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Grass y Alberti: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (13)

GRASS

Günter Grass nació en la alemana Danzig en 1927, ciudad que después fue polaca con el nombre de Gdansk. Recibió el premio Nobel de literatura en 1999. En su obra ‘Pelando la cebolla’ cuenta que era hijo de tenderos y que actuó como recaudador de deudas del comercio paterno cuando contaba con diez y once años. Dice haber sido un precoz lector de Historia, sobre todo de las sangrientas Edad Media y guerra de los treinta años, convirtiéndose en un joven nazi, miembro de las juventudes hitlerianas. Imbuido de un romántico ardor guerrero, se presentó voluntario, a los dieciséis años, para servir en los submarinos de guerra, pero fue desechado y enviado a un campo de trabajo preparatorio. Lee ‘Sin novedad en el frente’ del gran pacifista Erich María Remarque, y recuerda cómo un par de botas va cambiando de propietario a medida que van reventando uno tras otro. También lee ‘Tempestades de acero’ de Ernst Jünger, el místico de la guerra, que la celebra como aventura y prueba de virilidad. (En la obra ‘Mi siglo’, Grass evoca la Primera Guerra Mundial, con las trincheras, los gases de cloro, las bayonetas y los aviones, mediante una conversación entre los dos autores). Participa en la guerra encuadrado en los tanques anticuados de la Waffen SS, que sufren una paliza desmoralizadora y comienza su conversión: se causa una ictericia fingida bebiendo aceite recalentado de una lata de sardinas para ir al barracón de enfermería; haciendo de sirviente se mea en el café de los oficiales y, después, en sí mismo durante un furioso cañoneo enemigo. Con su unidad destruida, marcha errante con el miedo a que lo ahorquen por carecer de hoja de ruta, pero es asignado a una tropa de choque, ‘el destacamento de ascensión a los cielos’. Herido en el hombro (con una esquirla que llevó de por vida) y en el muslo fue hospitalizado en Marienbad.

«El Führer se había ido, como si no hubiera existido nunca». Grass ingresa en un campo de trabajo británico, en el que pasa un hambre terrible; se apunta a un curso de cocina impartido por un tipo para él inolvidable (ahí empezó la afición que le acompañó toda su vida y demostró en su obra ‘El rodaballo’). Al ser definitivamente liberado, trabajó con dieciocho años en una mina de potasa, en donde asiste a las discusiones políticas de sus compañeros, se inclina por el socialismo democrático y se aleja de la religión. Dice: «Como el ser humano pasa por ser el fiel retrato de Dios, se podría considerar a Dios como el espantajo original». «El canciller Adenauer parecía una máscara, detrás de la cual se escondía todo lo que yo odiaba; la hipocresía que se las daba de cristiana… mentirosas aseveraciones de inocencia… y rectitud de una pandilla de criminales disfrazada». Sacó a su hermana (¿la violaron durante la guerra, de niña, los rusos?) del noviciado, «cayó en la trampa de la hipocresía organizada». Recuerda que compartió lona y juego de dados con un soldado llamado Joseph Ratzinger que «quería ser obispo, que hablaba de manera reflexiva, fanática, sensible y llena de amor sobre la única religión verdadera; ahora quería ser infalible como papa».

Estudiante de arte en Dusseldorf, traficó en el mercado negro, fue escultor de lápidas y batería tocando sobre una lámina metálica (el tambor de hojalata) en un trío de jazz al que se sumó en una ocasión el mismísimo Louis Armstrong durante cinco minutos. Animado por la asociación de escritores Grupo 47 escribió poemas y obras de teatro de poco éxito, éstas influidas por Ionesco, Beckett y Brecht. «Hasta entonces, entre pintores y escultores, con cerveza y aguardiente, había sido un cliente en la barra: ahora, desde el amanecer, se me veía sentado con literatos ante un vaso de vino». En 1956 se fue a París y produjo su obra cumbre: ‘El tambor de hojalata’, una novela picaresca escrita en una variedad de estilos, que distorsiona y exagera sus experiencias personales: el dualismo polaco – alemán de Danzjg, la nazificación de las familias de clase media, el arrepentimiento por los años de guerra, la llegada de los ‘ruskis’ y la atmósfera complaciente de la Alemania occidental después de la guerra con el milagro económico. «Me resultaba muy fácil escribir de la mañana a la noche»

En sus diarios publicados (‘La estrategia del caracol’, ‘De Alemania a Alemania’) cuenta su participación en el Partido Socialdemócrata (SPD), su lucha por las causas sociales y literarias, y sus discrepancias sobre la reunificación alemana: «Una ganga llamada República Democrática Alemana (RDA)». «Un ejército de administrativos occidentales… funcionarios coloniales. La gente de la RDA volverá a ser estafada». «Kohl estuvo aquí y preguntó a las masas: ¿Queréis la unidad de Alemania? ¿Queréis nuestro bienestar? Más vulgar no se puede ser». Y escribe al candidato socialdemócrata Oskar Lafontaine: «Esta política carece de toda idea que vaya más allá de la economía del marco. Apiádate de la gente de la RDA».

Tiene una finca en la punta sur de Portugal, cerca de Faro, donde planifica un libro, planta árboles, cocina y dibuja sin parar. Dice que «en Portugal se pone de manifiesto qué fuerza destructora emana de la Comunidad Económica Europea… sumas ingentes en construcción de carreteras… destruyen la agricultura… desplazan los productos portugueses para sustituirlos por españoles». Echa un vistazo a los países del entorno alemán: «Qué relativamente feliz es este país pobre (la República Checa), porque no tiene ningún hermano rico». «Junto a los alemanes de segunda clase pronto habrá checos y polacos de tercera y cuarta clase». Los avances sobre el futuro raramente funcionan, es más seguro dar noticia del presente: «Los alemanes, campeones de futbol en 1990; la república, más ruidosa, más feliz que cuando la caída del Muro».

Günter Grass, que no acabó el bachillerato y llegó a doctor ‘honoris causa’ y premio Nobel «por sacar a flote y dar forma, con la materia del pasado capturado por su enérgica prosa, a una apasionada reconstrucción de los rasgos de identidad de su país». Günter Grass, cocinero, escultor, pintor, poeta, dramaturgo, novelista, ‘la conciencia de su generación’, murió a los ochenta y siete años de edad en Lübeck, Alemania.

ALBERTI

Rafael Alberti fue, según uno de sus estudiosos, «un gran pintor – poeta, un poeta visual, óptico y gráfico, capaz de releer y refundar toda la tradición». Nació en 1902, nieto de italianos y andaluzas, en El Puerto de Santa María (Cádiz), y pasó su vida añorando «un melancólico lugar de retamas blancas y amarillas llamado La Arboleda Perdida» cercano al sitio de su cuna y que dio nombre a sus libros de memorias. En 1917 su familia se traslada a Madrid, donde Rafael, según Gregorio Prieto, da suelta a su «retozón afán de notoriedad sobresaliente». En 1923 contrae tuberculosis, publica el libro de poemas ‘Marinero en tierra’ y, en 1925 recibe el Premio Nacional de Literatura. Su obra más difícil, estudiada y controvertida (¿surrealista?) es ‘Sobre los ángeles’, escrita en 1927 – 1928 bajo «¿qué espadazo de sombra me separó casi insensiblemente de la luz, de la forma marmórea de mis poemas inmediatos, del canto aún no lejano de las fuentes populares, de mis barcos, esteros y salinas, para arrojarme en aquel pozo de tinieblas?» Una depresión juvenil, en la que escribiría: «Se necesita billete para entrar en el cielo… Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura». En 1930 rompe la relación con la pintora Maruja Mallo (la bruja Maruja) y se fuga con María Teresa León, que fue su compañera hasta que murió de Alzheimer («esas cosas desgarradoramente lentas») en 1988. «Ella había sido para mí todo… yo no sabía ni cómo se rellenaba un cheque… a veces me hubiera arrojado al Tévere». «Era una mujer de una fuerza increíble… después de Pasionaria, una de las mujeres más destacadas de la España republicana… Participaba en mítines, en cualquier acto solidario al que se le llamaba… y sin disfraz de proletaria». (Una vez viudo, Alberti se casó con María Asunción Mateo, escritora como María Teresa y separada con dos hijos ¡Qué parecido físico entre sus dos esposas y su primer amor, una niña llamada Milagritos!).

La llegada de la Segunda República en 1931 propicia que su vida y su obra «estén al servicio de la revolución española y del proletariado español… Antes, mi poesía estaba al servicio de mí mismo y de unos pocos. Hoy, no». Reacciona contra el «espíritu católico español, reaccionario, salvaje, que nos entenebreció desde niños los azules del cielo, echándonos cien capas de ceniza, bajo cuya negrura se han asfixiado tantas inteligencias verdaderas». Según Azorín, «Rafael Alberti se vuelve con los brazos abiertos hacia el pueblo, porque sólo el pueblo y sólo la naturaleza podían darle el punto de apoyo necesario para salir de la situación mental y socialmente crítica en que se encontraba». Rafael y Mª Teresa compusieron la famosa letra: «Puente de los franceses nadie te pasa / porque los milicianos qué bien te guardan», y fundaron, con su amigo Bergamín, el periódico ‘El mono azul’ (por el traje proletario).

Alberti, del Partido Comunista, huye a Francia, dejando en España centenares de miles de muertos y el cadáver de su amigo Federico García Lorca. «Picasso nos facilitó los billetes para salir de Francia cuando los nazis entraron en París». Rafael y Mª Teresa vivieron en la acogedora Argentina hasta 1961. Allí se representaron sus obras de teatro, «un teatro desnudo de artificios, en el que la fuerza del texto no quede relegada ante el excesivo despliegue escenográfico», como ‘Noche de guerra en el museo del Prado’, que fue copiado por Mujica Láinez en ‘Un novelista en el museo del Prado’. En Argentina se reencontró con la primerísima actriz Margarita Xirgu, exiliada también, aunque católica, porque hubiese gritado ¡Viva la República! en el último acto de la obra de Alberti ‘Fermín Galán’.

Desde Argentina, Rafael y Mª Teresa fueron a Italia, donde vivieron hasta su vuelta a España en 1975. Alberti fue elegido diputado por el Partido Comunista, pero renunció al escaño confiando en que los jóvenes, más informados que ´él, mejorasen su actuación política. Rechazó la propuesta de Dámaso Alonso de ser académico de la Real Academia Española (recordaba cómo de joven se meó en sus muros), pero aceptó la entrada en la Academia de San Fernando. Muerta Mª Teresa, cansado de la vida madrileña («Madrid es un enorme garaje») se retira con Mª Asunción a una casa con jardín de su añorado Cádiz, donde recuerda a sus amigos: «Dalí un día fue a comprar un sello para una carta y echó en el buzón la carta con el sello y la calderilla con el cambio, porque creía que formaba parte del franqueo» (después, bajo la influencia de Gala, Salvador Dalí se convirtió en ‘Avida Dolars’); a la muerte de Picasso, «¿cómo podrían haberse cerrado los ojos más maravillosos de la tierra?»; recibe el piropo de uno de sus admiradores «¡Qué bonito que eres, me cago en todos tus muertos!» Y pone belén, recibe regalos de reyes magos y canta a dúo con Marcos Ana: «La Virgen es radical / San José es socialista / y el niño que va a nacer / del Partido Comunista».

