Cernuda, Diego y Dámaso Alonso: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas en español (21)

CERNUDA

El poeta sevillano Luis Cernuda murió en 1963, en el exilio mexicano, a los sesenta años de edad. Se le considera perteneciente a la generación del 27, de aquel grupo de poetas (Lorca y Alberti, Guillén y Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, Prados y Altolaguirre… ) que rindieron homenaje a la pureza poética representada por Góngora y Juan Ramón Jiménez; en aquel tiempo en el que el licenciado en Derecho Cernuda escribía sus primeros versos:

«Soledad amorosa. Ocioso yace/ el cuerpo juvenil perfecto y leve./ Melancólica pausa. En triste nieve/ el ardor soberano se deshace.

Pocos años después, el tímido y solitario Cernuda, hijo de un jefe militar, comienza a liberarse de las represiones de su homosexualidad: «Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,/ como nace un deseo sobre torres de espanto…». Y de las rimas asonantes y consonantes: «Cómo llenarte soledad,/ sino contigo misma.»

Cuando llega la Guerra Civil le dice a Larra: «Escribir en España no es llorar, es morir». Y en Gran Bretaña, en el exilio, clama por su tierra:

«Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,/ tierra nativa, más mía cuanto más lejana?/ Tus pueblos han ardido y tus campos/ infecundos dan cosecha de hambre;/ rasga tu aire el ala de la muerte;/ tronchados como flores caen tus hombres/ hechos para el amor y la tarea;/ y aquellos que en la sombra suscitaron/ la guerra, resguardados en la sombra,/ disfrutan su victoria, Tú en silencio,/ tierra, pasión única mía, lloras/ tu soledad, tu pena y tu vergüenza».

Y clama contra la Segunda Guerra Mundial: «Oh Dios. Tú que nos has hecho/ para morir, ¿por qué nos infundiste/ la sed de eternidad, que hace al poeta?/ Puedes dejar así, siglo tras siglo/ caer como vilanos que deshace un soplo/ los hijos de la luz en la tiniebla avara?/ Mas tú no existes. Eres tan sólo el nombre/ que da el hombre a su miedo y su impotencia.»

De Gran Bretaña pasa a Estados Unidos: «Y el mozo iluso es viejo, él mismo ignora cómo/ entre sueños fue el tiempo malgastado…»

Y de allí a México, su destino final, donde confiesa: «Soy español sin ganas…» Y donde muestra cuál es su verdadera patria: «La real para ti no es esa España obscena y deprimente/ en la que regenta hoy la canalla,/ sino esta España viva y siempre noble/ que Galdós en sus libros ha creado,/ de aquella nos consuela y cura ésta.»

DIEGO

En 1987 desaparece el poeta Gerardo Diego, nacido en Santander en 1896. Estudió leyes en Deusto, la universidad de los jesuítas, de ahí su catolicismo: «Dame tu mano María,/ la de las tocas moradas./ Clávame tus siete espadas/ en esta carne baldía». Catedrático de Instituto, se despide de su tierra: «De aquel mar me despedía,/ mi cántabro mar maestro,/ para buscar el mar nuestro/ mar nuestro de cada día». Seguidor del creacionismo de Ramón Gómez de la Serna, entrevera greguerías: «En un pañuelo amortajado/ llevaba a enterrar el último adiós». Pianista, intérprete de música clásica: «Cuenca, toda de plata,/ quiere en ti verse desnuda,/ y se estira, de puntillas,/ sobre sus treinta columnas».

Recuerda poetas: «Poetas andaluces/ que soñasteis en Soria un sueño dilatado:/ tú, Becquer, y tú, Antonio, buen Antonio Machado,/ que aquí al amor naciste y estrenaste las cruces/ del dolor, de la muerte./ Este gran Ramón que fuera, ¿cuántas cosas?/ barbas de chivo, apóstol manco,/ barquero de la Estigia, Bradomín de las rosas,/ es ya un fantasma blanco, blanco.»

Canta a toros y toreros: «Un lienzo vuelto, una última voz – toro -,/ un gesto esquivo, un golpe seco, un grito,/ y un arroyo de sangre – arenas de oro -/ que se lleva – ¡ay!, espuma – a Joselito».

ALONSO

El poeta Dámaso Alonso (1898 – 1990) recibió el premio Cervantes en 1978 (un año después lo ganó Gerardo Diego). Lector de español en las mejores universidades alemanas (Berlín y Leipzig), inglesas (Oxford y Cambridge) y de Estados Unidos (Harvard y Yale). Catedrático de Filología Románica en la Universidad Central desde 1940 y director de la Real Academia Española de 1968 a 1982 (después, honorario vitalicio):

¿Dónde estuvo durante la Guerra Civil? ¿Qué hizo? No lo cuenta, pero escribe angustiado ‘Hijos de la ira’ en 1944, tras la Segunda Guerra Mundial: «Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres… Y paso largas horas preguntándole a Dios… por qué se pudren más de un millón de cadáveres… Dime, ¿qué huerto quieres abonar con tanta podredumbre?»

Muchos monstruos: «Sí, alejadme de ese tristísimo pedagogo, más o menos ilustre,/ ese ridículo y enlevitado señor,/ subido sobre una tarima en la mañana de primavera,… ese monstruo…/ ese jayán pardo,… ese vesánico estrujador de cerebros juveniles…»

Muchos muertos: «Ah, muertos, muertos, ¿qué habéis visto/ en la esquinada cruel, en el terrible momento del tránsito?…/ Ah, Dios mío, Dios mío, ¿qué han visto un instante esos ojos/ que se quedaron abiertos?»

Mucho odio: «Húndete, pues, con tu torva historia de crímenes,/ precipítate contra los vengadores fantasmas,/ desvanécete, fantasma entre fantasmas,/ gélida sombra entre las sombras,/ tú, maldición de Dios,/ postrer Caín,/ el hombre».

Odio, amor. Yo: «Cadáver que se me está pudriendo encima/ desde hace 45 años,…/ Hace 45 años que te odio,…/ 45 años hace ya/ que te amo».

Mucho Dios: «¡Libre Dámaso – Dios!». Dámaso impío: «Aire de Dios rasgó mi desenfreno,/ que osé la libertad que Dios me daba,/ látigo contra Dios alzar, ¡Dios mío!»

Hasta 1980 no publica ‘Gritos de la vista’ con la sorprendente ‘Visión de los monstruos’, un hallazgo: «Dámaso – babosa… Gracias./ Desde Chamartín de la Rosa,/ un mínimo ciudadano de la gran Vía Láctea,/ abre su balcón y se asoma al Cosmos, y grita:/ gracias, gracias: yo veo».

Y a los ochenta y seis años, ya calvo, se suelta el pelo. (Ya no hay Dios, sino Señor): «La muerte para el muerto es Nada, cero». «Creo verdad la idea de la muerte/ del alma, al punto mismo en que se muere el cuerpo». «Mi idea es eso./ Pero puede ser falsa ¡Ojalá sea!». «¡Qué puras, misteriosas y felices/ las almas solas sin el cuerpo eternas!»

Fluirá con el alma de sus padres, de sus amigos: Unamuno, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Amado Alonso, Leopoldo Panero, Vicente Gaos, Rafael Ferreres, Vicente Aleixandre,… y Federico («Y sed ya para siempre mar salobre,/ oh campos de Alfacar, tierras de Viznar.»): «Todo lo quiero ver, después de muerto». «Y conocerlo todo». «Ah, el infinito universal lo juzgo,/ inmensa plenitud sin ningún límite». «Oh, gran Señor, sería/ todo tan justo, dime,/ dime, si tú existieras… creo, cierto que existes./ ¿Lo creo?/ Sí, ¿lo creo? Sí ¿Te amo y te bendigo?»

Juan Ramón y Aleixandre: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas en español (20)

JUAN RAMÓN

El poeta lírico Juan Ramón Jiménez nació en Moguer (Huelva) en 1881. Apareció en Madrid en 1900, de la mano y bajo la influencia de Rubén Darío. Se trata de un joven virginal de diecinueve años que ama y admira la naturaleza con ojos puros: «Vagos ánjeles malvas/ apagaban las verdes estrellas./ Una cinta tranquila/ de mares violetas/ abrazaba amorosa/ a la pálida tierra». Doce años más tarde, trabajando como editor en la Residencia de Estudiantes, ya se le han enturbiado los ojos: «…Pero, ¿acaso/ puede hablar de sus rosales/ un corazón sepulcrado?». «¡Yo le tiré al ideal/ creyendo que no le daba! ¡Tiro negro, como abrió/ tu culatazo mi alma!». «¡Corazón, estás bien muerto! ¡Mañana es tu aniversario!» . «¡Qué yelo en la planta de este pie alternado,/ que tengo que tener sobre la tierra!»

