Suponemos que una democracia debe tener en cuenta (e incluso adaptar su constitución, si la tiene) a la ‘Declaración Universal de los Derechos Humanos’, aprobada por unanimidad en la Asamblea General de la ONU en 1948. Aunque esta declaración no es un tratado de obligaciones legales, ha adquirido un estatus jurídico importante y ha sido empleada por algunas naciones como un baremo del sistema democrático. Se puede decir que no hay democracia sin los derechos humanos que se exponen a continuación.
Derecho a: La igualdad ante la ley; la protección contra los arrestos arbitrarios; un juicio justo; la propiedad privada; trabajo y a escogerlo libremente; igual salario por igual trabajo; sindicarse; ocio y descanso; un estándar de vida adecuado; la educación. Libertades de : conciencia, pensamiento y religión; opinión y expresión; asociación y asambleas pacíficas.
En los países avanzados, ¿qué sistema democrático cumple todos estos requisitos? Y no hablemos de las demás naciones.
Las democracias suponen el imperio de las mayorías; pero, ¿qué oportunidades tienen las minorías? Los gobiernos democráticos, representativos, por su propia esencia, luchan contra el poder de las minorías, pero existe la posibilidad de entendimientos y coaliciones entre las distintas minorías para conseguir reivindicaciones y cuotas de poder, e incluso una democracia de nuevo cuño con el poder compartido.
Las democracias actuales no gustan de las decisiones políticas directas, pero hoy en día, con las rapidísimas y universales comunicaciones existentes, es posible realizar referendos inmediatos. Podría de este modo aparecer un nuevo tipo de democracia directa o semidirecta, con un debate posterior a la consulta.
Todos los gobiernos democráticos se lanzan al aumento del Producto Interior Bruto, minimizando los riesgos ecológicos y sociales que conlleva. Parece necesario, en las peligrosas circunstancias actuales, dar prioridad a los problemas del medio ambiente.
Con las eficaces comunicaciones existentes, es impensable que continúe esa enorme complejidad burocrática, tanto estatal como privada ¡Cuántas empresas emplean más tiempo en el papeleo oficial, interno y externo, que en , por ejemplo, investigación! ¡Cuántos cambios son posibles y necesarios! Menos petróleo (que no quemen, que lo procesen los químicos) y más energías renovables. Frente al centralismo y a los nacionalismos, transnacionalidades ¿Y qué hacer con los problemas económicos? ¿Qué hacer con la Banca y los banqueros, con las empresas y los empresarios del beneficio como meta primordial? ¿Qué hacer con los multimillonarios, buscadores del beneficio sin fin, que entran en política para transformar las democracias en dictaduras? ¿Qué hacer con el sistema capitalista, tantas veces en contra de la soberanía del pueblo?