El filósofo critica:
A los psiquiatras
que tratan con medicamentos toda enfermedad mental.
A los psicoanalistas
que se remontan hasta el feto.
A los psicoterapeutas
que suponen traumas.
A los psicólogos conductistas
que empobrecen la naturaleza humana.
El filósofo considera:
A los neurólogos y neuropsicólogos
que observan la mente y el cerebro.
A sí mismo
el consejero filosófico
que defiende vivir la vida
con libre albedrío.
El profesor de filosofía
hace una relación histórica:
Cita a los orientales
Confucio, Buda, Lao Tse
que nos enseñaron la prevalencia del desarrollo moral
sobre nuestra obsesión con el progreso científico.
El profesor nos recuerda:
A Sócrates con sus deducciones.
A Platón intentando aprehender las formas puras
enmendado por Locke
con impresiones sensoriales que originan ideas.
A Aristóteles sin empirismo
corregido por Francis Bacon y Thomas Hobbes
adelantados por el escéptico Descartes y el medidor Galileo.
A Kant para quien la razón produce impresiones
resuelve las dudas con imperativo categórico
¿te gustaría que te lo hicieran a ti?
A Hegel con sus tesis, antítesis y síntesis.
A John Stuart Mill exigiendo la libertad individual
sin daño para el prójimo.
A Sartre con la náusea.
A Kierkegard con la angustia existencial.
A Russell, Frege, Ayer, Moore
estudiando el lenguaje
la ciencia
la mente y el cerebro.
A las lecciones de todos ellos
desde Confucio a Russell y más acá
acude el consejero filosófico
para elaborar planes personales de superación.
Propone.