En Nueva York, en 1916, se casa con Zenobia Camprubí, traductora de Rabindranath Tagore: «¡Qué dulce esta inmensa trama! Tu cuerpo con mi alma, amor,/ y mi cuerpo con tu alma». «La vía láctea/ sale de mí, pasa por ti,/ y vuelve a mí, círculo único./ ¡Qué dos columnas sustentadoras del universo!»

En 1956, Juan Ramón recibe el premio Nobel, el mismo año del fallecimiento de su esposa Zenobia. Dos años después también muere el poeta en San Juan de Puerto Rico. Y ya muy tarde, el llamado déspota de los poetas escribe: «…y ya muy tarde, ayer tarde,/ oí hablarme a los árboles».

ALEIXANDRE

El premio Nobel de literatura 1977 recayó en el poeta sevillano Vicente Aleixandre, nacido en 1898, el año del fin del imperio español. Desde 1927, fecha definitoria de una generación de poetas, vivió casi recluido por su enfermedad en su casa de Velingtonia, en los altos de la Moncloa madrileña. Aleixandre fue como un imán para los poetas españoles de la época. Se reunían en su casa para realizar lecturas y dialogar.

Aleixandre, poeta surrealista y cósmico: «A mi paso he cantado porque he dominado el horizonte/ porque por encima de él – más lejos, más, porque yo soy altísimo -/ he visto el mar, la mar, los mares, los no límites./ Soy alto como una juventud que no cesa.»

Romántico: «Por eso os amo, inocentes, amorosos seres mortales/ de un mundo virginal que diariamente se repetía/ cuando la vida sonaba en las gargantas felices/ de las aves, los ríos, los aires y los hombres».

Realista: «Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo escribo./ Uno a uno, y la muchedumbre./ Y para los pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin oírme,/ está mi palabra».

Pound, Brodsky y Walcott: Citas y anotaciones de las obras de grandes poetas (19)

POUND

Ezra Pound nació en Idaho en 1885 y murió en Venecia en 1972. Fue un poeta difícil, muchas veces incomprensible, un políglota con conocimientos en latín, griego, francés, italiano, alemán, español, provenzal, anglosajón y, naturalmente, en literatura y gramática inglesa. Ejerció como profesor de lenguas romances antes de marchar a Europa en 1908. En Inglaterra, donde vivió el éxito de sus libros, se hizo amigo y secretario de W.B. Yeast y actuó como maestro, asesor crítico, promotor y propagandista de autores noveles: nada menos que James Joyce, T.S. Eliot y Ernest Hemingway entre otros, lo que le valió la posterior denominación de poeta de poetas. Se relacionó con Thomas Hardy, Henry James y, en París, con Jean Cocteau, Tristan Tzara y Louis Aragon. Pound organizó el movimiento jmaginista, explicando que «una imagen es aquella que presenta un complejo intelectual y emocional en un instante, ese crecimiento súbito que experimentamos en presencia de las obras de arte más grandes». «La imagen no es una idea, es un vórtice, del cual, y a través del cual, y hacia el cual, las ideas se abalanzan continuamente». Como en chino cada palabra es una imagen, un ideograma, hizo traducciones del chino ¡sin saberlo!, y las plasmó en su obra ‘Cathay’ (¿Le debe algo William Burroughs por esta idea?). Para componer alguno de sus poemas actuó siempre como ‘traductor traidor’ tanto del chino como del latín o del provenzal, interpretando lo que le daba la gana y plasmándolo en sus obras: ‘Personae’, ‘Propercius’, ‘Mauberley’ o los ‘Cantos’. Estos últimos llenaron su vida desde 1915 hasta 1955 y fueron recogidos en gruesos volúmenes en 1970.

De su mujer, Dorothy Shakespeare, y de su amante, la violinista Olga Rudge, tuvo un hijo y una hija, ambos dados en adopción a los abuelos y a unos campesinos, respectivamente. Durante la Segunda Guerra Mundial, que vivió en Italia, hizo emisiones de radio de apoyo al fascismo y contra Estados Unidos, su país, lo cual le valió ser dado por loco (¿lo fingió para salvarse de la ejecución por traidor?) y recluido en un centro sanitario desde 1946 hasta 1958. Durante el internamiento le permitieron recibir visitas (su mujer, Dorothy, los poetas Eliot y W.C. Williams…) y lo liberaron con la condición de que abandonase el país. Residió en Italia hasta su muerte en un evidente declive físico y mental, asistido por su amante Olga.

Dedicó versos a personajes: «Oh, artera Muerte llena de amargura / bien Te puedes jactar de que el mejor caballero / que jamás pueblo hubo nos has arrebatado». (A Henry Plantagenet, hermano de Corazón de León).

A Nueva York: «Mi ciudad, mi amada, / eres una doncella sin pechos. / Eres esbelta como un junco de plata.»

En una estación de metro: «La aparición de estas caras en la multitud / pétalos sobre una mojada, negra rama.»

En la buhardilla: «Ven, apiadémonos de los que están mejor que nosotros. / Ven, amigo, y recuerda que los ricos tienen mayordomos y no amigos, / y nosotros tenemos amigos y no mayordomos.»

Al alba: «Tan fresca como las pálidas hojas mojadas / del lirio del valle / ella yacía a mi lado en la aurora.»

¿Le debe algo la generación beat? «Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrón de los ladrones, / prestadme un pequeño estanco, / o establecedme en cualquier profesión / salvo esta maldita profesión de escribir / en la que se necesita el cerebro todo el tiempo.»

Posguerra: «Allí murió una miríada, / y entre ellos los mejores, / por una puta vieja sin dientes, / por una civilización chapucera.»

BRODSKY

El premio Nobel de literatura de 1987 le correspondió al poeta ruso estadounidense Joseph Brodsky, nacido en 1940 en Leningrado (San Petersburgo) de familia judía (aunque en sus poemas, con muchos versos dedicados a la Navidad y a Dios, da muestras de creencias cristianas). Acusado de parásito social, fue sentenciado, cuando tenía veinticuatro, a cinco años de trabajos forzados de los que solo cumplió uno, merced a las protestas de varios literatos soviéticos. Un año antes había escrito el que está considerado el mejor de sus poemas: ‘Elegía por John Donne’ (Este poeta inglés nació y murió en Londres entre 1572 y 1631. Escribió poesía secular hasta su ordenación en 1615 y poesía religiosa hasta su fallecimiento. Desde 1621 ejerció como dean de la catedral de San Pablo donde fueron famosos sus sermones):

«John Donne se ha dormido, como todo el lugar… / John Donne se ha dormido. Y el mar con él… / duermen ríos, bosques y montes; / fieras y aves, el mundo muerto, los seres vivos. / Solo la nieve blanca cae del cielo en la noche… / Se ha dormido Dios. La tierra ahora le es ajena… / Mas, ¡ay! Tú oyes: allá en la fría noche, / hay alguien que llora, que susurra asustado… / Soy yo, John Donne, tu alma… / Aquí estoy, sola, penando en las cimas celestes… / No soy yo quien solloza, lloras tú, John Donne… / ¿quién compartirá con nosotros la muerte?»

Josif Brodski es un poeta preocupado por la rima, la métrica y la filosofía. (Su traductor, pendiente de la rima, hace ripios y obtiene pérdidas de significado lamentables).

«¡Detente instante! No eres maravilloso / sino irrepetible. Eres feliz y, sin embargo, a pesar de todo / aún sigues con vida.»

«En el país de los sin bocado / las miradas tienen hambre.»

«La poesía, según parece, consiste / en la ausencia de fronteras claras.»

«He conocido a tres grandes poetas. / Y los tres eran unos hijos de puta.»

«No hay causas en el mundo, / tan solo efectos. Los hombres son sus víctimas.»

Joseph Brodsky se exilió en 1972 y se nacionalizó estadounidense en 1977.

«Yo nací en un gran país, / junto a la boca de un río. / Siempre en invierno se helaba / y no he de regresar… / y en cuanto a dónde toque tomar tierra, / es duro en todas partes; / les recomiendo EEUU.»

WALCOTT

El premio Nobel de literatura de 1992 se lo concedieron al poeta Derek Walcott, un negro nacido en 1930 en Claistres, la capital de la antigua colonia británica de Santa Lucía, una isla de las Pequeñas Antillas. Era hijo de un pintor británico nieto de esclavos que murió cuando él tenía un año de edad. El poema épico ‘Omeros’ (Homero, 1990) está considerado su obra maestra. En él describe la lucha de los pescadores por el amor de una mujer negra antillana. Expone:

«Dije ‘Omeros’, y O era la invocación de la caracola, / mer era las dos, la madre y el mar en nuestro patuá antillano, / os era un hueso gris y el blanco oleaje cuando rompe con estruendo / y esparce su collar sibilante sobre una playa que parece de encaje. / Omeros era el crujido de las hojas secas, y los remolinos / que brotan a la bajamar como un eco por la boca de una cueva».