Alberti recuerda a alguno de sus favoritos: «Góngora era un maestro revolucionario del idioma, dejó escritas las estrofas más originales y suntuosas de nuestra poesía: ‘Tú eres tiempo el que te quedas / y yo soy el que me voy’, escribió»; «Juan Ramón es uno de los poetas más destacados de este siglo… no vivía, y tampoco (seguramente) quería vivir, para oír otra cosa que no fuese la poesía»; «Machado tiene otra dimensión, su voz era más entrañable… está por encima de cualquier moda o modo… Era un santo… alejado de cualquier comidilla o conspiración literaria»; «Baudelaire: ‘Embriagaos de amor, de virtud, de poesía o de vino. Cuidad siempre de estar ebrios’, aconsejaba»; «Goya, el primero que ha bajado a la calle, …el que hizo suyo ese claroscuro candente y aguafuerte de España».

Rafael Alberti no llegó, como soñaba, a conocer el año 2015, tampoco le concedieron, por comunista, el premio Nobel, no tenía ni el bachillerato elemental, pero fue doctor ‘Honoris Causa’ por seis universidades.

Saramago: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (12)

SARAMAGO

El primer premio Nobel de literatura en lengua portuguesa le correspondió a José Saramago, «por su arte narrativo, desarrollado con obstinación y profundidades insospechadas». José nació en 1922 en una aldea «en una familia muy pobre, campesina y analfabeta» y dice de sí mismo que era «desde muy niño, callado, reservado, melancólico, nunca he tenido la risa fácil, incluso la sonrisa es algo que me cuesta trabajo, las alegrías y tristezas son en mí interiores». Tuvo una corta experiencia como periodista en la que aprendió algo: «a escribir noventa y nueve palabras cuando se necesitan noventa y nueve». En 1980, a los 58 años de edad, publica ‘Levantado del suelo’, «porque del suelo se levantan los hombres, la mies, los árboles». Esta novela inaugura un original y eficaz sistema de puntuación. Como dice José, «si usara constantemente signos gráficos de puntuación, estaría introduciendo obstáculos al libre fluir de ese gran río que es el lenguaje de la novela. Mis signos de puntuación, la coma y el punto final son signos de pausa en el sentido musical del término. El lector debe escuchar en el interior de su cabeza». (Escribía con un fondo de música clásica).

En 1982 aparece ‘Memorial del convento’, «una especie de ajuste de cuentas que no adopta las formas que suele adoptar la protesta… la ironía es mucho más viva; en ocasiones se convierte en sarcasmo, pero hay una gran piedad en todo esto». He aquí algunos tozos, que no párrafos, de esa ironía y ese sarcasmo: «… pero yo digo que Dios no tiene mano izquierda porque es a su diestra, a su mano derecha, donde se sientan los elegidos, no se habla nunca de la mano izquierda de Dios, … es el vacío, la nada, la ausencia, Dios es, pues, manco. Respiró hondo el cura y concluyó, de la mano izquierda». «Arrodillaos pecadores, que ahora mismo deberíais caparos para no fornicar más, … ahora mismo deberíais volver y vaciar vuestros bolsillos, porque en el paraíso no se requiere dinero, en el infierno tampoco,… aquí sí que el dinero es preciso, para el oro de otra custodia, para sustentar la plata de toda esta gente, a los dos canónigos que me levantan la cola de la pluvial y llevan las mitras, y a los dos subdiáconos que me alzan la cola del faldón, los caudatorios que van detrás, por eso son caudatorios».

‘El año de la muerte de Ricardo Reis’ se publica en 1984. Ricardo Reis es uno de los heterónimos del poeta Fernando António Nogueira Pessoa, natural de Lisboa, graduado en letras por la Universidad de Inglaterra, monárquico, autor del poema de exaltación nacionalista ‘Mensaje’ y fallecido en 1935 a los 47 años de edad. Pessoa, por su tendencia a la simulación, era Alberto Caerio, su despersonalización dramática, era Álvaro de Campos, la emoción que no se concedía en su vida, era António Mora, el defensor del paganismo griego (el más alto nivel de la evolución humana hacia la ciencia y no hacia la emoción). Y era Ricardo Reis, el personaje en el que el poeta ponía toda su disciplina mental, vestida de la música a ella adecuada. José siente por Ricardo Reis atracción y rechazo, siempre le había irritado su frase ‘sabio es el que se contenta con el espectáculo del mundo’. En la novela, Reis se pasea por las calles de Lisboa bajo la incesante lluvia en una soledad acompañada por el fantasma de Pessoa, con el que contempla la ciudad, recuerda y critica acontecimientos y tiene presente la cercana guerra civil española: «La declaración del cardenal Pacelli – ‘Mussolini es el mayor restaurador del imperio romano’ -, … las tropas italianas bombardeando Etiopía y Pacelli profetiza imperio y emperador». «Franco, dijo, no entraría en Madrid por no sacrificar a la parte inocente de la población (esperaría a que los niños crecieran para no sobrecargar de ángeles el cielo)». «Miguel de Unamuno, rector, dio su adhesión a la Junta de Burgos y dio 5000 pesetas al ejército nacionalista. Recomendó a Azaña que se suicidase. Su mayor admiración a la mujer española, que evitó que las hordas comunistas y socialistas se apoderaran hace tiempo de España».

‘La balsa de piedra’ ve la luz en 1986. La península ibérica, España y Portugal, se desgaja por los Pirineos y navega libre por el Atlántico. Un sueño de José: La península no pertenece a Europa y debe derivar hacia una posición intermedia entre Suramérica y África; hemos de tender hacia una federación ibérica, en la que Portugal, que representa un quinto de la población total, se equipare en derechos y obligaciones a las otras federaciones: Andalucía, Cataluña, Euskadi, Castilla, Galicia…

En 1985 publica ‘Historia del cerco de Lisboa’, en la que, según José, no hay ninguna historia verdadera, pero sí hay un suceso vital: el encuentro de José con su gran amor, con Pilar, a quien dedica la novela y la extraordinaria página que sigue: «La última hora la pasó casi toda en el balcón, con medio cuerpo oculto, acechando dónde María Sara dejará el coche. La vio aparecer en la esquina, ni deprisa ni lenta, el pelo suelto, y el deseo le puso un súbito nudo en la boca del estómago. Fue a abrir la puerta, Qué tarde, dijo, Ya se sabe, el tráfico. La puerta más próxima es la del dormitorio. Pero Raimundo Silva le quitó el bolso del hombro, lentamente, Ayer, al despedirse me trató de tú, dijo, Es la falta de hábito, Quiere ir al despacho, No, aquí estamos bien, pero tu no tienes donde sentarte, Mire la cama, Y yo respondo, Que le pasa a la cama. Estaban uno en brazos del otro, pero no se besaban aún, se miraban y sonreían mucho, el rostro alegre, y después la sonrisa se fue recogiendo lentamente como agua que la tierra estuviera absorbiendo y saboreando, y, entonces, unas alas inmensas envolvieron a María Sara y Raimundo Silva, apretándolos como a un único cuerpo, y el beso empezó, nadie sabe lo que es el beso, tal vez la decoración imposible, tal vez el principio de la muerte. Allí se hallaron, sentados primero en el borde, después él la echó hacia atrás y continuaron besándose, bajo la mano banal del hombre estaba el prodigio de un seno. Fue ella quien, sin prisas, disfrutando de su propio movimiento, se desabrochó la blusa. La penumbra del cuarto se iluminó súbitamente, seguro que por el lado de la barra se habían abierto las nubes, y el último sol entró por la ventana, oblicuo, lanzando por aquel lado de la pared una vibración de luz color cereza. María Sara y Raimundo Silva no se habían desnudado por completo. Estaban tumbados, cubiertos, y temblaban. El beso se convirtió en un devorarse de labios y de lenguas, empezaron a oírse palabras, sueltas, entrecortadas, jadeantes. Después, al fin, se desnudaron del todo, la noche caía muy lentamente sobre la ciudad, cuando los sexos de estos dos se sintieron por primera vez, cuando todas las compuertas del diluvio se abrieron sobre la tierra, Que nada en el futuro sea menos que esto, el cuarto estaba oscuro, Enciende la luz, quiero saber si esto es verdad».

‘El Evangelio según Jesucristo apareció en 1991y el subsecretario de Cultura portugués prohibió, tomándose atribuciones que no le correspondían, que fuera presentado a un premio literario europeo. José denunció el hecho como fascismo en democracia y se fue, con Pilar, a vivir a Lanzarote, su balsa de piedra. Y es que de Cristo, Dios y María no se puede decir nada que no sea estrictamente edificante. Por eso pregunta en la novela: «Dios mío, por qué hiciste… los hombres… de inmundicia, cuánto mejor hubiera sido que los hubieras hecho de luz y transparencia». Y recuerda que el carpintero, el padre putativo del Verbo Encarnado, avisado por un ángel de la matanza de los inocentes, huyó con la madre y el niño sin alertar a ningún vecino, haciéndose cómplice de los asesinatos. También deja claro que el dios de los judíos quiere ampliar su territorio por medio de la acción de su hijo; este hace muchos milagros, pero no resucita a Lázaro porque su hermana María de Magdala, compañera sentimental de Jesús le indica que va a hacerlo morir – doloroso trance – dos veces. De paso, defiende al «Mal Ladrón, rectísimo hombre… a quien le sobró conciencia para no fingir que creía… que un minuto de arrepentimiento basta para redimir una vida entera de maldad o una simple hora de flaqueza».

José pensaba que ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’ era su mejor novela, pero su mayor éxito popular quizá lo constituyó ‘Ensayo sobre la ceguera’, publicada en 1995. Consideraba que «en el fondo, seguramente no soy novelista. Soy ensayista, alguien que escribe ensayos con personajes. En la novela puede confluir todo, la filosofía, el arte, el derecho, incluso la ciencia, todo. Es un intento de comprender el mundo». En esta novela – ensayo, muestra «una imagen del mundo en que vivimos: un mundo de intolerancia, de explotación, de crueldad, de indiferencia, de cinismo», y que «en lo relativo a la razón estaríamos ciegos. Cuando la ética no gobierna la razón, esta pierde toda importancia. La maldad, la crueldad, son inventos de la razón humana». La ceguera general que se propone en la novela es blanca y no negra, solamente una mujer conserva la vista, a quien «no se le hubiera ocurrido la posibilidad de que de los grifos de las casas no saliera ni una gota del precioso líquido, es defecto de la civilización, nos habituamos a la comodidad del agua canalizada, llevada a domicilio, y nos olvidamos (de) que, para que tal suceda, tiene que haber gente que abra y cierre las válvulas de distribución, estaciones elevadoras que necesitan energía eléctrica, computadoras para regular los débitos y suministrar las reservas, y para todo faltan ojos».

