Hubbard, el prolífico escritor de ciencia ficción
imaginó a Xenu, dictador de la Confederación Galáctica
que pobló la Tierra de espíritus incómodos llamados ‘Thetan’
creando un mito comparable a las religiones.
Ideó la Dianética
que dice explicar el poder de la mente sobre el cuerpo
y cura tanto la drogadicción como la homosexualidad.
Es una tesis opuesta a la de los psicólogos y psiquiatras
conspiradores, dice, que lavan cerebros mientras se enriquecen
ignorantes de la espiritualidad humana.
Dijo que la mente reactiva, esa parte de nuestra mente
(o los ‘Thetan’ extraterrestres que se pegan a los humanos)
producen ‘engramas’ que nos separan de la supervivencia.
Fundó la Cienciología
una Iglesia basada en la Dianética
que pretende eliminar guerras, crímenes y locura.
Una Iglesia para la que el ser humano es inmortal
un espíritu con muchas vidas pasadas, terrestres o no
encerrado en un cuerpo físico
cuya supervivencia y mejora dependen de sí mismo.
Una Iglesia que ofrece auditorías al novicio ‘preclear’
en las que el auditor detecta los errores vitales
a veces sirviéndose de una especie de detector de mentiras
intentando lograr un estado saludable al cliente
mediante la detección de ‘engramas’
y la superación de excesos y defectos
utilizando también como medicina
la dieta, el ejercicio físico, las vitaminas y la sauna
para conseguir el estado ‘clear’ y más.
Pero las auditorías son a veces tan caras
que algunos famosos han dicho
que pretendían quedarse con todo su patrimonio.
La Cienciología presume de romper la barrera entre ciencia y religión
pero sus críticos no detectan más que su planteamiento de metas
por lo que la califican de pseudociencia.
La Cienciología tiene templos abiertos a los que nos invita.