Dedica sus ‘Églogas italianas’ a su amigo Joseph Brodsky, poeta: «Joseph, ¿por qué escribo esto si tú no puedes ya leerlo?… Las campanas de los ‘campanjle’ doblando enloquecidas para ti que sentiste cómo esta ciudad lacerada por piedras curaba nuestros pecados… Qué bien pensado, en tu cumpleaños, hablarle de ti a Venecia.»

Y trae sus rimas a España: «Así es como hay que leer España, hacia atrás, como la memoria, como el árabe, montañas y cipreses profetizados que confirman que el único tiempo es el pretérito, donde yace un pecado que es el de toda España».

Brecht y Seifert: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores y poetas (18)

BRECHT

El alemán Bertolt Brecht, poeta (sobre todo poeta) social, había estudiado medicina y trabajado en un hospital; estaba clasificado como iconoclasta y marxista mientras escribía: «Yo, Bertolt Brecht, arrojado a las ciudades de asfalto/ desde la Selva Negra, dentro de mi madre, hace tiempo».

En la treintena escribe libretos de ópera, alguna de dos o tres céntimos, en las que se define como poeta que no cobra: «Hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas/ y furiosamente perseguimos a vuestros enemigos con poesías como puñales». Y como autor: «Soy autor dramático. Muestro lo que he visto./ Y he visto mercados de hombres donde se comercia con el hombre». Y como defensor de la dialéctica: «Y entre los oprimidos, muchos dicen ahora:/ Jamás se logrará lo que queremos…, / ¡Que se levante el que esté abatido!…/ Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,/ …y el jamás se convierte en hoy mismo,/ están los reflexivos, que nunca actúan». Y como antiburgués: «¡Oh Alemania, pálida madre!/ ¿Qué han hecho tus hijos de ti,/ para que, entre todos los pueblos,/ provoques la risa o el espanto?»

Exiliado en Dinamarca y posteriormente en Estados Unidos, donde escribe parte de sus obras de teatro más conocidas mientras los nazis queman sus libros en Alemania: «Los viejos libros explican la sabiduría:/ apartarse de las luchas del mundo y transcurrir/ sin inquietudes nuestro breve tiempo». «He crecido hijo/ de gente acomodada…/ no me gustó la gente de mi clase…/ y me uní al pueblo llano». «…dictaron contra mí una orden de detención…/ mas los no propietarios…/ me conceden refugio». Y en Hollywood se dedica al trabajo alimenticio: «Para ganarme el pan, cada mañana/ voy al mercado donde se compran mentiras».

Acabada la Segunda Guerra Mundial vuelve a Berlín. Es galardonado con el premio Stalin de la Paz. Aunque no es considerado ortodoxo en el Este y es boicoteado en el Oeste por comunista, obtiene un gran triunfo en el Teatro de las Naciones de Paris en 1955, pero dice: «No me gusta el lugar de donde vengo./ No me gusta el lugar adonde voy»

SEIFERT

El poeta Jaroslav Seifert fue el primer checo en ser galardonado, en 1984, con el premio Nobel de literatura. «En la calma de la memoria… veo los rostros de muchas bellas personas que he conocido; entonces me vienen los recuerdos… cada vez más hermosos», dice en ‘Toda la belleza del mundo’, su última obra, publicada en 1981 cuando tenía ochenta años de edad. Y recuerda a Jan Neruda «el escritor más grande de Praga», cuyo nombre adoptó Neftalí Flores. Y las palabras de Max Brod: «El río Moldava fluye en sí mayor porque Smetana lo quiso así». Y a Hasek, el autor de ‘Las aventuras del bravo soldado Svejk’, que escribió la novela bebiendo de tasca en tasca, rodeado de gente que llevaba al editor las páginas escritas para que las pagase y poder seguir bebiendo. Y al poeta Vladislav Vancura, fusilado por los nazis, lo que le hace gritar: «Es una pena, pero después de la muerte no hay nada ¡No hay ningún infierno, aunque tendría que existir! ¡Tampoco existe el paraíso, aunque tendría que existir, al menos para los que mueren de esta forma!»

Seifert escribió treinta volúmenes de poesía, los primeros hasta 1929 año en el que rompió con el partido comunista, dedicados a la poesía obrera. Para Seifert «la misión del arte es cantar, con imágenes arrebatadoras y con insospechados ritmos poéticos, toda la belleza del mundo». Además, «lo que llamamos poesía es un gran secreto del que cada poeta revela un poquito o algo más… es una aparición… o… no lo es, sino una obra difícil y no muy grande». Prefiere «el poeta cuyas poesías no están envueltas en ningún misterio… son claras y llegan a la gente», al que «lanzaba a sus lectores miles de versos con gran fausto… y exigía a su público que los recibiese con gran fausto».

Seifert se despide porque «cuando el hombre se hace viejo, suele estar triste… hace un recuerdo complacido de sus años… todo pasa muy deprisa… y se siente más solitario».

Dürrenmatt: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (17)

DÜRRENMATT

El escritor suizo Friedrich Dürrenmatt (1921 – 1990), reputado autor teatral cuya obra considerada como la más importante es ‘Los físicos’, una comedia negra que se desarrolla en un manicomio en el que vive un genio de nombre Möbius (en memoria del matemático alemán inventor de la superficie que lleva su nombre e impulsor de la topología y de la geometría proyectiva) creador de la teoría del campo uniforme, ¡la teoría del todo!, y del sistema de todos los inventos posibles. Dice el protagonista: «Si mis investigaciones cayeran en manos de los hombres… se encaminarían a su fin… Nuestra ciencia se ha vuelto terrible, nuestros descubrimientos, mortales». «Solo en el manicomio podemos seguir pensando. Danos la fuerza necesaria para guardar celosamente, bajo las apariencias de locura, el secreto de nuestra ciencia». Ya que «el contenido de la física concierne a los físicos, sus repercusiones, a todos los hombres».

Dürrenmatt escribió varias novelas policíacas de notable éxito, porque para él «solo se necesita que el detective tenga razón y que capture al asesino, y ya tenemos la más hermosa novela o guion de cine». No obstante, en ‘La promesa’ hace que el inteligente detective, que intuye la verdadera solución del caso, acabe fracasado y arruinado mientras el asesino es descubierto después de muerto por la confesión de su viuda. Pero el autor, en la misma novela, propone otro final (que es el de una de las versiones cinematográficas): El asesino cae en la trampa (‘El cebo’, una niña), lucha, hiere al detective y es capturado.

En todas sus novelas negras, Dürrenmatt, gran maestro del género, envía fuertes cargas de profundidad. En ‘El encargo’ estudia «el observar del observador de los observados», intercalando que «el hombre observa la naturaleza como nunca lo había hecho antes, inventando, para observarla, instrumentos cada vez más ingeniosos… hasta descubrir que los rayos electromagnéticos son masa irradiada, y la masa, radiación electromagnética congelada». En ‘La sospecha’ vuelve al tema: «Creo en la materia, que es a la vez energía y masa… que es tangible en forma de animal, planta o carbón, e intangible como átomo; que no necesita Dios ni ninguna otra invención parecida».

La preocupación de Dürrenmatt por la administración de justicia se extiende a lo largo de toda su obra. Así, en ‘La Sospecha’, el comisario Hans Bärlach, protagonista de varias novelas, persigue desde su lecho de muerte a un criminal médico del campo de exterminio nazi de Stutthof porque «los grandes sinvergüenzas andan sueltos y a los pequeños los encierran. Demasiado menudeo, demasiado olisqueo, mientras la caza mayor… acaba siempre bajo protección estatal». Y un judío maltratado por el tal médico confiesa: «A los internados en algún campo de exterminio como Auschwitz, Lublin, Maidanek, Natzweiler o Stutthof solo nos hacía esperar ser trasladados a lugares tan agradables como Buchenwald o Dasau, donde aún subsistía una mínima esperanza de salvarse por obra de algún azar inverosímil». Afirma que la frase «la ley es la ley, es una mentira». «Cuando decimos ley, queremos decir poder. La ley es el vicio, la riqueza, los cañones, los trusts, los partidos». Su última novela, ‘Justicia’, trata del autor de un crimen evidente y sin móvil que es finalmente absuelto, debido a que «un juez tiene tan poca necesidad de ser justo como el Papa de ser creyente».

