Lo dijo el aristócrata Platón
el macho es superior por naturaleza
la hembra inferior es gobernada.
Principio que se extiende a toda la Humanidad.
Pero ahora la ciencia sabe
que la diferencia original es mínima
que está en el par cromosómico veintitrés:
dos cromosomas grandes X para la hembra
un cromosoma X y otro Y más pequeño para el macho.
Términos macho y hembra determinan el sexo
hombre y mujer definen el género.
La unión de los sexos conduce a la formación del feto.
El cromosoma Y se encarga de la producción de los testículos
a la séptima semana
y las hormonas andrógenas
hacen crecer glande y pene
más el escroto que embolsa los productos.
Si el feto no tiene Y
los X forman el ovario
en la semana decimotercera.
Si las enzimas controladoras tienen defectos
puede darse hermafroditismo.
Ambos sexos
tienen otros veintidós pares cromosómicos iguales
procedentes uno de la madre y otro del padre
que se unieron y prolongaron la especie humana.
Unión gozosa que buscan con afán
los humanos de manera peculiar.
A diferencia de la mayoría de los mamíferos
las mujeres no presentan señales claras de ovulación
mantienen una receptividad sexual casi constante
invitando al sexo recreativo
que no conduce a reproducción.
Las hembras recolectoras
debían dar de mamar a sus crías
varias veces al día
mientras los machos cazaban.
Un sistema mantenido durante milenios.
Han pasado veinticuatro siglos desde Platón.
En esta Tierra casi saturada con ocho mil millones de personas
las mujeres de medio mundo claman igualdad
se unen con otras mujeres
y pueden optar por fecundación in vitro.
Muchos hombres exhiben nueva sexualidad
mientras su semen pierde espermatozoides
¿Nos estamos defendiendo de la superpoblación?