En 1997 José ensaya una ridiculización de la burocracia con la novela ‘Todos los nombres’. Nombres y más nombres de personas en legajos polvorientos colocados en un archivo laberíntico in fin. Vidas muertas en papel olvidado. Pero para José no es una novela sobre la muerte y los muertos, sino que es una obra sobre la vida, y la prueba es el expediente de una mujer que el protagonista rescata y destruye.

‘La caverna’ es ofrecida a los lectores en el año 2000. El enorme centro comercial en el que trabaja como agente de seguridad el yerno del alfarero protagonista simboliza un mundo cruel: la moderna catedral y la nueva universidad, la sustitución de las compras por el consumo, el miedo a la inseguridad instalado en la sociedad moderna. Además, debajo de los sótanos del centro se encuentra una cueva en la que aparecen, sedentes, atados y momificados, los cadáveres de varios hombres y mujeres: es la caverna de Platón, sobre la cual están erigidos los múltiples pisos del centro con sus incontables ofertas y atracciones. José confiesa que en la novela se encuentra con la ternura: el viejo, sabio y sentencioso alfarero («No hay nada más tiste, más miserablemente triste que un viejo llorando». «Ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe». «Ese órgano al que llamamos cerebro, ese que transportamos dentro del cráneo y que nos transporta a nosotros».)que se enamora de una vecina también viuda; su hija, también sabia y sentenciosa («Cada persona es un silencio, cada una con su silencio, cada una con el silencio que es». «Las personas de mal carácter son con frecuencia cobardes».); el perro encontrado, cuyas motivaciones son amorosamente estudiadas («Es negro, tenía ese color, o como afirman algunos, esa ausencia de tal».), que, en la realidad, apareció en Lanzarote y lo alimentó Pilar.

En ‘El hombre duplicado’, aparecida en el 2002, José estudia el caos, un tipo de orden por descifrar, y propone al lector que investigue el orden que hay en el caos. En la novela dice: «Falsear no es el término exacto, falsificar habrás querido decir, Gracias por la rectificación, lo que yo pretendía era manifestar el deseo de que hubiese una palabra capaz de expresar, por sí sola, el sentido de las dos, Según mi ciencia, una palabra que en sí reúna y funda el falsificar y el falsear, no existe, Si el acto existe, también debería existir la palabra, Las que tenemos se encuentran en los diccionarios, Todos los diccionarios juntos no contienen ni la mitad de los términos que necesitaríamos para entendernos unos a otros».

En el 2004 se publica ‘Ensayo sobre la lucidez’, cuyo escenario es la misma ‘ciudad de los prodigios’ donde se produjo la ceguera blanca. En ella los ciudadanos votan en blanco. En contrapartida, el gobierno, la milicia y la policía se exilian, rodean la ciudad y buscan un responsable: es la mujer que no perdió la vista en el caso de la ceguera, y la matan. José escribe una fábula, una sátira y una tragedia sobre «eso que llamamos democracia, que no funciona, que es poco más que una fachada». Como «de la democracia no queda mucho más que un conjunto de ritos», decía en 2001, «indignémonos»; y ya que «la utopía es una especie de invitación a la pereza, hagamos algo más creativo que la simple indignación, manifestémonos una y otra vez por la participación política, cultural y social del ciudadano». Es necesaria «una insurrección ética, no una revolución». Aparte de la novela, José hace una diáfana declaración de principios políticos, algo, según él, que debería hacer todo escritor comprometido: «Soy marxista y comunista de carné». «El modelo comunista real ha fallado, pero el ideal no muere. No vale glosar a Marx y a Engels sin aportar una reflexión. En la URSS se inventó un capitalismo de Estado, no había participación efectiva de los ciudadanos, no había socialismo». «Las socialdemocracias se proponen apaciguar el socialismo. Los partidos llamados socialistas han dejado de ser de izquierdas». «Cada vez me siento más como un comunista libertario». «No se puede vivir como estamos viviendo, condenando a las tres cuartas partes de la humanidad a la miseria. Un mundo que tiene capacidad para resolver problemas como el hambre y la falta de educación pero no los resuelve. Lo que importa es el lucro. El infierno es esto».

En 2005, José escribe ‘Las intermitencias de la Muerte’, que dice «yo soy la muerte, el resto es nada». Y enarbola un estandarte contra las religiones y sus iglesias: «Las religiones, todas, no tienen otra justificación para existir que no sea la muerte. Sin muerte no hay resurrección, y sin resurrección no hay iglesia. La iglesia necesita la muerte para vivir, para prometer vida eterna y ejercer una presión abusiva sobre las conciencias». Pero «la filosofía necesita tanto de la muerte como las religiones, si filosofamos es porque sabemos que moriremos, Montaigne ya dijo que filosofar es aprender a morir». José no soporta «la maldad y la hipocresía que han crecido a la sombra de las religiones». En la novela, un cardenal declara que «nuestra especialidad ha sido neutralizar, por la fe, el espíritu curioso». Ese espíritu curioso que nos impulsa a preguntar: «¿Qué motivo tendría Dios para hacer el universo? ¿Sólo para que en un planeta pequeñísimo de una galaxia cualquiera pudiera nacer determinado animal que tuviera un proceso evolutivo? » En la novela alguien proclama: «Somos, en el universo, como un hilo de mierda a punto de disolverse». Y José, que siempre dice lo que piensa, se confiesa «un ateo con una actitud religiosa que tiene que ver con el universo; lo que me trasciende es la materia, la tierra, con sus mares y sus multitudes».

Tras grave enfermedad, en el 2008, a los 86 años de edad, José escribe ‘El viaje del elefante’, una novela con trazos de humor basada en un hecho real: el viaje de traslado de un elefante desde Lisboa a Viena a través de Valladolid y Génova, dedicada a su mujer: «A Pilar, que no dejó que yo muriera»; porque «Pilar del Río (su traductora al español) no es mi secretaria. Cuando vuelvo la vista a lo que viví antes, veo todo aquello como una larga preparación para llegar a ella. Cuando no está, la casa se apaga. Y cuando vuelve, se reactiva». José se pregunta: «¿El amor a una cierta edad puede ser ridículo? Cualquier persona puede entregarse a otra, que es en lo que consiste el amor».

Si José creía que ‘El viaje del elefante’ sería su última novela se equivocó, porque aún le quedarían fuerzas para mirar con humor condescendiente algunas de las muchas simplezas, tonterías, que están escritas en la Biblia, el libro por excelencia. Por ejemplo: José mete a Adán y Eva, expulsados del paraíso por el ángel guardián (padre de Abel, ya que embarazó a Eva), en una caravana que pasaba por allí. Adán vivió hasta los novecientos años, luego le faltó poco para morir ahogado en el diluvio ¿De dónde salió Lilith, en la que Caín engendró a Enoc? José clama: «¡Los niños, los niños de Sodoma y Gomorra eran inocentes y fueron quemados a fuego de azufre!» Y José, el relativista del deseo y de la acción, el pesimista por la razón y optimista por la voluntad, indignado por haber entrado en un mundo injusto y haber salido de un mundo injusto, se despide de todos nosotros, admiradores de sus decires y de sus contares, fracasados imitadores de su bondad: «La historia se ha acabado, no habrá nada más que contar».

Vonnegut, Lessing y Clarke: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (11)

VONNEGUT

En el 2007 fallece Kurt Vonnegut Jr.!, un estadounidense nacido en 1922 en Indianápolis, químico, antropólogo, novelista de ciencia ficción (¡No! ¡Nunca lo fui! Grita él), satírico, pesimista, ecólogo, socialista, anarquista. En 1952 publica ‘La pianola’, novela en la que presenta una sociedad completamente mecanizada y automatizada, a cuyos efectos deshumanizadores se oponen en vano científicos y obreros. Dice que «a la gente no se le quitó el trabajo, sino su sentido de importancia», porque «no es el conocimiento la causa de los problemas sino el uso que se le da». El protagonista comprendía ahora que ningún hombre podía vivir sin raíces: un campo, una cuesta, una costa o una calle…», y deduce que «en esta vida, los que piensan, los sensibles, aquellos que pueden sentir el ridículo, mueren mil muertes». En la novela ‘Dios le bendiga Mr. Rosewater’ (!965) cuenta la historia de un multimillonario filántropo que opina que «los padres fundadores (de Estados Unidos) habían sido un poco descuidados, ya que no establecieron que había que poner un límite a la riqueza individual». En 1969 publica su novela más famosa, quizá porque fue llevada al cine: ‘Matadero cinco’ o ‘La cruzada de los niños’, en la que relata su experiencia como uno de los pocos supervivientes del bombardeo británico con bombas incendiarias de la ciudad de Dresde, en el que murieron unas 135.000 personas. La ciudad quedó completamente destruida. En la novela ‘Galápagos’ (1985) atiende a los problemas de la Humanidad: «El exceso de tamaño del cerebro… podía sostener tantas opiniones contradictorias sobre tantos temas diferentes al mismo tiempo… La mayoría de los hombres estaban calladamente desesperados porque las infernales computadoras craneanas eran incapaces de moderarse o estarse quietas, siempre estaban buscando nuevos problemas con los que enfrentarse». «Estos animales han hecho tantas chapucerías que ya no pueden imaginar una vida decente ni siquiera para sus propios nietos».

Su última novela, titulada ‘Un hombre sin patria’ y publicada en 2005, la ilustra con graciosos y sugerentes dibujos y rimas:

«Oh, un cazador de leones / en la oscuridad tropical, / y un borracho durmiendo / en pleno Central Park, / y un dentista chino / y la reina británica, / todos juntos encajan / en la misma mecánica. / Bien, bien / ¡gente tan variada / en una misma maquinaria!»

Entre otras muchas cosas, dice: «Menudo error estamos hechos. Hemos herido de muerte a este planeta dulce y sustentador de vida (el único en toda la Vía Láctea) con un siglo de euforia por el transporte». «Karl Marx dijo que ‘la religión es el opio del pueblo’, cuando el opio y sus derivados eran los únicos calmantes eficaces. El propio Marx los tomó. Con esa frase constataba, no condenaba, el hecho de que la religión también podía reconfortar a los desfavorecidos». «La guerra de Vietnam sirvió para convertir en multimillonarios a los millonarios (yanquis). La de Irak, convierte a los multimillonarios en billonarios».