Gore Vidal: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (16)

GORE VIDAL

En 2012 muere a los 86 años de edad Eugene Luther Vidal, nacido en West Point y conocido como Gore Vidal. Tras servir en la Armada de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial se dedicó a escribir, publicando su primera novela en 1946, que trataba sobre la guerra. Su tercera novela, ‘The city and the pillar’, que trata de la homosexualidad (su homosexualidad), constituyó un escándalo y desde entonces solo obtuvo fracasos comerciales, a pesar de que en 1954 publicó su (para quien esto escribe) mejor novela: ‘Mesías’. Después se cambió al teatro y a escribir guiones de cine y televisión, para volver a la novela en 1964 con éxitos sucesivos. Gore Vidal fue un aristócrata estadounidense conflictivo que clamaba contra los políticos corruptos, contra la cultura imperial y que defendía el paganismo. Manifestaba que «el amor no es lo mío, soy un propagandista que odia». Para algunos era mejor ensayista, comentarista político y biógrafo que novelista.

En 1948, cuando tenía 23 años, Gore Vidal escribió ‘En busca del Rey’, novela donde cuenta la prisión de Ricardo I Corazón de León en Viena y su rescate por una fabulosa cantidad de dinero. Ricardo (1157 – 1199) fue rey de Inglaterra desde 1189 hasta su muerte. Gore le describe como como un personaje de tremenda energía y crueldad, hábil soldado y político, potente poeta lírico y homosexual. La Historia asegura que vendió propiedades para armar una flota destinada a la Tercera Cruzada. En ruta hacia Tierra Santa conquistó Sicilia y Chipre, donde casó con Berengaria de Navarra. No consiguió entrar en Jerusalén y pactó con Saladino permiso para que los peregrinos pudieran entrar en los lugares sagrados. En 1950, Gore Vidal publicó una buena novela de aventuras: ‘Verde oscuro, rojo vivo’, donde cuenta la lucha por el poder en una república bananera centroamericana entre los ricos propietarios de cafetales y una gran empresa norteamericana, en presencia de unos indios diminutos. En ‘Mesías’ el narrador es Eugene Luther (Gore), oponente de John Cave (el Mesías, J.C.) quien dice que «morir es bueno», como los gnósticos, aquellos que prometían una feliz liberación en la muerte, y como Kant, que preveía con placer el voluptuoso sueño de la tumba. Para Cave no hay cielo ni infierno: «Tengo una sola cosa que dar a la gente, y es la manera de morir sin miedo, alegremente, de aceptar la nada como es, un largo sueño sin sueños». Para Luther, la ‘verdad’ de Cave podría contribuir, en el mejor de los casos y en pequeña medida, a la abolición de las molestas supersticiones de las religiones establecidas.

En 1964, Gore vuelve a tratar con un personaje legendario en ‘Juliano el apóstata’. Flavius Claudius Julianus (331 – 363) fue Emperador desde el 361hasta su muerte en la batalla de Ctesifonte (Bagdad), herido en el hígado por una fecha que nadie sabe de donde vino. (Gore se ajusta a la historia en su narración excepto en este hecho, ya que supone que a Juliano lo mató su ayuda de cámara días después de la batalla, victoriosa para Roma). La novela se desarrolla a través de la narración de Juliano y sus maestros helenistas Prisco y Lubiano, quienes dan datos adicionales y critican o subrayan las actuaciones del Emperador. Juliano se muestra contrario al cristianismo: «Demasiados inocentes han ido al matadero por las necias disputas ideológicas de los cristianos». «De acuerdo con Moisés, ese dios no era absoluto porque no hizo las tinieblas ni siquiera la materia, puesto que la Tierra existía antes que él… meramente dio formas a aquello que ya existía». «¿Debe creerse en la condenación de Platón y Homero, por ejemplo, porque no rendían culto a un judío no nacido? Dios Uno es celoso según los judíos… y además, malo… El cristianismo es el mal… miráis a lo que está muerto, rendís culto a un muerto». «Por qué es tan importante perdurar después de la muerte? No tengo inconveniente en partir porque no veo nada más que eso: nada». Juliano fue un decidido partidario de los dioses y de los misterios (eleusis): «Un mundo perdido en que los dioses vivían entre nosotros, la tierra era simple y los hombres, buenos». «Somos parte de un círculo si fin, una luminosa espiral de vida». Y defensor del humanismo: «Un esclavo es aquel que no puede expresar su pensamiento».

‘Myra Breckinridge’ es una transexual de ida y vuelta protagonista de la novela publicada en 1968 que nos ilustra en el sexo: «Peter O’Toole, actor epiceno». «La leyenda de las dimensiones del negro es solo eso, una leyenda. El pene del negro cuando está flojo es casi del mismo tamaño que cuando está en erección». «El judaísmo es, en conjunto, una religión más horrible que el cristianismo… La circuncisión solo es necesaria para muy pocos hombres… la mayoría de los prepucios se manipulan muy fácilmente… su supresión reduce la sensación del glande».

En ‘Palimpsesto. Una memoria’, Gore Vidal recuerda su vida y ametralla todo lo que se mueve, especialmente a su país: «Éramos nobles salvajes. Disponíamos de territorio tan vastos que sin inmigración jamás podríamos haberlos llenado con la progenie de tres millones de residentes que la república tenía en 1789… John Quincy Adams, secretario de Estado durante la presidencia de James Monroe, inventó la doctrina Monroe, que rechazaba la presencia de toda potencia europea en cualquier zona de nuestro territorio, al tiempo que juraba solemnemente que jamás nos inmiscuiríamos en la política europea y mucho menos en sus guerras… Cuán conservador fue el presidente Roosevelt en casa y cuán radical e imperialista fuera de ella, poniendo fin a los imperios coloniales de nuestros aliados y a los de nuestros enemigos, a la vez que iba atrayendo sus fragmentos hacia nosotros». «Nos hemos creado tantos enemigos en todo el mundo que, en nombre del terrorismo, un estado policial bastante efectivo ha ido reemplazando a la vieja república… pues llegaban los rusos y la Bomba pronto caería… Truman había restablecido la llamada a filas… Los impuestos sobre la renta llegaban a alcanzar el 95 % para pagar el monopolio de la defensa… y así ayudar a todos los países pequeñitos del mundo que amenazaban la paz, tanto si querían la ayuda como si no». «Pagar el 90 % al Fisco (cualquiera que ganase más de cien mil dólares al año) para experimentar esa oleada de orgullo que a uno le embargaba cuando la CIA derrocó al presidente de Guatemala, elegido democráticamente, y destituyó al popular líder iraní Mosaddeq. Si el gobierno iba a llevarse una parte tan grande de nuestro dinero… que nos concediese sanidad y educación». «Nixon hablando y actuando como un sonámbulo en un sueño surrealista: ‘Las tropas americanas acaban de entrar en Camboya. Esto no es una invasión’ «. «El jefe de la mafia y Joe Kennedy (el padre de JFK) cenaban juntos una vez por semana. Debía estar en prisión junto a su amigo Frank Costello… Los elementos que liquidaron a JFK – la mafia de Marcello en Nueva Orleans y otros – fueron los individuos con los que su padre había hecho negocios durante toda su vida». «Como respuesta a la intensificación de la retórica antisoviética de JFK, Nikita Kruschov había erigido el muro de Berlín, evitando de este modo la guerra». «Es escalofriante que todas nuestras vidas (guerra nuclear que evitó Nikita) estaban en las inexpertas manos de Bob y Jack Kennedy, que gastaron más que Ike en armamentos». Gore Vidal no solo dispara contra su país: «Cuando las mujeres estén en el poder, las guerras serán políticamente incorrectas, como muy bien demostró la señora Thatcher». «Rousseau, al igual que Martín Lutero, eran un par de personas intensamente cretinas… y aun así el mundo les siguió… (Como decía Voltaire a propósito de un libro de Rousseau) nunca se empleó tanto talento en hacernos parecer estúpidos… leyendo su libro, uno ansía caminar a cuatro patas… me siento frustrado ante la imposibilidad de retomar esa postura… el hombre nace bebé, ¿y qué bebé fue libre alguna vez?»

Vargas Llosa: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (15)

VARGAS LLOSA

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació en Arequipa (Perú) en 1936. Recibió educación primaria en Cochabamba (Bolivia) donde su abuelo era Cónsul de Perú. En 1950 entró en una escuela militar en Lima y , después, trabajó como periodista y locutor de radio. Se doctoró en la Universidad Central de Madrid con una tesis sobre Rubén Darío y desde 1959 hasta 1966 vivió en París. Tras pasar por Londres, la Universidad de Washington y Barcelona, volvió a Lima en 1977. (Después de casarse con su tía lo hizo con su prima). Se presentó a la presidencia de Perú y perdió frente al ‘Chino’ Fujimori. En 1993 se nacionalizó español y en 1994 fue nombrado académico de la Real Academia Española. Tras haber conseguido todos los premios importantes en lengua española (Cervantes, Príncipe de Asturias, etcétera), la Academia Sueca le concedió el premio Nobel de literatura en el año 2010.

