Estaba Darwin previendo
el origen de la vida en una charca caliente
con sales minerales y rayos,
condiciones en las que Miller obtuvo aminoácidos en el laboratorio.
Pero Michael Russell afirmó, rotundo, que la vida celular
comenzó en los océanos recientemente condensados
con los minerales actuando como enzimas,
células que nacen y crecen como cristales inorgánicos.
Ahora vemos que en las chimeneas submarinas con agua a ebullición
habitan microbios.
El ancestro común,
las moléculas que engendraron las células primordiales
hasta llegar a seres complejos
aspiran a diseñar microbios,
cortan pedazos de ADN y los empalman con los de otras especies,
aunque ellos tengan tantos genes como una lombriz intestinal.