LESSING

Doris Lessing, premio Nobel de literatura en 2007, nació en Irán en 1919 y se crio y vivió en Rodesia del Sur, actual Zimbabwe, hasta que emigró a Londres en 1949, dejando dos hijos con su primer marido, llevando consigo a Peter, fruto de su segundo matrimonio, y el manuscrito de ‘Canta la hierba’, su primera novela. En su autobiografía titulada ‘Un paseo por la sombra’ cuenta que «decidí incorporarme al Partido Comunista… los rojos… en toda Europa… eran las personas más sensibles, más compasivas y más comprometidas socialmente». Participó invitada en un viaje a Rusia «donde estuve en estado de alerta… ésa es la razón de que conserve tantos recuerdos… éramos la primera delegación de ‘intelectuales’ del mundo occidental desde la guerra». Allí conoció a «Mijail Sholojov, autor de ‘El Don apacible’, un libro magnífico, una novela épica de la lucha entre rojos y blancos… la había robado a un infortunado escritor joven… era un macho». «En los años cincuenta, en el Partido se comentaba que los estalinistas y los freudianos eran del mismo estilo, conformistas y conservadores, y que los jungianos y los trotskistas se parecían porque eran rebeldes». «La nueva juventud (comunista americana) consideraba que si Trotski hubiera ganado la batalla del poder en la Unión Soviética en lugar de Stalin, el comunismo habría llegado a ser como la Utopía imaginada». Algún tiempo después, Doris Lessing dedujo que «Stalin encarcelaba permanentemente a cientos de miles… las prisiones estaban superpobladas… solucionó el problema liquidando a los prisioneros, y vuelta a empezar». También supo que «Gorki luchó incesantemente contra Lenin por la crueldad de su política y que después luchó contra Stalin… y fue asesinado». Así, desengañada, «dejé de ser comunista por las purgas… por el pacto Stalin – Hitler… por la invasión de Finlandia… por los falsos juicios de Checoslovaquia… por las represiones de Berlín y de Hungría». «Cuando la gente aceptó cuál era la situación real de la Unión Soviética… Se confirmó el horror y la traición».

Doris Lessing visita España: «Era tan pobre que partía el corazón. Como Irlanda. No había ninguna edificación entre Gibraltar y Barcelona en aquella época, exceptuando las ciudades de siempre… (pero) las iglesias (estaban) repletas de oro y joyas». «El gobierno de Francia y el de Inglaterra se negaron a suministrar armas al gobierno legítimo mientras que Hitler y Mussolini se las facilitaban a Franco… La gente ha olvidado lo mal que se trató a los refugiados españoles, confinados en campos de concentración… a pesar de que habían sido los primeros en hacer frente a los nazis, a los fascistas. Hay quien dice cínicamente que aquel fue su delito».

Doris Lesstng analiza: «La masacre en las trincheras (de la Primera Guerra Mundial) destruyó el respeto al gobierno, y de ello proviene el comunismo, el fascismo, el nacionalismo y, más tarde, el terrorismo… los sueños de un mundo mejor depositados en Lenin, Stalin, Hitler, Mao… » «Y luego la Segunda Guerra Mundial, donde la Unión Soviética llevó el peso del combate… y perdió ocho millones (de personas) en la guerra. (Y no veinte, esos fueron asesinados por Stalin)». «Hitler admiraba a Stalin pues se veía a sí mismo como un criminal menor comparado con su gran ídolo». «El caso es que la gente que está loca de atar (como Hitler y Stalin), si forma parte de la religión o de la política, no es considerada como loca».

Doris Lessing se asoma a la ciencia ficción: «Me preguntó si leía obras de ciencia ficción. Le enseñé obras de Olaf Stapledon, H.G.Wells, Jules Verne… Me prestó otras… Me impresionaron sus perspectivas,,, sus ideas y las posibilidades de crítica social… me decepcionó el nivel de descripción de los personajes… En el género se encuentran algunas de las mejores historias de nuestra época. Adentrarse en este género… cuando se ha pasado una temporada inmerso en el mundo literario convencional es como abrir las ventanas de una habitación pequeña, anticuada y con el aire enrarecido… Aquellos autores (todos hombres) pensaban y hablaban de comunicaciones por satélite y viajes espaciales… Sé que he quedado apartada de los avances científicos, y en nuestra era las fronteras están en la ciencia». Como consecuencia de esta ‘revelación’, Doris Lessing escribe en 1971 ‘Instrucciones para un descenso al infierno’, novela inspirada por un sabio del siglo XIV, Mahmud Shabistari: «Si aquella gota de agua mostrara su entraña, / veríamos dentro un centenar de mares / … en cada grano brotan mil cosechas / … el firmamento gira dentro de ese punto del espacio…» Y por la bióloga Rachel Carson: «Entre esa fauna y flora de las aguas capilares se encuentran (seres) unicelulares, pizcas de agua, crustáceos minúsculos, larvas de microscópicos gusanos que viven, mueren… un mundo donde la invisible gotita de agua es como un vasto y oscuro océano…» Pero la novela tiene poco que ver con la ciencia y mucho con la ficción onírica. El protagonista, el profesor Watson, ¿es un elegido por las fuerzas cósmicas obligado a llevar a la Humanidad un nuevo mensaje? ¿O un loco? A pesar de que «un siglo de pensamiento erudito ha envejecido la Tierra un millón de veces (hace cien años los teólogos e historiadores afirmaron que el mundo contaba cuatro mil años desde su creación)», «el hombre, esa pobre bestia, levanta su hocico sangriento hacia el misterioso firmamento, para aullar de dolor y agotamiento entre batalla y batalla con sus congéneres». Esos hombres «todavía no están suficientemente evolucionados para comprender que su propio yo es un mero componente de un todo… y todavía menos para alcanzar conocimiento consciente de que la Humanidad es parte de la Naturaleza». «Incluso la religión más reciente, la Ciencia, tiene solamente unos vislumbres caprichosos e incompletos del hecho de que la vida es Una».

En un nuevo intento de aproximación a la ciencia ficción, Doris Lessing escribe un serie de novelas agrupadas bajo el título de ‘Canopus en Argos. Archivos’, una descripción del mundo dividido en cinco áreas estancas. Un intento que algunos han calificado como novelas de ‘estado ficción’. (¡Ni Doris ni Kurt! ¿Dónde está y qué es la ciencia ficción ‘auténtica?)

CLARKE

En el año2008 desaparece el escritor Arthur C. Clarke, considerado uno de los grandes de la ciencia ficción. Nacido en 1917 en Sommerset, Inglaterra, desde niño demostró una ferviente afición por la astronomía: consiguió hacer un mapa de la Luna con un telescopio que construyó él mismo. En 1941 ingresó en la Royal Air Force, donde llegó a ser instructor de radar. En 1945 predijo, con todo detalle técnico, el sistema de satélites geoestacionarios que proporcionarían una red de señales de audio y vídeo a todo el planeta; aunque el informe no prosperó, veinte años más tarde se empleó el sistema. No fue este el único signo de la presciencia de Clarke: en su novela ‘El fin de la infancia’ (1954) previó la futura aparición de la píldora anticonceptiva, el gran aumento de la movilidad de las personas, la desaparición de las creencias basadas en milagros y revelaciones al conocerse cómo se habían generado las grandes religiones, la pérdida de significación del color de la piel, la robotización de las industrias, el empleo de máquinas en lugar de esclavos, el cambio de la superstición por la ciencia… Demostrado también su gran optimismo e ignorando el enorme desarrollo de la informática e internet. Más tarde, en la novela de 1987 ‘Regreso a Titán’, utiliza coches con piloto automático, computadoras de bolsillo, consolas conectadas a bibliotecas con intercomunicadores videoacústicos, casas subterráneas con panorámicas móviles, clonación de humanos, sexo libérrimo y ambivalente, corales adaptados genéticamente para que capten óxidos de nitrógeno, transmutación de elementos con producción de metales nobles y raros y un sistema solar con habitantes en Titán, Mercurio, Marte y Luna… y solo quinientos millones en la Tierra del año 2276.

Clarke es más conocido del público por su novela de 1968 llevada al cine por Stanley Kubrick ‘2001: Una odisea del espacio’, a la que siguieron ‘2010:Odisea 2’ (1982), continuación de la anterior y también llevada al cine, ‘2061: Odisea 3’ (1987) y ‘Odisea final’ (1997). En la serie, Clarke presenta un sistema solar en el que Júpìter se ha transformado en un segundo Sol gracias al poder y sabiduría de la civilización alienígena avanzada propietaria de un extraño monolito. También reflexiona sobre el tiempo, y dice que «solo el tiempo es universal; el día y la noche no son más que costumbres locales exquisitamente arcaicas que se encuentran en aquellos planetas a los que las fuerzas de marea todavía no les ha arrebatado la rotación». Y sobre «esa psicopatología conocida como religión… Describía las torturas autorizadas por la Iglesia… antes de quemarlos vivos. Niños pequeños encadenados y azotados hasta que aprendían de memoria volúmenes enteros de jerigonza piadosa. Se los robaba la niñez y la juventud para convertirlos en monjes… ¿Postula usted que cualquier persona con firmes creencias religiosas estaba loca? Sí, siempre que no fuese hipócrita sino sincera». El tema religioso es muy frecuente en otras obras de Clarke. Así, en ‘El martillo de Dios’ (1993) dice que una virgen que concibiera sin pecado sólo hubiera podido dar a luz una niña, y en ‘Rama revelada’ (1996) un dios fabrica muchos universos diferentes para conseguir alguno estable. En ‘El mundo es uno’, publicado en 1992, Clarke describe la historia de las ingentes tareas en que se embarcaron Estados Unidos y Gran Bretaña para conectarse a través de cables submarinos, sistema poco después sobrepasado por la radio y, actualmente, por los satélites geoestacionarios. El libro se lo dedica a los auténticos padres del satélite de comunicaciones John Pierce y Harold Rosen, del padrino (que fue él mismo)».

Arthur C. Clarke murió en Sri Lanka, donde vivió muchos años dedicado, además de a la escritura, a la fotografía submarina. De allí nos legó, a la manera de Asimov con los robots, las tres leyes de Clarke: 1.- Si un científico anciano y distinguido dice que algo es posible probablemente esté en lo cierto, si dice que algo es imposible, probablemente esté equivocado. 2.- La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible. 3.- Una tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Mahfuz, Pamuk y Maalouf: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (10)

MAHFUZ

El egipcio Naguib Mahfuz fue el primer escritor arábigo premiado, en 1988, con el Nobel de literatura. Nacido en El Cairo en 1911, ciudad de la que no salió en casi toda su vida, se graduó en filosofía a los veintitrés años de edad, escribió a los veintiocho su primera novela y se casó a los cuarenta y tres. Su extensa obra abarca toda la larguísima historia de Egipto. En la novela ‘Akhenatón’, Mahfuz narra, desde el punto de vista de catorce protagonistas, la rebelión del faraón hermafrodita marido de Nefertiti contra los múltiples dioses de Egipto. Su defensa de Atón, el dios único de la felicidad y del amor, fue derrotada por los seguidores de Amón, dios de los dioses. En la obra, Mahfuz incluye una tabla cronológica de la historia de Egipto. Otra de sus obras, ‘La trilogía de El Cairo’, está considerada como la principal novela de Mahfuz y se desarrolla desde la Primera Guerra Mundial hasta la caída del rey Faruk en 1952.