A los dieciséis años, Mario Vargas Llosa publicó ‘La huida del Inca’, una obra de teatro en tres actos. En 1963 vio la luz su primera novela, ‘La ciudad y los perros’, que transcurre en la violenta y corrupta escuela militar que conoció. En ‘La casa verde’ (1966) combina elementos populares y heroicos de la jungla, y en los relatos ‘Los cachorros’ (1967) retrata a un adolescente castrado accidentalmente. En 1969 llega su primera gran obra, ‘Conversación en la catedral’, en la que repasa el Perú de los dictadores anticomunistas y anti apristas Odria, Prado y Belaúnde, así como las revueltas estudiantiles – pequeñitas -, las aventuras de un secretario y ministro del Interior, la vida y milagros de los limeños de clase alta y de sus criados con un trasfondo – pequeñito – del pueblo llano: El joven Varguitas, con mucho intento de hacer literatura, escribe su primera tesis doctoral aspirando al Nobel. A ‘Pantaleón y las visitadoras’ (1973), una sátira del ejército peruano y del fanatismo religioso, siguieron ‘La tía Julia y el escribidor’ (1977), escrita en contrapunto y con alusiones a «esas esencias argentinas… la cojonudez y la mariconería», y la enorme ‘La guerra del fin del mundo’ (1982), una novela sobre los conflictos políticos de Brasil en el siglo XIX, de la que dicen ser una nueva versión de un autor brasileño. (Pero, aún así, valió la pena). La ‘Historia de Mayta’ (1984) trata sobre la vida de un trotskista que soñó una revolución frustrada. La novela ‘Lituma en los Andes’, premio Planeta 1993, está compuesta de varias historias mezcladas: narcotraficantes y militares, el amor de un guardia y una prostituta, los terribles maoístas nazis de Sendero Luminoso, los mitos supersticiosos de los ‘serruchos’ andinos con sacrificios humanos incluidos… Una novela compleja, bien estructurada, un pelín demagógica y patriotera a veces, con una enorme cantidad de palabras, nombres peruanos y frases que en puro castellano significarían otras cosas o no existirían.

En 1993, año de tantas cosas en su vida, Mario Vargas Llosa publica ‘El pez en el agua’, un libro de memorias en el que exhibe su ideología política. «Desde mi desencanto con el marxismo… sospeché que la fascinación de los intelectuales con el estatismo derivaba tanto de su vocación rentista como de su incultura económica». «Las economías igualitarias basadas en la solidaridad nunca han sacado a un país de la pobreza; siempre lo han empobrecido aún más». «Pacificar el país (Perú) era una prioridad. El terror (Sendero Luminoso y MPL) había que combatirlo a cara descubierta, movilizando a campesinos, obreros y estudiantes y poniendo a las autoridades al frente». «Privatizaciones, apertura a la financiación extranjera, empleo a tiempo parcial, etcétera». Y su técnica literaria: «Lo que hice después como novelista: usar una experiencia personal como punto de partida para la fantasía; emplear una forma que finge el realismo mediante precisiones geográficas y urbanas; una objetividad lograda a través de diálogos y descripciones hechas desde un punto de vista impersonal y, por último, una actitud crítica de cierta problemática».

No se le acaba la cuerda a don Mario; tras exhibir su fina vena incestuosa en ‘Los cuadernos de don Rigoberto’ (1997), se mete con el marine, el hombre que no suda, el Gran Benefactor (de Santo Domingo, que él mandó llamar Ciudad Trujillo), el amo de todo, el chivo follador, el poseedor de grandes fortunas, el jefe de los torturadores y asesinos: Rafael Leónidas Trujillo. También describe a los autores del atentado contra el tirano: sus vidas, sus miserias y su chapuza: ¡Programar un atentado de tal dimensión sin preparar la huida!

‘El paraíso en la otra esquina’ (2003) es una novela doble en la que imagina la vida de la peruana andaluza Flora Tristán, antepasada de don Mario, creadora de la Unión Obrera (su lema: por las mujeres – esclavas – y por los obreros marginados – eslavos -) y de su nieto, el pintor impresionista en busca del edén en Tahití Paul ‘Koke’ Gauguin, autor de cuadros tan conocidos como ‘El pequeño soñador: un estudio’ o ‘¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?’, del que se dijo que «era un artista reputado, pero enemigo de Dios y de todo lo que es decente en esta tierra». Flora era seguidora de Charles Fourier, muerto en 1837, y de Victor Considèrant, que presidía el movimiento fourierisra desde la muerte del maestro. Pero «su pecado original era el mismo que el de los sansimonianos: no creer en una revolución hecha por las víctimas del sistema… sostenían que la reforma de las sociedades se haría gracias a la buena voluntad y el dinero de los burgueses iluminados por sus teorías». Ellos crearon «el falansterio, con sus cuatrocientas familias, de cuatro miembros cada una… constituiría una sociedad perfecta, donde se pagaría más a los trabajadores más aburridos y sacrificados y menos a los más divertidos y creativos».

En «El sueño del celta’ (2010), don Mario Vargas trata de la vida del irlandés Sir Roger D. Casement (1864 – 1916), cónsul británico que reveló la atroz crueldad con que eran tratados los recolectores de caucho en Congo y Putumayo (Perú), lo que le valió el título en 1912 cuando volvió a Irlanda enfermo. Aunque era de una familia protestante del Ulster, siempre había simpatizado con los católicos irlandeses. Adhiriéndose a ellos, viajó en 1914 a Nueva York a pedir ayuda para las fuerzas antibritánicas y a Alemania esperando apoyo para el movimiento independentista. Cuando fracasó en su intento de formar una brigada de prisioneros de guerra irlandeses para luchar contra Inglaterra, fue hecho prisionero y ahorcado en Londres.

(Hay más productos posteriores de la imaginación y del saber de don Mario, el prolífico escribidor, pero aquí cortamos el relato).

Coetzee: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (14)

COETZEE

El premio Nobel de literatura del 2003 le correspondió a John Maxwell Coetzee, nacido en 1940 en Ciudad del Cabo, Suráfrica. Graduado en matemáticas y lengua inglesa, trabajó en Londres como programador de ordenadores y estudió en Estados Unidos lingüística y literatura. Actualmente es profesor en la Universidad de Adelaida, Australia.

En 1994 publicó ‘El maestro de Petersburgo’, donde narra las desventuras de Fiodor Mijailovich Dostoievski (1821 – 1881) en su Petersburgo natal. Era ingeniero militar y siendo seguidor de los socialistas utópicos franceses fue condenado, primero a muerte, por conspirar contra el régimen de Nicolás I. La pena le fue conmutada por cuatro años de trabajos forzados en Siberia más otros cuatro de servicio militar. En prisión se hizo seguidor de Cristo y del orden establecido. Al epiléptico Dostoievski, casado con una viuda que tenía un hijo, se le murieron ambos y, jugador compulsivo, perdió todo en la ruleta. Para alimentarse se puso a escribir: ‘Crimen y castigo’, ‘El idiota’, ‘El poseído’… la lista de las novelas más valoradas de todos los tiempos. Casado con su mecanógrafa, Anna Suitkina, algo mejor le fue la vida hasta su temprana muerte. (Puede que incluso se librara del – su – infierno y no tuviese que cantar como el personaje del chiste: ¡esto es vida, esto es vivir!).

Aficionado a los temas no demasiado alegres, Coetzee escribió en 1999 ‘Desgracia’, novela que describe la tremenda tensión en Suráfrica, entre las culturas cafre y boer, después del apartheid, en la que el protagonista es un enseñante que, «como no tiene ningún respeto a las enseñanzas que imparte, no causa ninguna impresión entre los alumnos. Sigue dedicándose a la enseñanza porque le proporciona un medio de ganarse la vida… el que va a enseñar aprende la lección más profunda, mientras que quienes van a aprender no aprenden nada. De pronto se ve canoso, encorvado… sentado sin mover un dedo ante su mesa, en una habitación repleta de papeles amarillentos a la espera de que se apague la tarde para poder prepararse la cena e irse a la cama… y uno pueda concentrarse en hacer lo que han de hacer los viejos: preparase para morir». Coetzee insiste en su novela ‘Hombre lento’: «Si hubiera una manera de acabar consigo mismo mediante una acción puramente mental, lo haría de inmediato. Las personas que ponen en práctica su propio final, pagan las facturas, escriben cartas de despedida, se ponen su mejor traje, se tragan las pastillas que han ido reuniendo para la ocasión… Todos ellos son héroes anónimos, sin nadie que cante su hazaña. Dicen: he decidido no ser una molestia».

