La cultura griega
de la astronomía a los mitos del cielo
de la ingeniería y la agricultura a las matemáticas
de la economía al derecho
de la medicina a la literatura
de la crítica de Sócrates
a los fundamentos de Platón
y a la sistemática de Aristóteles
trascendió a los romanos y mucho más allá.
La religión griega con sus muchos dioses
poco pasó más allá de Roma.
De Urano y Gea, el cielo y la tierra
nacieron Cronos y titanes.
Cronos engendró hijos que le exiliaron y se hicieron con el poder
Zeus del cielo, Poseidón del mar, Hades del inframundo.
Zeus y Hera reinaban en el Olimpo
en el trono de un palacio de estilo humano
donde había otros diez tronos ministeriales
un gobierno paritario de cinco diosas y cinco dioses:
Démeter agricultura y Atenea educación,
Artemisa interior, Afrodita portavoz y Hestia sus labores,
Hefesto industria y Ares guerra,
Apolo cultura, Hermes comercio y Dionisos el vino.
Además había veintidós dioses olímpicos
y otros que por el mundo andaban:
nereidas, titanes, Pan…
una pléyade que servía de cotilleo a los griegos
como si de famoseo se tratase.
También se divertían con las leyendas de los héroes,
hijos de dioses y humanos:
con Decaulión, superviviente del diluvio universal
con su arca y animales,
con Teseo, que mató hasta al Minotauro
con Jasón y los cincuenta héroes que navegaron en el Argos
con Perseo, matador de la Gorgona de mirada petrificadora
con Atalanta, más rápida que los novios que asesinaba
con el gran Heracles y sus múltiples trabajos
capaz de empatar con Zeus en los juegos olímpicos.
Los griegos acudían convencidos al oráculo de Delfos
donde la Pitonisa, a través del sacerdote,
respondía crípticamente a las preguntas.
También se sometían a los ritos de los misterios de Eleusis
en el culto a Démeter y su hija Perséfone
que era rescatada del Tártaro cada medio año
y obtenían visiones ultra humanas
quizá favorecidas por sustancias alucinógenas.
En el Tártaro eran juzgados los espíritus
unos sufrían el castigo de las Furias
otros trabajaban en el campo
los buenos entraban en el Elíseo.
Al final, los dioses hubieron de dejar el Olimpo
se dedicaron a la agricultura
y sus templos se transformaron en iglesias cristianas.