Años después de recibir el premio Nobel, fue atacado y apuñalado en el cuello cuando paseaba por la calle, perdiendo casi totalmente la movilidad del brazo y mano derechos, por lo que tuvo que dictar ‘Ecos de Egipto’. La escritora surafricana Nadine Gordimer dice que esta obra es una especie de autobiografía: «la esencia de la esencia de los descubrimientos que Mahfuz ha realizado en la vida y en la contemplación de la vida». Estos son algunos de sus pensamientos: «Se engaña a sí mismo quien repite una vieja historia de amor». «La vida a nuestra edad no tiene sentido… La oportunidad de la vida se ha perdido ¡Qué lástima!». «¿Por qué no te has preparado para ello, sabiendo que era tu inevitable destino?». «El presente es una luz que palpita entre dos tinieblas». «Empezó a fallarle la memoria. Olvidó sus fracasos y todas las penalidades de la vida. Empeoró de su enfermedad y olvidó a su esposa, preguntándose qué estaba haciendo en su casa. Muchos de sus dolores le abandonaron. La enfermedad llegó al límite y se olvidó de quien era. Así escaló la cima de la serenidad. Llegaron a envidiarle quienes habían sentido lástima por él». «No hemos terminado de poner la casa en orden cuando escuchamos la llamada de la partida». «La vida es un río de memorias que desemboca en el mar del olvido. Y la muerte es la verdad firme».

PAMUK

Ohran Pamuk, premio Nobel de literatura en 2006, nació en Estambul en 1952 dentro de una familia rica que le dio una educación occidental. Pintor de joven, estudió arquitectura y la abandonó por la literatura. En sus novelas expone una y otra vez la tensión existente en Turquía entre la cultura oriental y la occidental; he aquí algunas frases que pronuncian sus personajes: «Le dije que se creía que la peste era contagiosa… respondía que la muerte era consecuencia de la voluntad de Dios, si uno tenía que morir, moría». (‘El castillo blanco’, 1985). «Tenemos que darle una buena educación a ese hijo que llevas dentro, jamás le enseñaré eso llamado miedo… ese terrible conformismo tan oriental». «He descubierto la frontera invisible que nos separa de los occidentales, ellos se han dado cuenta de la existencia de la muerte, de la nada, y nosotros, los orientales, no tenemos ni idea». «Éramos (los turcos) un juguete de las grandes potencias, obligados a mendigar a naciones que antiguamente habían sido esclavas nuestras». (‘La casa del silencio’, 1983).

Pamuk fue juzgado en 2005, un año antes de recibir el Nobel, «por haber denigrado públicamente la dignidad turca. Turquía había matado (entre 1915 y 1917) a un millón de armenios y a treinta mil kurdos… en mi país no se puede hablar de ello». La causa fue archivada ante la presión internacional. En una entrevista publicada en 2005, Pamuk expone sus puntos de vista sobre los turcos, diciendo que hay «intelectuales radicales que viven en los límites de Europa, lejos del centro, sumidos en la depresión a causa de sus sueños occidentales y por la existencia o no de Dios», así como «columnistas que escriben que los europeos también torturan, también oprimen a las minorías, también violan los derechos humanos… a los europeos no les gustamos ni los turcos ni nuestra religión». Dice que es frecuente oír frases como «en Europa se hace así», «Europa es un paraíso sexual», o «¿qué dirían los europeos si nos vieran?»; y opiniones del tipo «los europeos son muy educados, muy sutiles, muy cultos y muy elegantes… pues fueron ellos los que organizaron las cruzadas y los campos de concentración».

La novela ‘Nieve’ (Kars en el original) se desarrolla en Kars, una ciudad pobre cercana a la frontera con Armenia en la que sus habitantes confiesan que «podrías comprar la ciudad por un millón de dólares… aquí no hay ni un hombre feliz y todo está prohibido». El protagonista de la novela, trasunto del autor, es un periodista que acude a Kars para informarse del suicidio de las muchachas musulmanas empañoladas: «No era la pobreza, ni la desesperación, ni el absurdo,,, ni la falta de comprensión de los padres que pegaban a sus hijas, ni la opresión de los maridos celosos… lo que sorprendía era que se habían suicidado en medio de la rutina diaria, sin avisar, de repente». Una de ellas «se había negado a quitarse el velo… aunque el suicidio era un pecado… se colgó con su propio pañuelo». Un paisano dice que «seguiremos siendo gente insignificante que se asfixia en sus pequeñas y estúpidas peleas tirándose al cuello unos de otros por qué deben llevar las mujeres en la cabeza». Hombres que «tenían la esperanza de que llegara un héroe abnegado que les librara del desempleo, de la pobreza, de la corrupción y de la violencia». ¿Son los turcos una nación de poetas que espera la llegada de un nuevo mesías?

MAALOUF

Amin Maalouf, libanés nacido cristiano en 1952 y exiliado en Francia desde 1976, escribió en 1988, en francés, idioma en el que se expresa habitualmente, un ensayo titulado ‘Identidades asesinas’ en el que intenta contestar a la pregunta: ¿por qué se cometen tantos crímenes en nombre de la identidad religiosa, étnica o nacional? Asegura «que una persona pertenezca a un grupo es esencialmente debido a la influencia de los demás: a favor – familiares, compatriotas, correligionarios – y en contra – los que tratan de separarlos vejando su identidad -. El aprendizaje se inicia en la primera infancia y esta pertenencia a una raza, a una religión, a una lengua, a una clase, invade la identidad entera». «Cuando nuestros semejantes sienten su ‘tribu’ amenazada, pueden estar abocados a la ‘locura asesina’, convencidos de que es una medida necesaria para preservar la vida de los suyos, de que se trata de legítima defensa», dice Maalouf, y él, que es un fronterizo, un emigrante, opina que los «fronterizos pueden servir de enlace entre las comunidades y culturas, pero también pueden ser los más virulentos».

¿Y los islamistas? «Por qué esos velos, chadores, barbas, esos llamamientos a la muerte? ¿Es el islam incompatible con la democracia, con la modernidad, con los derechos de las mujeres y de los hombres? Tradicionalmente, el islam aceptó la presencia, en las tierras que conquistaba, de los fieles de otras religiones monoteístas. Si están confiados, son una sociedad abierta ¿Qué fue de los musulmanes de España y Sicilia? Forzados al exilio, eliminados o bautizados. El islam tuvo tolerancia en una época en que las sociedades cristianas no toleraban nada, pero hoy se han rezagado: en el cristianismo hay apertura y en el islam, intolerancia». «¿Qué pasó con Muhamad Alí, el militar albanés turco que fue virrey de Egipto? Que intentó imitar a Europa, pero acabó vencido y humillado. Los árabes sacaron la conclusión de que Occidente no quiere que se le parezcan, sino que obedezcan». (Los islamistas trataron de asesinar a Nasser y estuvieron siempre en contra de Ataturk, laico y partidario de la modernidad). Recuerda Maalouf: «El capitalismo, el comunismo, el fascismo, el psicoanálisis, la ecología, la electricidad, el avión, el automóvil, la bomba atómica, el teléfono, la televisión, la informática, la penicilina, la píldora, los derechos humanos, las cámaras de gas… Todo eso vino de Occidente. Pero cuando la modernidad lleva la marca del ‘Otro’, algunas personas enarbolan el arcaísmo». (Jomeini con sus Guardias de la Revolución, por ejemplo).

Maalouf aborda el fenómeno de la globalización. Asegura «que estamos en el crepúsculo de las nacionalidades». Dice que existe, más que nunca, «una mezcla de culturas: en todos los continentes encontramos ‘fast food’, pero también las más diversas cocinas (italiana, francesa, india, mexicana, marroquí…) y músicas (afroamericana, española, brasileña…)». Afirma tener «muchas más cosas en común con un peatón escogido al azar en una calle de Praga, Seúl o San Francisco que con mi bisabuelo». Además, «nuestros antepasados no practicaban la misma religión que nosotros (por ejemplo, el cristianismo dio forma a Europa y Europa al cristianismo)». Y se pregunta: «¿conducirá la globalización al predominio de una civilización o a la hegemonía de una potencia? ¿Desaparecerán lenguas, tradiciones y culturas? ¿Esas culturas amenazadas adoptarán actitudes cada vez más radicales y suicidas?» Maalouf no puede olvidarse de Internet, «ese monstruo planetario por medio del cual los poderosos extienden sus tentáculos sobre toda la Tierra, pero también un espacio igualitario en el que cuatro estudiantes astutos pueden ejercer tanta influencia como un jefe de Estado o una compañía petrolífera».

Para Maalouf «en Estados Unidos hay unas minorías que reflejan la diversidad del mundo. En las series de televisión y en el cine norteamericano aparecen rostros polacos, irlandeses, africanos, hispanos. Es irritante que si el delincuente es negro, el policía es blanco y el comisario, negro, en una búsqueda infantil de la unanimidad». Y afirma que «la ley de la mayoría no es siempre sinónimo de democracia, libertad e igualdad, a veces es sinónimo de tiranía, sometimiento y discriminación. El papel de los demócratas ya no consiste en hacer prevalecer las preferencias de la mayoría, sino en hacer respetar los derechos de los oprimidos».

Dice Maalouf que «es vocación de la lengua seguir siendo el eje de la identidad cultural, y la diversidad lingüística el eje de toda diversidad», por lo que debemos «vigilar el derecho de todo ser humano a conservar su lengua propia». Afirma dogmáticamente que «hoy, todo el mundo necesita tres idiomas» y que «saber únicamente inglés será una desventaja», por lo que lo sitúa como «tercera lengua». Se decanta por que «en Europa se hable en primer lugar la lengua materna y en segundo lugar la lengua favorita (sea español, alemán, italiano…)».

Pla, Vázquez Montalbán y Cela: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (9)

PLA

Josep Pla, nacido en Palafrugell (Girona) en 1896, murió en 1981. Según él mismo, fue un modesto escritor de memorias. Como periodista y corresponsal recorrió buena parte del mundo y nos dejó una ‘Obra completa’ de 45 volúmenes. Durante la Guerra Civil huyó de la zona republicana (de Cataluña) y volvió en 1939,escribiendo, forzosamente, en castellano. En ‘La huida del tiempo’, publicada en 1945, repasa el transcurso de un año semana tras semana, pegado al terreno, al clima, a los alimentos… con añoranza de tiempos pasados y sin mención alguna a la guerra, pero sí a sus carencias: «Ahora los ayunos han sido casi todos suprimidos, porque en esta época (de estraperlo) serían una redundancia». «Mi único anhelo es vivir tranquilo y apartado con la sana intención de evitar que algún genio pretenda catequizarme y salvarme».

Muy preocupado por la astronomía, de descubrirla y enseñarla: «El Sol no sale nunca por el mismo sitio». «Si no existiera la declinación de la Tierra, cada lugar tendría la misma estación todo el año: verano tórrido en el Ecuador, invierno helado en los polos… (la vida sería imposible)». «En nuestro hemisferio, las máximas declinaciones se corresponden con el solsticio de verano (días más largos en el 21 de junio, aproximadamente por San Juan) y con el solsticio de invierno (noches más largas en Navidad). Las declinaciones mínimas se corresponden con el equinoccio de primavera (hacia el 21 de marzo, San José) y con el equinoccio de otoño (hacia el 21 de septiembre, la Merced en Cataluña y San Mateo en Castilla), cuando la duración de noches y días es igual». «Los equinoccios son tiempos de desarreglos atmosféricos y los solsticios, de desarreglos humanos».