La anciana escritora protagonista de la novela ‘Elizabeth Costello’ defiende a ultranza a los animales y el vegetarianismo. Dice que, en los tiempos primitivos, los humanos actuaban como hoy se hace en las corridas de toros: mataban a la bestia en combate honrando su bravura y comiéndolo después de haberlo vencido. Ahora se ha derrotado a las bestias, pero no a las ratas, que siguen plantando cara, ni a los insectos, que nos sobrevivirán. Los nazis aprendieron de los mataderos de Chicago a procesar cuerpos: sólo en Treblinka murieron como animales más de millón y medio de personas. «Estamos rodeados de una industria de la degradación, la industria cárnica, que trae al mundo conejos, aves, ganado, con el único propósito de matarlos… igual que el Tercer Reich». Y cita a Plutarco: «Me asombra que usted pueda meterse en la boca el cadáver de un animal muerto… tragarse los jugos de heridas mortales». Y defiende «a los grandes simios, algunos a punto de abandonar su silencio, habría que proporcionarles derechos humanoides, como a los humanos mentalmente defectuosos: derecho a la vida, a no padecer dolor ni a recibir daños». Dice Coetzee en otro libro que» cabe incluso esperar un día en el que a los animales se les atribuirá su propia dignidad, y el prohibir se reformulará como prohibición de tratar a una criatura viva como una cosa». Coetzee hace hablar también a los que se oponen a las creencias de Costello, a los que dicen que «los animales no pueden disfrutar de derechos legales porque no son personas, ni siquiera personas en potencia, como lo son los fetos». Descartes decía que «los animales no son más que autómatas biológicos». (A buen seguro, las ancianitas que tratan a sus perritos como nietecitos no estarán de acuerdo con esto).

En 1996, J.M. Coetzee publicó ‘Contra la censura. Ensayos sobre la pasión de silenciar’, donde cita al poeta cubano Reinaldo Arenas: «La amenaza oficial incesante hace del ciudadano no sólo una persona censurada, sino autocensurada, no solo vigilada, sino que se vigila así misma». Y es que «trabajar bajo censura es como vivir en intimidad con alguien que no te quiere». Coetzee señala que en la Unión Soviética de Stalin había setenta mil burócratas que supervisaban las actividades de siete mil escritores y cuenta el caso del poeta Mandelstam, que recitó, no publicó, en pequeñas reuniones, un poema contra un tirano que ordenaba ejecuciones y disfrutaba con ellas. Enterado Stalin, pidió informes sobre Mandelstam a Boris Pasternak, quien le defendió diciendo que se trataba de un ‘maestro’, cuya eliminación tendría peores efectos. Stalin obligó a Mandelstam a escribir una oda en su honor, que se publicaría, para que se enterase de quién mandaba. En el caso de Solzhenitsin, «un polemista formidable, un luchador político y un gran novelista humanista, aunque antipático, loco y traicionero… se dio una escalada en la que escritor y censor se vuelven cada vez menos distinguibles». Bajo el control de Stalin, una obra debía pasar por unas doce comisiones distintas, demostrando que servían a los intereses del proletariado, por lo que Solzhenitsin guardaba sus escritos en un bote de vidrio enterrado en el jardín, pero con Jruschov, que permitía una cultura disidente de Stalin, se publicó en 1962 la primera novela escrita por Solzhenitsin: ‘Un día en la vida de Iván Denisovich’. Cuando en 1974 se publicó en el extranjero ‘Archipiélago Gulag’, Solzhenitsin fue tachado de «renegado, traidor, blasfemo y contrarrevolucionario… que ingirió los venenos del estalinismo transformándose en su propio enemigo, un estalinista secreto».

Coetzee analiza la obra transgresora de fronteras sexuales y sociales de D.H. Lawrence ‘El amante de Lady Chatterley’, escrita en 1928 y publicada tras un juicio celebrado en 1960, citando algunas escenas ejemplares: «Y las puntas de sus dedos tocaron las dos entradas secretas del cuerpo de Connie, una y otra vez, con su suave y menudo cepillo de fuego. – Y me gusta que esto cague y mee ¡No quiero una mujer que no cague ni mee!-«. Para la ensayista norteamericana Catharine MacKinnon, «la pornografía debe ser prohibida en cuanto cosifica y perpetúa la hegemonía masculina»; pero ¿es pornografía o erotismo? Para Coetzee, «si las películas porno son una ofensa para el género femenino, ¿no son las de guerra una ofensa para el género humano?»

También analiza Coetzee el posicionamiento de Desiderius Erasmus, el conocido humanista Erasmo de Rotterdam, autor del ‘Ecomium Moriae’, traducido generalmente como ‘Elogio de la locura’ (privación de la razón o acción inconsiderada o gran desatino) y, a veces, como ‘Elogio de la estupidez’ (necedad o torpeza en comprender las cosas), acepciones no demasiado alejadas de significado. Erasmo se situó de espectador crítico tanto de los protestantes de la Reforma luterana como de los católicos romanos, e identificó dos clases de locura (o estupidez): la del fanático convencido de que tiene la razón (léase por ejemplo, Calvino) y la del cristiano que se coloca fuera de la razón, sea en la fe, en el misticismo, o en lo absurdo e irracional.

Vuelve Coetzee la vista a su país, Suráfrica, y enfoca a Geoffrey Conjé, el ideólogo del Partido Nacional, cuyas indicaciones políticas formaron parte del apartheid establecido por ley. Decía que las mujeres afrikáners debían tener relaciones sexuales sólo con hombres afrikáners de sangre pura «para garantizar la supervivencia de la raza blanca e impedir el regreso a la confusión, al paganismo y al caos», ya que «la bastardización es antinatural, un pecado contra la creación». Superado por las confrontaciones políticas este «pronazi loco», como lo llama Coetzee, aparecieron en Suráfrica los censores, cuya labor, que perduró hasta la aprobación de la nueva Constitución, puede clarificarse con un ejemplo de obra prohibida: «El escritor utilizó un exceso de lenguaje indecente, de uso del nombre del Señor en vano, de referencias a la excreción, a la masturbación… que el hombre medio considera una violación de la dignidad del individuo y del respeto a la privacidad sexual». (El análisis de Coetzee de la sociedad sudafricana fue lo más valorado por la Academia sueca para concederle el premio Nobel. Bueno,,,)

Grass y Alberti: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (13)

GRASS

Günter Grass nació en la alemana Danzig en 1927, ciudad que después fue polaca con el nombre de Gdansk. Recibió el premio Nobel de literatura en 1999. En su obra ‘Pelando la cebolla’ cuenta que era hijo de tenderos y que actuó como recaudador de deudas del comercio paterno cuando contaba con diez y once años. Dice haber sido un precoz lector de Historia, sobre todo de las sangrientas Edad Media y guerra de los treinta años, convirtiéndose en un joven nazi, miembro de las juventudes hitlerianas. Imbuido de un romántico ardor guerrero, se presentó voluntario, a los dieciséis años, para servir en los submarinos de guerra, pero fue desechado y enviado a un campo de trabajo preparatorio. Lee ‘Sin novedad en el frente’ del gran pacifista Erich María Remarque, y recuerda cómo un par de botas va cambiando de propietario a medida que van reventando uno tras otro. También lee ‘Tempestades de acero’ de Ernst Jünger, el místico de la guerra, que la celebra como aventura y prueba de virilidad. (En la obra ‘Mi siglo’, Grass evoca la Primera Guerra Mundial, con las trincheras, los gases de cloro, las bayonetas y los aviones, mediante una conversación entre los dos autores). Participa en la guerra encuadrado en los tanques anticuados de la Waffen SS, que sufren una paliza desmoralizadora y comienza su conversión: se causa una ictericia fingida bebiendo aceite recalentado de una lata de sardinas para ir al barracón de enfermería; haciendo de sirviente se mea en el café de los oficiales y, después, en sí mismo durante un furioso cañoneo enemigo. Con su unidad destruida, marcha errante con el miedo a que lo ahorquen por carecer de hoja de ruta, pero es asignado a una tropa de choque, ‘el destacamento de ascensión a los cielos’. Herido en el hombro (con una esquirla que llevó de por vida) y en el muslo fue hospitalizado en Marienbad.

