En la memoria quedan
una guerra de ciento dieciséis años
entre la isla inglesa y la Francia europea
y otra de solo treinta años
entre católicos y luteranos revueltos
o entre Francia y el resto
precedida por España.
El siglo veinte comenzó con dos guerras
los Balcanes contra el Imperio Otomano
y Grecia, Serbia, Bulgaria y Montenegro contra sí mismos.
Enseguida llegó la Gran Guerra
guerra de trincheras y gases asfixiantes
entre naciones que ansiaban expansión
Imperio Británico, Rusia, Francia, Italia, Estados Unidos
contra imperios Alemán, Austrohúngaro, Otomano y Bulgaria.
Tras diez millones de muertos
llegó un periodo de paz ficticio
truncado por la Guerra Civil española
preparada por las potencias ahora rivales
en previsión de un futuro conflicto:
la Segunda Guerra Mundial
con muy mejorada capacidad de matar.
Alemania, Imperio Japonés, Italia, Rumanía y Bulgaria
que mataron más de los propios que de ajenos
contra Reino Unido, China, Francia, Estados Unidos
y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
que sufrió veinte millones de muertos.
Hubo coalición entre Alemania y Francia
y guerra parcial entre China y Japón.
Con Alemania derrotada continuaron sobre ella los bombardeos
y Estados Unidos ensayó dos bombas atómicas sobre Japón.
Años después surgió la guerra de disolución de Yugoslavia
desmembrada en cinco países
Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Macedonia y Serbia
más Kosovo.
Ya había nacido la Unión Europea
en la que veintisiete naciones
antiguas enemigas
intentan regirse por las mismas leyes democráticas.
Confiemos en que no sea otro espacio entre guerras.