También se muestra Pla preocupado por los alimentos: «¿Por qué el vino es tan malo en España? ¿Cuándo tendremos un vino para beber en la mesa, suave, de pocos grados, uniforme, constante, seco y relativamente barato?» «Los animales no deben comerse inmediatamente después de muertos. Hay que dejar que la glucosa se convierta en ácido láctico».

Y hace algo de crítica social: «Los payeses hablan, no para hacerse entender, sino para no ser comprendidos». «Las hormigas son voraces y sus instintos de rapiña son universales. La fábula de La Fontaine contribuyó a crear un burgués ávido, hormiguero y avaro». «La cultura no es cosa de libros, de enciclopedias y de razonamientos, es cosa de bondad, de generosidad, de hospitalidad y tolerancia». «(Conocí) un poeta que cometía elegías».

VÁZQUEZ MONTALBÁN

El escritor catalán Manuel Vázquez Montalbán, nacido en 1939, muere en el 2003 en el aeropuerto de Bangkok de un infarto. Manolo V, com firmaba sus columnas en periódicos y revistas de izquierdas, publicó ensayos psicológicos y políticos hasta que se cansó y empezó a escribir novelas policíacas con el investigador privado Pepe Carvalho como protagonista, el más famoso personaje de la literatura negra escrita en lengua castellana. Carvalho, gourmet y cocinero reproductor de toda suerte de recetas, encendía el fuego con los sesudos libros de ensayos firmados por famosos autores de los que estaba bien provista su poblada biblioteca. (¡Ah, qué satisfactoria es la venganza!).

No obstante, Vázquez Montalbán no olvida a Manolo V. Estos son algunos ejemplos: «Se metió en un bar frankfurt lleno de jóvenes colgados de un hot dog de salchicha diríase de plástico… el odio por aquel tipo de establecimientos, a su juicio tan corruptores de la juventud como la droga o los padres tontos». (‘La Rosa de Alejandría’, 1984). «En Tailandia, la droga sigue siendo un problema, porque es un negocio y una necesidad. La droga es necesaria, y perseguir la droga también es necesario» (‘Milenio Carvalho II. En las antípodas, 2004). «Aunque Bali es una isla mayoritariamente hinduísta, Indonesia es el país musulmán más poblado del mundo, y hasta ahora parecían dominar el islamismo los musulmanes moderados, que se habrán quedado sin motivos a la vista del comportamiento norteamericano» (Ibid.) «La burocracia soviética llegó a situar la economía por encima de la persona. Había que cumplir los planes quinquenales independientemente de que aportaran bienestar económico a las personas. La finalidad capitalista es muy parecida, pero no está orientada a que a los burócratas les salgan las cuentas, sino a que salgan a quienes controlan el sistema. (El premio, 1996). «Un país donde debían apuntarse en una lista de espera para conseguir un limpiaparabrisas de repuesto para un coche que se caía a pedazos. Cuando Gorvachov empezó la reforma sabíamos que aquello se terminaba… empezaron a salir aventureros del dinero y de la política, gánsters, mafias, a veces procedentes del PCUS… el país estaba, está, arruinado, a causa de una mal planificada economía belicista que los norteamericanos habían forzado mediante la guerra de las galaxias… un país que del pleno empleo más o menos quimérico pasó a un treinta por ciento de parados» (‘Milenio Carvalho I. Rumbo a Kabul, 2004).

CELA

El escritor español Camilo José Cela fue galardonado con el premio Nobel de literatura en 1989. Nació en la aldea gallega de Iría Flavia en1912, hijo de Camilo Cela y Camila Trulock, con lo que heredó una mezcla de genes gallegos, ingleses, galeses e italianos. En su juventud se encontró con las dos Españas; los fascistas matan al teniente de Asalto José Castillo, enterrado en el cementerio civil, y sus compañeros matan, al no encontrar a Gil Robles, al diputado Calvo Sotelo, que es enterrado en el cementerio católico. El 18 de julio, festividad de San Camilo, estalla la guerra civil. Cela es declarado inútil total por padecer tuberculosis (en 1943 publicó ‘Pabellón de reposo’). No obstante, se pasó desde Madrid a la zona ‘nacional’, se presentó voluntario y fue herido accidentalmente en Logroño cuando era enviado al frente de Aragón. Tras la guerra se postuló como delator en Madrid: no fue admitido, pero Juan Aparicio, el factotum de la censura y creador del lema ‘España, Una, Grande, Libre’, le puso a sus órdenes para censurar revistas de escasa conflictividad.

Para el hispanista y socialista Ian Gibson, su parcial biógrafo (?), «Cela es indiferente a la religión, enemigo del PSOE… un macho ibérico, pelotillero del poder, para el que la mayor felicidad que nos espera en este valle de lágrimas es la sexualidad… (Por su afición a las putas) es el Toulouse Lautrec de la literatura española… Además, es un tímido y, en el fondo, un sentimental… El Gran Masturbador (Dalí) y El Gran Jodedor (Cela) no se metían con el franquismo». Dionisio Ridruejo resalta en Cela «su estrategia de la fama, el culto a la personalidad y la voluntad imperativa». Según Marsé «es un déspota que manda mucho». Y Gregorio Marañón le apoya para su ingreso en la Real Academia. (¡Qué personalidad tan fuerte y controvertida!).

Según la Academia sueca, Cela mereció el premio Nobel «por una prosa rica e intensa, que con refrenada compasión configura una visión provocadora del desamparado ser humano», frase que parece dedicada en exclusiva a ‘La familia de Pascual Duarte’, novela que supuestamente germinó en la guerra, durante la estancia de Cela en Torremejía, un pueblo cercano a Mérida. Pero Cela es mucho más que ‘Pascual Duarte’. Para el poeta y crítico catalán Pere Gimferrer «lo esencial de Cela reside en sus novelas… por primera vez se ha galardonado (con el Nobel) a un narrador español… (ya que) antes se premiaron a dos dramaturgos y dos poetas». Gimferrer señala tres etapas en la obra novelística de Cela: la primera, significada por ‘La familia de Pascual Duarte’ y ‘La colmena’, metáforas de la barbarie española y el desamparo posterior a la guerra; la segunda, con ‘San Camilo 1936’, donde narra la gestación e inicios de la guerra en un alucinante monólogo que representa la cima del arte de Cela, y ‘Oficio e tinieblas 5’, un canto al amor carnal; y la tercera, en la que Cela vuelve renovado, exhibiendo su magisterio con ‘Mazurca para dos muertos’ y ‘Cristo versus Arizona’.

(Pero el que esto escribe se queda con el caminante, con el sabio del léxico de ‘Viaje a la Alcarria’ y ‘Judíos, moros y cristianos’).

Canetti y Capote: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (8)

CANETTI

El premio Nobel de literatura se lo concedieron a Elías Canetti, nacido en Bulgaria en 1905. Sus abuelos eran sefardíes y tenían orgullo de superioridad sobre otros judíos ‘menos aristocráticos’ que los españoles; pero para él: «La muerte de Cristo en la cruz bastó para que no me convirtiera en un judío ortodoxo» y comiera cerdo. Acabó los estudios de química, aunque los despreciaba, para satisfacer el deseo de utilitarismo de su madre viuda, pero le gustó el conocimiento de los venenos, lo fácil que era hacerse con cianuro.

En sus memorias: ‘La lengua absuelta’, ‘El juego de ojos’, ‘La antorcha al oído’, y ‘Los años ingleses’, que no cubren toda su vida, dice que con su técnica de escuchar atentamente y con gran paciencia, similar a la de un psicoanalista freudiano (aunque no simpatizaba con las teorías de Freud), pudo repasar la personalidad de mucha gente. Además, emite opiniones sobre literatos y filósofos. Dice: «De Platón me alejaba la teoría de las ideas, que hace del mundo una apariencia. Aristóteles es el omnisciente que lo clasifica todo». «William Blake, uno de los poetas más maravillosos de la lengua inglesa y de todas las lenguas». «Goya, el primer y más grande pintor moderno». «Woyzeck, de Büchner, lo más grande escrito en alemán sobre los pobres y oprimidos». «Me parecía que no podía haber en toda la literatura nada comparable a ‘El hombre sin atributos’, la gran obra de Musil» (que era físico). «Brecht, muy flaco y con cara de hambre, vestido proletario, aspecto de alguien que siempre había sido viejo… Emocionado por sus poemas, lo que yo había escrito se volvió polvo y cenizas… (proporcionaba) veredictos ásperos, eran pocos los que se salvaban de sus tiros». «Entre las naciones cultas, los ingleses son los que rechazan a los extranjeros con más violencia. Según Enoch Powell, defensor de una política racista, correrían ríos de sangre en una guerra civil entre ingleses e inmigrantes». «Un hombre muy bajito, que a pesar de su edad se mantenía muy erguido. En lugar de ‘Duke of Bedford’, quería ser únicamente el filósofo Bertrand Russell. Su conversación ers ingeniosa y extremadamente viva… con una risa destemplada de macho cabrío». «John Desmond Bernal, comunista, descendiente de los españoles náufragos de la Armada Invencible que se refugiaron en Irlanda». «Margaret Thatcher, ‘institutriz’ que contribuyó con sus prédicas a la sustitución de la hipocresía británica por el egoísmo».

CAPOTE

Truman Streofkus Persons adoptó el apellido Capote de su padrastro cubano. Nacido en Nueva Orleans, se dedicó al periodismo y llegó a la fama internacional por sus novelas ‘A sangre fría’, sobre el crimen real de dos sociópatas condenados a muerte, y ‘Desayuno en Tiffany´s’, sobre la vida de una prostituta en Manhattan, ambas llevadas al cine. Homosexual (le decepcionó Errol Flynn, pareja de Tyrone Power, como amante), alcohólico («soy bebedor porque empiezo el día en blanco») y epiléptico, tomaba muchos tranquilizantes y murió en 1984, a los cincuenta y nueve años de edad, mientras dormía.