«El Führer se había ido, como si no hubiera existido nunca». Grass ingresa en un campo de trabajo británico, en el que pasa un hambre terrible; se apunta a un curso de cocina impartido por un tipo para él inolvidable (ahí empezó la afición que le acompañó toda su vida y demostró en su obra ‘El rodaballo’). Al ser definitivamente liberado, trabajó con dieciocho años en una mina de potasa, en donde asiste a las discusiones políticas de sus compañeros, se inclina por el socialismo democrático y se aleja de la religión. Dice: «Como el ser humano pasa por ser el fiel retrato de Dios, se podría considerar a Dios como el espantajo original». «El canciller Adenauer parecía una máscara, detrás de la cual se escondía todo lo que yo odiaba; la hipocresía que se las daba de cristiana… mentirosas aseveraciones de inocencia… y rectitud de una pandilla de criminales disfrazada». Sacó a su hermana (¿la violaron durante la guerra, de niña, los rusos?) del noviciado, «cayó en la trampa de la hipocresía organizada». Recuerda que compartió lona y juego de dados con un soldado llamado Joseph Ratzinger que «quería ser obispo, que hablaba de manera reflexiva, fanática, sensible y llena de amor sobre la única religión verdadera; ahora quería ser infalible como papa».

Estudiante de arte en Dusseldorf, traficó en el mercado negro, fue escultor de lápidas y batería tocando sobre una lámina metálica (el tambor de hojalata) en un trío de jazz al que se sumó en una ocasión el mismísimo Louis Armstrong durante cinco minutos. Animado por la asociación de escritores Grupo 47 escribió poemas y obras de teatro de poco éxito, éstas influidas por Ionesco, Beckett y Brecht. «Hasta entonces, entre pintores y escultores, con cerveza y aguardiente, había sido un cliente en la barra: ahora, desde el amanecer, se me veía sentado con literatos ante un vaso de vino». En 1956 se fue a París y produjo su obra cumbre: ‘El tambor de hojalata’, una novela picaresca escrita en una variedad de estilos, que distorsiona y exagera sus experiencias personales: el dualismo polaco – alemán de Danzjg, la nazificación de las familias de clase media, el arrepentimiento por los años de guerra, la llegada de los ‘ruskis’ y la atmósfera complaciente de la Alemania occidental después de la guerra con el milagro económico. «Me resultaba muy fácil escribir de la mañana a la noche»

En sus diarios publicados (‘La estrategia del caracol’, ‘De Alemania a Alemania’) cuenta su participación en el Partido Socialdemócrata (SPD), su lucha por las causas sociales y literarias, y sus discrepancias sobre la reunificación alemana: «Una ganga llamada República Democrática Alemana (RDA)». «Un ejército de administrativos occidentales… funcionarios coloniales. La gente de la RDA volverá a ser estafada». «Kohl estuvo aquí y preguntó a las masas: ¿Queréis la unidad de Alemania? ¿Queréis nuestro bienestar? Más vulgar no se puede ser». Y escribe al candidato socialdemócrata Oskar Lafontaine: «Esta política carece de toda idea que vaya más allá de la economía del marco. Apiádate de la gente de la RDA».

Tiene una finca en la punta sur de Portugal, cerca de Faro, donde planifica un libro, planta árboles, cocina y dibuja sin parar. Dice que «en Portugal se pone de manifiesto qué fuerza destructora emana de la Comunidad Económica Europea… sumas ingentes en construcción de carreteras… destruyen la agricultura… desplazan los productos portugueses para sustituirlos por españoles». Echa un vistazo a los países del entorno alemán: «Qué relativamente feliz es este país pobre (la República Checa), porque no tiene ningún hermano rico». «Junto a los alemanes de segunda clase pronto habrá checos y polacos de tercera y cuarta clase». Los avances sobre el futuro raramente funcionan, es más seguro dar noticia del presente: «Los alemanes, campeones de futbol en 1990; la república, más ruidosa, más feliz que cuando la caída del Muro».

Günter Grass, que no acabó el bachillerato y llegó a doctor ‘honoris causa’ y premio Nobel «por sacar a flote y dar forma, con la materia del pasado capturado por su enérgica prosa, a una apasionada reconstrucción de los rasgos de identidad de su país». Günter Grass, cocinero, escultor, pintor, poeta, dramaturgo, novelista, ‘la conciencia de su generación’, murió a los ochenta y siete años de edad en Lübeck, Alemania.

ALBERTI

Rafael Alberti fue, según uno de sus estudiosos, «un gran pintor – poeta, un poeta visual, óptico y gráfico, capaz de releer y refundar toda la tradición». Nació en 1902, nieto de italianos y andaluzas, en El Puerto de Santa María (Cádiz), y pasó su vida añorando «un melancólico lugar de retamas blancas y amarillas llamado La Arboleda Perdida» cercano al sitio de su cuna y que dio nombre a sus libros de memorias. En 1917 su familia se traslada a Madrid, donde Rafael, según Gregorio Prieto, da suelta a su «retozón afán de notoriedad sobresaliente». En 1923 contrae tuberculosis, publica el libro de poemas ‘Marinero en tierra’ y, en 1925 recibe el Premio Nacional de Literatura. Su obra más difícil, estudiada y controvertida (¿surrealista?) es ‘Sobre los ángeles’, escrita en 1927 – 1928 bajo «¿qué espadazo de sombra me separó casi insensiblemente de la luz, de la forma marmórea de mis poemas inmediatos, del canto aún no lejano de las fuentes populares, de mis barcos, esteros y salinas, para arrojarme en aquel pozo de tinieblas?» Una depresión juvenil, en la que escribiría: «Se necesita billete para entrar en el cielo… Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura». En 1930 rompe la relación con la pintora Maruja Mallo (la bruja Maruja) y se fuga con María Teresa León, que fue su compañera hasta que murió de Alzheimer («esas cosas desgarradoramente lentas») en 1988. «Ella había sido para mí todo… yo no sabía ni cómo se rellenaba un cheque… a veces me hubiera arrojado al Tévere». «Era una mujer de una fuerza increíble… después de Pasionaria, una de las mujeres más destacadas de la España republicana… Participaba en mítines, en cualquier acto solidario al que se le llamaba… y sin disfraz de proletaria». (Una vez viudo, Alberti se casó con María Asunción Mateo, escritora como María Teresa y separada con dos hijos ¡Qué parecido físico entre sus dos esposas y su primer amor, una niña llamada Milagritos!).

La llegada de la Segunda República en 1931 propicia que su vida y su obra «estén al servicio de la revolución española y del proletariado español… Antes, mi poesía estaba al servicio de mí mismo y de unos pocos. Hoy, no». Reacciona contra el «espíritu católico español, reaccionario, salvaje, que nos entenebreció desde niños los azules del cielo, echándonos cien capas de ceniza, bajo cuya negrura se han asfixiado tantas inteligencias verdaderas». Según Azorín, «Rafael Alberti se vuelve con los brazos abiertos hacia el pueblo, porque sólo el pueblo y sólo la naturaleza podían darle el punto de apoyo necesario para salir de la situación mental y socialmente crítica en que se encontraba». Rafael y Mª Teresa compusieron la famosa letra: «Puente de los franceses nadie te pasa / porque los milicianos qué bien te guardan», y fundaron, con su amigo Bergamín, el periódico ‘El mono azul’ (por el traje proletario).

Alberti, del Partido Comunista, huye a Francia, dejando en España centenares de miles de muertos y el cadáver de su amigo Federico García Lorca. «Picasso nos facilitó los billetes para salir de Francia cuando los nazis entraron en París». Rafael y Mª Teresa vivieron en la acogedora Argentina hasta 1961. Allí se representaron sus obras de teatro, «un teatro desnudo de artificios, en el que la fuerza del texto no quede relegada ante el excesivo despliegue escenográfico», como ‘Noche de guerra en el museo del Prado’, que fue copiado por Mujica Láinez en ‘Un novelista en el museo del Prado’. En Argentina se reencontró con la primerísima actriz Margarita Xirgu, exiliada también, aunque católica, porque hubiese gritado ¡Viva la República! en el último acto de la obra de Alberti ‘Fermín Galán’.

Desde Argentina, Rafael y Mª Teresa fueron a Italia, donde vivieron hasta su vuelta a España en 1975. Alberti fue elegido diputado por el Partido Comunista, pero renunció al escaño confiando en que los jóvenes, más informados que ´él, mejorasen su actuación política. Rechazó la propuesta de Dámaso Alonso de ser académico de la Real Academia Española (recordaba cómo de joven se meó en sus muros), pero aceptó la entrada en la Academia de San Fernando. Muerta Mª Teresa, cansado de la vida madrileña («Madrid es un enorme garaje») se retira con Mª Asunción a una casa con jardín de su añorado Cádiz, donde recuerda a sus amigos: «Dalí un día fue a comprar un sello para una carta y echó en el buzón la carta con el sello y la calderilla con el cambio, porque creía que formaba parte del franqueo» (después, bajo la influencia de Gala, Salvador Dalí se convirtió en ‘Avida Dolars’); a la muerte de Picasso, «¿cómo podrían haberse cerrado los ojos más maravillosos de la tierra?»; recibe el piropo de uno de sus admiradores «¡Qué bonito que eres, me cago en todos tus muertos!» Y pone belén, recibe regalos de reyes magos y canta a dúo con Marcos Ana: «La Virgen es radical / San José es socialista / y el niño que va a nacer / del Partido Comunista».

