Aritmética, las cuatro reglas (suma, resta, multiplicación y división) se aplicaban a los cambios de unidades en el sistema métrico (longitud, superficie y volumen) y a los cálculos con la ‘regla de tres’ de los porcentajes, de los repartos proporcionales directos e inversos, del interés simple y de ¡la regla de compañía! que «tiene por objeto repartir proporcionalmente las pérdidas o ganancias de un negocio entre los socios que en él han participado».
La Geometría era un juego interesante: el cálculo de áreas de polígonos regulares (perímetro por apotema dividido por dos) e irregulares (por descomposición en figuras sencillas; el dibujo geométrico con regla, compás, escuadra y cartabón; la construcción de poliedros…
La Geografía Natural «estudia los hechos geográficos debidos a la mano de Dios». No obstante, no podía ignorarse que la Tierra se fragmentó en continentes «debido a su movimiento de rotación». (Todavía no se había admitido la tectónica de placas de Wegener, esto es, los movimientos de convección debidos al calor interno, de origen radiactivo, de la Tierra). Estos continentes se denominaban Eurasia, Américas Norte y Sur, África, Antártida y Australia, y estaban rodeados por los océanos Pacífico, Atlántico, Índico, Ártico y Antártico. Los continentes no se correspondían con las «partes del mundo» (Europa, Asia, África, América y Oceanía), porque estas eran estudiadas en la Geografía Humana. Los niños aprendían que el mundo estaba habitado por razas humanas diferentes, constituidas por «grupos de hombres con análogos caracteres físicos y espirituales», pero que se distinguen por el color de la piel, que «parece debido a la acción perseverante del clima» y ha resultado en cinco gamas: blanco, negro, amarillo, cobrizo y aceitunado. Los caracteres espirituales, asignados a las creencias religiosas, no se correspondían con los colores. Se citaban como religiones, además del cristianismo, el mahometismo, el brahmanismo y el budismo, (pero no el judaísmo, religión del pueblo que asesinó a Dios).