Escrudiñador de personas y cosas, sensacionalista («tengo el tamaño de un revolver y soy igual de ruidoso»)´escribió un buen puñado de ‘Retratos’: «En los aviones no se viaja, te transportan como si fueras un paquete». «Los japoneses, con más color que los chinos, no tienen el sonido ele». «El ejército norteamericano tuvo a Ezra Pound encerrado durante semanas en una jaula al aire libre en Pisa». «Norman Mailer nunca fue un buen novelista, sí un buen crítico literario». «Hemingway, una engañifa, un super machista». «Para Brando, Barrault era el mejor actor, ‘Les enfants du paradis’ su película preferida, James Dean, un enfermo imitador suyo». «Tennessee Williams se ahogó con un tapón de plástico mientras tomaba barbitúricos. Tuvo un amante marido». «Bogart interpretaba siempre el mismo papel». «Cocteau, una criatura vastamente imaginativa pero vivazmente falsa. Eterno pilluelo que hizo de todo. Introductor y catalizador de las ideas y talentos de otros»… Etcétera…

Mujica, Cortázar y Borges: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (7)

El bonaerense Manuel ‘Manucho’ Mujica Láinez descendía de los Mujica de Villafranca de Oria (Guipuzcoa), transformados en estancieros argentinos, y de los Láinez, de la alta burguesía de Buenos Aires. Tras cursar dos años de Derecho y ser funcionario del Museo del Arte, fue corresponsal del diario La Nación hasta su jubilación. En su infancia fue mimado por las mujeres de su familia, como expone en la ficción de su novela ‘Los Ídolos’. A pesar del ambiguo erotismo que muestra en sus obras y de su casi evidente homosexualidad, hizo una boda aristocrática y vivió como un aristócrata decadente; para la izquierda, como un símbolo detestable de la sociedad. Fue un dandi que se paseaba por Buenos Aires «rodeado de adláteres y efebos vestido con elegancia extravagante» y que vivió con Borges «el declive de su clase y la lucidez para atestiguarlo». Ortega y Gasset, que convivió una temporada con los bonaerenses, hizo un retrato del burgués prototipo: «demasiado repulido, sólo fachada, superlativamente frívolo, nos muestra su posición social como se muestra un monumento, una vida imaginaria…» La última publicación de su vida, ‘Un novelista en el Museo del Prado’, la escribió en su estancia ‘El Paraíso’ apartado ya de los exhibicionismos. En ella saca a paseo nocturno a los personajes representados en los cuadros del museo. El antiguo funcionario del Museo del Arte demuestra un exhaustivo conocimiento del Prado y su preferencia hacia Velázquez, Goya, Bosch y Durero. Mujica murió en 1984, setenta y cuatro años después de su nacimiento.

CORTÁZAR

Mucha mayor relevancia internacional que Mujica tuvo su compatriota Julio Cortázar Denis, nacido en Bruselas en 1914, hijo del agregado cultural de la embajada argentina. Estudió magisterio, tradujo a Poe, Defoe y Yourcenar y fue profesor de literatura de instituto hasta que se marchó a Francia a la llegada del peronismo. Su obra cumbre, ‘Rayuela’, es una antinovela experimental en la que pide al lector que empiece por donde quiera. Más asequibles son sus cuentos, algunos de los cuales han sido utilizados por directores eminentes para escribir los guiones de sus películas. Antonioni se basó en ‘Las babas del diablo’ para su ‘Blowup’ (ampliación fotográfica que cambia el significado de la acción), y Chabrol en ‘Los buenos servicios’ para su ‘M. Bébé’. ‘El perseguidor’, un cuento basado en los últimos días del saxo alto Charlie ‘Yardbird’ Parker, creador del bebop jazz, lo usó Clint Eastwood para su película ‘Bird’. Cortázar murió en 1984, setenta años después de su nacimiento.

BORGES

En 1986 muere un intocable sin premio Nobel: el poeta, narrador y ensayista argentino Jorge Luis Borges, ciego total desde los cincuenta y cinco años de edad (murió a los ochenta y siete). En España se apuntó, junto a César Vallejo, Gerardo Diego y otros, al movimiento ultraísta, en contra del modernismo de la generación del 98, pero lo abandonó después. No logró el reconocimiento internacional hasta que fue muy mayor: en 1961, cuando ganó el premio Formentor compartido con Samuel Beckett. Para algunos de sus ensayos, más bien cortos, de un centenar de pequeñas páginas con grandes letras, llenos de citas y abundante bibliografía, utiliza títulos espectaculares, como ‘Historia Universal de la Infamia’ o ‘Historia de la Eternidad’. En estos dice que «lo esencial del universo es la vacuidad» y admite que, en su juventud, había sentido la eternidad en una esquina perdida de Buenos Aires. (¡Merecería tantas y tan extensas citas!).

Koestler y Brenan: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (6)

KOESTLER

Arthur Koestler, de familia judía, nació en Hungría en 1905. Pasó del sionismo antisocialista al comunismo. Trabajó como periodista en New Chronicle inglés y se nacionalizó británico en 1948. En su primer viaje a España en guerra entró desde Lisboa recomendado por Nicolás Franco y, por intermedio del capitán Bolín (el que contrato el Dragón Rapide, en el que Francisco Franco voló a la península para comandar la sublevación contra la República) entrevistó al general Queipo de Llano. Cuando Bolín se enteró que Koestler era un espía que quería demostrar la intervención de Alemania e Italia en la guerra civil, le hizo huir (le mataré como a un perro, dijo). En el segundo viaje a España, Koestler recogió documentación en Madrid. En el tercero, Bolín le atrapó en Málaga y le aprisionó. Fue liberado mediante un canje con la mujer del famoso aviador franquista capitán Haya.

Cuenta sus experiencias en la cárcel en ‘Diálogo con la muerte. Un testamento español’, donde se lee: «Naturalmente, todo el mundo sabe que algún día morirá. Pero saberlo es una cosa y creer en ello, otra». «Dos métodos para paliar el sufrimiento: repetir el mismo verso treinta o cuarenta veces durante una hora (como el rosario) hasta entrar en un ligero trance; y la especulación abstracta, la fusión de mi miseria personal con la miseria biológica del universo». «De pronto me pareció comprender por qué la doctrina anarquista es tan popular en España. Solo hay que romper la dura cáscara de las instituciones para disfrutar el delicioso sabor de la naturaleza humana». «Hay una buena dosis de fatalismo oriental en la manera española de conducir la guerra, en ambos lados. Otras guerras consisten en una sucesión de batallas, ésta es una sucesión de tragedias». «Málaga se ha rendido. Todo sucedió en un silencio terrible, sin ruido, sin dramatismo. Sin saberlo, mientras dormíamos, nos habían entregado a la misericordia del general Franco». «Los jefes culpables de la ciudad, que habían abandonado a sus hombres, pasaron por un consejo de guerra. El gobierno culpable de Largo Caballero fue obligado a dimitir. Los gobiernos culpables de las democracias occidentales, que abandonaron a su suerte a la República Española, no fueron ni llevados a consejo de guerra ni obligados a dimitir, la Historia los juzgará. Pero eso no resucita a los muertos».

Koestler se hizo, después, antiestalinista y anticomunista, estuvo en una cárcel soviética donde pudo conocer los métodos del lavado de cerebro. En ‘El cero y el infinito’, se lee: «Nos parecíamos a los inquisidores porque perseguíamos los gérmenes del mal no solamente en los actos de los hombres, sino también en sus pensamientos». «No hay más que dos concepciones de la ética humana… Una, humanitaria, declara sagrado al individuo. La otra… un fin colectivo justifica todos los medios… exige que el individuo esté sacrificado a la comunidad».

En el final de su vida se dedicó a la ciencia y al misticismo. En ‘El abrazo del sapo’ se lee: «El biólogo austriaco Kammerer se negaba a aceptar la teoría darwiniana de la evolución basada en mutaciones casuales; creía que el vehículo principal de la evolución progresiva era la herencia de los caracteres adquiridos que Lamarck había postulado en 1809, es decir, que los cambios de adaptación experimentados por los padres eran preservados mediante la herencia y transmitidos a su descendencia». «Kammerer anunció que podía hacer que el sapo partero macho, que carecía de las protuberancias pigmentadas de negro (empleadas para sujetarse durante el apareamiento), las heredara de otros sapos… El experimento se demostró irrepetible… Las rugosidades negras supuestamente generadas por el sapo eran tinta china ¿Quién manipuló el espécimen?… Kammerer se disparó un tiro seis semanas después de la publicación, en Nature, del informe del conservador de reptiles G.K. Noble».

Enfermo de leucemia y parkinson, Koestler se suicidó en 1983.

BRENAN

En 1987 muere el hispanista británico nacido en Malta en 1894 Gerald Brenan, ‘don Geraldo’, autor de ‘El laberinto español’, ‘La literatura del pueblo español’, ‘Al sur de Granada’ y ‘San Juan de la Cruz’, entre otras. En su ‘Memoria personal 1920 – 1975’ explica «por qué he dedicado varios años de mi vida a escribir una autobiografía que no tenía intención de publicar… lo trágico de la vida es que olvidamos… la muerte verdadera es el olvido».

Brenan recuerda sus contactos con el famoso grupo de Bloomsbury y con sus personalidades más características, como Lytton Strachey, para quien «toda la religión era una perniciosa estupidez» y que rechazaba el ‘Ulises’ de Joyce, en el que «no había podido encontrar una sola frase inteligente»; o como Leonard Woolf, «el más inteligente de cualquier reunión, incluso si está presente Bertrand Russell»; y por supuesto Virginia Wolf y sus guerras: «vieja contra nueva generación, escritores contra pintores, hombres contra mujeres, temas que proporcionan la conversación más brillante y esotérica que puede escucharse en toda Inglaterra». Aunque no contaban con la admiración del economista Keynes: «Son insectos zapateros nadando grácilmente sobre la corriente».

Brenan convivió y conversó ampliamente con Bertrand Russell en España. He aquí algunas de sus impresiones: «Bertie era más bajo de lo que yo recordaba, de cara roja y pródigo en sonrisas, con sus ojos brillantes tenía el rostro con la expresión más viva que he visto nunca». «Su tono de voz seco y cortado servía para dar valor a cada palabra». «Consideraba a Aristóteles un pedante aburrido y a Platón muy perverso. Hegel, Nietzsche y Schopenhauer, inaceptables». «De los científicos y eruditos norteamericanos decía que todos eran especialistas y que tenían muy poca cultura general». «Lamentaba no haberse dedicado a la física, donde se estaban haciendo tantos descubrimientos importantes, en lugar de a la lógica simbólica, que no llevaba a ninguna parte». «Sentía horror por las represiones y crueldades institucionalizadas… es un gran hombre, con su poderoso intelecto y su capacidad para sentir».

Brenan vivió el comienzo de la guerra civil española en su gran casa de Churriana, muy próxima a Málaga, y lo cuenta: «Calvo Sotelo, líder de la extrema derecha y organizador político del levantamiento, fue asesinado por policías socialistas». «La república española había fracasado por falta de un programa social y por sus ataques a la Iglesia que la aliaron con los terratenientes». «La ideología dominante (de la clase obrera) era que todos los hombres tenían que ser iguales». «Los anarquistas eran los únicos revolucionarios que no prometían un aumento del nivel de vida. Ofrecían una mejora moral: la propia estimación y la libertad». «En Málaga, las iglesias tenían avisos escritos en las paredes: ‘respetad la propiedad del pueblo’ firmados por CNT y FAI. Las iglesias se utilizarían como lugares de reunión y cines». «Mientras Sevilla, Córdoba y Granada (en poder de los militares sublevados) estaban bañadas en sangre, en Málaga había salpicaduras… las ejecuciones empezaron ocho días después del alzamiento, como represalia a los ataques aéreos». «Los nacionalistas fusilaban a los afiliados a los sindicatos, porque, al estar en minoría, tenían que gobernar por el terror». «Los obreros mataban a los encarcelados al verse arrollados por los nacionales».

Brenan opina como Russell: «Creo que debemos tratar de cambiar las condiciones sociales de una manera gradual y usando la fuerza lo menos posible». Con respecto a su obra más ambiciosa, ‘El laberinto español´, dice: «Al terminar me di cuenta de que, en realidad, había escrito una crítica de las locuras e ilusiones de la izquierda, con cuyos objetivos básicos simpatizaba».

Asturias, Carpentier y García Márquez: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (5)

ASTURIAS

En 1974 muere en Madrid, a los setenta y cinco años de edad, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, novelista y diplomático, embajador en París, premio Lenin en 1966 y Nobel en 1967. Surrealista con André Breton, combinó en sus escritos el misticismo de los mayas con la protesta social. En su obra maestra, ‘Hombres de maíz’, publicada en 1949, nos dejó tantas palabras… «Clinudo, miltomatoso y hediondo a calentura, en camisa y cal sonio de manta de costal de harina, las marcas de la harina borrosas bajo los sobacos, por el fundis, sombrero de petate en forma de tumbilla, polainas de cuero y espuela sonta más al carculo que al calcañal escamoso»… «Regazón de árboles en matorrales hondos, masudos, bermejos bajo la luna color de acerola, y ampolladas por el viento sabanero que levantaba en los pajonales ariscos». M.A. Asturias incluye en la obra un glosario amplio, pero insuficiente.

En su última novela ‘Viernes de Dolores’, alterna el lenguaje culto, español, con el guatemalteco del pueblo. «¡Óiganse al zuhutil éste hablando castilla!». «Encimismita, el cielo». «El otro día vino a vernos un gringo que era profesor. Un gringo gente, porque hay gringos gentes, no todos son bestias».

Asturias cuenta una letrilla del canónigo: «Por zurrar de tren bajé,/ el tren se marchó sin mí,/ pero qué bien zurré/ de los gustos sin pecar/ y sin dejar a Dios ofendido/ el de sentarse a zurrar/ con el cigarro encendido». (El abuelo Vicente, ferroviario, leyó una letrilla parecida pintada en un retrete de estación que decía cagar en vez de zurrar). También reproduce canciones estudiantiles: «Contemplad los militares/ que en la paz carrera hicieron,/ vuestros jueces a millares/ que la justicia vendieron,/ vuestros curas monigotes/ que comercian con el credo/ y los políticos con brotes/ de farsa, interés y miedo».

CARPENTIER

En 1978 le concedieron el premio Cervantes al músico literato Alejo Carpentier, nacido en La Habana en 1904. Fue miembro de la embajada cubana en París, donde se unió durante algún tiempo al movimiento surrealista de André Breton. La novela ‘Los pasos perdidos’, publicada en 1953 y considerada su obra maestra, trata de la coexistencia de la civilización y los mitos en la cultura venezolana. En ella se pueden leer descripciones como ésta: «Estábamos sobre el espinazo de las Indias fabulosas, sobre una de sus vértebras, allí donde los filos andinos, medialunados entre sus picos flanqueantes, con algo de boca de pez sorbiendo las nieves, rompían y diezmaban los vientos que trataban de pasar de un océano a otro». Y los sentimientos que despierta en el autor el sonido del treno, el canto fúnebre ante una calamidad o desgracia: «Acabo de asistir al nacimiento de la música. He visto cómo la palabra emprendía su camino hacia el canto, sin llegar a él; he visto cómo la repetición de un mismo monosílabo originaba un ritmo cierto; he visto, en el juego de la voz real y de la voz fingida que obligaba al ensalmador a alternar dos alturas de tono, cómo podría originarse un tema musical de una práctica extrasensorial».

‘El Recurso del método’, novela de 1974, cuenta la historia de un tirano, fabricado con tiranos reales, de un país latinoamericano compuesto con países latinoamericanos reales: borracho, follador, evasor de divisas a Suiza, masacrador de levantiscos… y contrapuesto a la figura del Estudiante, un comunista luchador inteligente en la sombra. Carpentier nos ofrece tantas palabras… «Los chácharos y soldaderas se las arreglaban siempre para encontrar cerdos, novillos y gallinas… hallando botellas de cachaza, frascos de charanda, tinajas de guarapo fuerte y ciruelón… Y así había mitote, parranda y farra, en las noches de vivaque, con porfía de decimistas, músicas de cuatro, guitarra, maracas, furruco y tambor, mientras las mulatas y zambas, pardas y cholas, zapateaban a cual mejor, en compás de bamba, jarabe y marinera».

GARCÍA MÁRQUEZ

El colombiano Gabriel García Márquez, ‘Gabo’, recibe en 1982 el premio Nobel de literatura vestido de blanco liqui – liqui, mientras suena el ‘Tercer concierto para piano’ de Bela Bartok, que había escuchado mientras escribía ‘El otoño del patriarca’.

Su amigo y compadre Plinio Apuleyo Mendoza cuenta que, como estudiante en Bogotá, no tenía dinero, ni amigos, ni familia, y que «las circunstancias ásperas lo empujaron hacia la máquina de escribir». Ya como periodista, publicó en 1955 una crónica de catorce capítulos titulada ‘Relato de un náufrago’, en la que cuenta la desventura de Luis Alejandro Velasco, que estuvo durante diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, visitado por los tiburones puntualmente todas las tardes a las cinco, como en los toros, proclamado héroe tras su arribada a Urabá de Colombia y más tarde olvidado e incluso aborrecido por el Gobierno.

En México, en 1967, Gabo escribió ‘Cien años de soledad’, paradigma del llamado realismo mágico, y se hizo célebre.

De su autobiografía ‘Vivir para contarla’, de la recopilación de su obra periodística ‘Por la libre’, de ‘Crónica de un secuestro’ y de ‘Aquellos tiempos con Gabo’ de su amigo Plinio, se pueden extraer datos suficientes para conocer su postura política, tan debatida. Su opinión respecto al imperialismo quedó clara tras la invasión soviética de Checoslovaquia: «Estamos ante dos imperialismos igualmente crueles y voraces. Lo asombroso es que los soviéticos les ganaron a los gringos en cinismo». Ardoroso defensor de la revolución cubana, consideraba que «Cuba representaba la fe en una revolución no inspirada en dogmas ni en alienaciones ideológicas»; además, «el bloqueo de EEUU fue una feroz tentativa de genocidio… la gran mayoría de los técnicos y profesionales independientes cubanos se identificaron con el imperialismo, aceptaron sus ofertas de sueldos fabulosos y desertaron del país». Sobre los discursos de Fidel, el Caballo, dice: «Es la inspiración, el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que solo niegan los que no han tenido la gloria de vivirlo». «Su amistad personal con Castro le ha permitido intervenir con eficacia para obtener la libertad de un gran número de presos políticos», y «sus simpatías van actualmente hacia Fidel y no hacia la burocracia», dice Plinio. Claro que, «con su feroz cara de árabe… ahora parece apreciar mejor que antes la música, los buenos cuadros, las mujeres bonitas, los buenos hoteles, las camisas de seda, los caracoles al ajillo, el caviar (sí, el caviar) y toda la infinita y pecaminosa gama de los quesos…»

Böll, Bellow y Singer: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (4).

BÖLL

El premio Nobel de literatura de 1972 le correspondió al alemán Heinrich Böll (Colonia, 1917- Langenbroich,1985) soldado en la Segunda Guerra Mundial, pacifista, católico satírico, admirador del papa Juan XXIII y del actor Alec Guiness.

En ‘Los silencios del Dr. Murke ‘(1958), dice: «Cuando yo tenía su edad, tuve que seleccionar tres minutos de un discurso de Hitler que duraba cuatro horas. Tuve que escuchar el discurso tres veces para sentirme capaz de juzgar qué tres minutos había que entresacar. Cuando empecé a oír la cinta por primera vez, yo era nazi; pero cuando terminé, ya no lo era».

En su novela más compleja, ‘Opiniones de un payaso’ 1963), su ironía salpica a católicos: «no me extraña que muchos padres católicos tengan miedo de enviar a sus hijas jóvenes al piso de un sacerdote», y a protestantes: «debe de ser horriblemente difícil predicar todos los días esas cosas incomprensibles, resurrección de la carne y vida eterna». Y, por supuesto, a los nazis: «El renano, ese lenguaje enteramente desprovisto de marcialidad al cual le falta la R, el sonido en que se basa la disciplina militar»; «todos deben hacer todo de su parte para echar a los judíos yanquis de nuestro santo suelo alemán»; «pocos nazis fueron enviados al frente, cayeron casi únicamente los demás».

La protagonista de ‘El honor perdido de Katharina Blum’ (1974) es diplomada en economía doméstica. En el relato se investiga por qué una mujer joven y con buen humor, que ha asistido a un baile inofensivo, cuatro días más tarde se convierte en asesina por causa de unos artículos periodísticos.

BELLOW

El premio Nobel de literatura de 1976 le correspondió a Saul Bellow (Montreal, 1915- Massachusetts, 2005) uno de los muchos judíos que dominaron la literatura norteamericana después de la Segunda Guerra Mundial. Bellow opina que nos perdemos en bosques de material impreso y defiende a «Kafka, Beckett y Borges, que escribieron corto». Cita a Chejov: «Ahora tengo la manía de la brevedad. Nada de lo que leo – ya sea mío o de otros – me parece suficientemente corto». Y a F.L.Lucas: «Existe el peligro de que los libros buenos se vean sepultados debajo de los malos. Hay pocos libros que no puedan reducirse y que mejorarían al hacerlo, purgando las frases de palabras inútiles y los párrafos de frases inútiles». (El que esto escribe se manifiesta de acuerdo al cien por cien con estas opiniones y procura seguirlas).

SINGER

El premio Nobel de literatura de 1978 se lo concedieron a Isaac Bashevis Singer (Polonia, 1903- Miami, 1991), de una familia de rabinos, emigrado a Nueva York en 1935 y nacionalizado estadounidense en 1943. Escritor en yiddish (una jerga mezcla de alemán corrompido con hebreo y polaco, según el propio Singer) supervisó las versiones inglesas de sus obras, que tratan principalmente de familias judías multigeneracionales y sus cambiantes posturas ante las oportunidades de la era moderna.

Su novela ‘El certificado’ (para ir a la naciente nación judía en Palestina) es bastante autobiográfica: Singer adolescente pasa penalidades en Varsovia; aparece su hermano mayor Israel, escritor también en la realidad, su padre rabino, sus novias… Cita la Mishná, sección del Talmud (tradiciones sacadas de la Torá, ley revelada a Moisés en el Sinaí): «En día festivo no se debe pescar ni comer lo pescado, pero está permitido cazar animales y aves y comerlos». Y se abre a las críticas a su pueblo: «No eran solo los gentiles quienes odiaban a los judíos; la nueva generación de judíos los aborrecía…¿Qué es el judaísmo? Una reliquia del medioevo…En la sociedad socialista no habrá judíos ni gentiles…La escoba de la revolución barrerá toda la basura tradicional (sinagogas, idioma…)…Los judíos consideraban impuras las armas; si en los hogares hubiera un fusil, los pogromos no existirían». «¿Por qué Palestina? ¿Por que el rey David combatió contra los fenicios hace tres mil años? Palestina no pertenece a los judíos sino a los árabes».