Alberti recuerda a alguno de sus favoritos: «Góngora era un maestro revolucionario del idioma, dejó escritas las estrofas más originales y suntuosas de nuestra poesía: ‘Tú eres tiempo el que te quedas / y yo soy el que me voy’, escribió»; «Juan Ramón es uno de los poetas más destacados de este siglo… no vivía, y tampoco (seguramente) quería vivir, para oír otra cosa que no fuese la poesía»; «Machado tiene otra dimensión, su voz era más entrañable… está por encima de cualquier moda o modo… Era un santo… alejado de cualquier comidilla o conspiración literaria»; «Baudelaire: ‘Embriagaos de amor, de virtud, de poesía o de vino. Cuidad siempre de estar ebrios’, aconsejaba»; «Goya, el primero que ha bajado a la calle, …el que hizo suyo ese claroscuro candente y aguafuerte de España».

Rafael Alberti no llegó, como soñaba, a conocer el año 2015, tampoco le concedieron, por comunista, el premio Nobel, no tenía ni el bachillerato elemental, pero fue doctor ‘Honoris Causa’ por seis universidades.

Saramago: Citas y anotaciones de las obras de grandes escritores (12)

SARAMAGO

El primer premio Nobel de literatura en lengua portuguesa le correspondió a José Saramago, «por su arte narrativo, desarrollado con obstinación y profundidades insospechadas». José nació en 1922 en una aldea «en una familia muy pobre, campesina y analfabeta» y dice de sí mismo que era «desde muy niño, callado, reservado, melancólico, nunca he tenido la risa fácil, incluso la sonrisa es algo que me cuesta trabajo, las alegrías y tristezas son en mí interiores». Tuvo una corta experiencia como periodista en la que aprendió algo: «a escribir noventa y nueve palabras cuando se necesitan noventa y nueve». En 1980, a los 58 años de edad, publica ‘Levantado del suelo’, «porque del suelo se levantan los hombres, la mies, los árboles». Esta novela inaugura un original y eficaz sistema de puntuación. Como dice José, «si usara constantemente signos gráficos de puntuación, estaría introduciendo obstáculos al libre fluir de ese gran río que es el lenguaje de la novela. Mis signos de puntuación, la coma y el punto final son signos de pausa en el sentido musical del término. El lector debe escuchar en el interior de su cabeza». (Escribía con un fondo de música clásica).

En 1982 aparece ‘Memorial del convento’, «una especie de ajuste de cuentas que no adopta las formas que suele adoptar la protesta… la ironía es mucho más viva; en ocasiones se convierte en sarcasmo, pero hay una gran piedad en todo esto». He aquí algunos tozos, que no párrafos, de esa ironía y ese sarcasmo: «… pero yo digo que Dios no tiene mano izquierda porque es a su diestra, a su mano derecha, donde se sientan los elegidos, no se habla nunca de la mano izquierda de Dios, … es el vacío, la nada, la ausencia, Dios es, pues, manco. Respiró hondo el cura y concluyó, de la mano izquierda». «Arrodillaos pecadores, que ahora mismo deberíais caparos para no fornicar más, … ahora mismo deberíais volver y vaciar vuestros bolsillos, porque en el paraíso no se requiere dinero, en el infierno tampoco,… aquí sí que el dinero es preciso, para el oro de otra custodia, para sustentar la plata de toda esta gente, a los dos canónigos que me levantan la cola de la pluvial y llevan las mitras, y a los dos subdiáconos que me alzan la cola del faldón, los caudatorios que van detrás, por eso son caudatorios».

‘El año de la muerte de Ricardo Reis’ se publica en 1984. Ricardo Reis es uno de los heterónimos del poeta Fernando António Nogueira Pessoa, natural de Lisboa, graduado en letras por la Universidad de Inglaterra, monárquico, autor del poema de exaltación nacionalista ‘Mensaje’ y fallecido en 1935 a los 47 años de edad. Pessoa, por su tendencia a la simulación, era Alberto Caerio, su despersonalización dramática, era Álvaro de Campos, la emoción que no se concedía en su vida, era António Mora, el defensor del paganismo griego (el más alto nivel de la evolución humana hacia la ciencia y no hacia la emoción). Y era Ricardo Reis, el personaje en el que el poeta ponía toda su disciplina mental, vestida de la música a ella adecuada. José siente por Ricardo Reis atracción y rechazo, siempre le había irritado su frase ‘sabio es el que se contenta con el espectáculo del mundo’. En la novela, Reis se pasea por las calles de Lisboa bajo la incesante lluvia en una soledad acompañada por el fantasma de Pessoa, con el que contempla la ciudad, recuerda y critica acontecimientos y tiene presente la cercana guerra civil española: «La declaración del cardenal Pacelli – ‘Mussolini es el mayor restaurador del imperio romano’ -, … las tropas italianas bombardeando Etiopía y Pacelli profetiza imperio y emperador». «Franco, dijo, no entraría en Madrid por no sacrificar a la parte inocente de la población (esperaría a que los niños crecieran para no sobrecargar de ángeles el cielo)». «Miguel de Unamuno, rector, dio su adhesión a la Junta de Burgos y dio 5000 pesetas al ejército nacionalista. Recomendó a Azaña que se suicidase. Su mayor admiración a la mujer española, que evitó que las hordas comunistas y socialistas se apoderaran hace tiempo de España».

‘La balsa de piedra’ ve la luz en 1986. La península ibérica, España y Portugal, se desgaja por los Pirineos y navega libre por el Atlántico. Un sueño de José: La península no pertenece a Europa y debe derivar hacia una posición intermedia entre Suramérica y África; hemos de tender hacia una federación ibérica, en la que Portugal, que representa un quinto de la población total, se equipare en derechos y obligaciones a las otras federaciones: Andalucía, Cataluña, Euskadi, Castilla, Galicia…

En 1985 publica ‘Historia del cerco de Lisboa’, en la que, según José, no hay ninguna historia verdadera, pero sí hay un suceso vital: el encuentro de José con su gran amor, con Pilar, a quien dedica la novela y la extraordinaria página que sigue: «La última hora la pasó casi toda en el balcón, con medio cuerpo oculto, acechando dónde María Sara dejará el coche. La vio aparecer en la esquina, ni deprisa ni lenta, el pelo suelto, y el deseo le puso un súbito nudo en la boca del estómago. Fue a abrir la puerta, Qué tarde, dijo, Ya se sabe, el tráfico. La puerta más próxima es la del dormitorio. Pero Raimundo Silva le quitó el bolso del hombro, lentamente, Ayer, al despedirse me trató de tú, dijo, Es la falta de hábito, Quiere ir al despacho, No, aquí estamos bien, pero tu no tienes donde sentarte, Mire la cama, Y yo respondo, Que le pasa a la cama. Estaban uno en brazos del otro, pero no se besaban aún, se miraban y sonreían mucho, el rostro alegre, y después la sonrisa se fue recogiendo lentamente como agua que la tierra estuviera absorbiendo y saboreando, y, entonces, unas alas inmensas envolvieron a María Sara y Raimundo Silva, apretándolos como a un único cuerpo, y el beso empezó, nadie sabe lo que es el beso, tal vez la decoración imposible, tal vez el principio de la muerte. Allí se hallaron, sentados primero en el borde, después él la echó hacia atrás y continuaron besándose, bajo la mano banal del hombre estaba el prodigio de un seno. Fue ella quien, sin prisas, disfrutando de su propio movimiento, se desabrochó la blusa. La penumbra del cuarto se iluminó súbitamente, seguro que por el lado de la barra se habían abierto las nubes, y el último sol entró por la ventana, oblicuo, lanzando por aquel lado de la pared una vibración de luz color cereza. María Sara y Raimundo Silva no se habían desnudado por completo. Estaban tumbados, cubiertos, y temblaban. El beso se convirtió en un devorarse de labios y de lenguas, empezaron a oírse palabras, sueltas, entrecortadas, jadeantes. Después, al fin, se desnudaron del todo, la noche caía muy lentamente sobre la ciudad, cuando los sexos de estos dos se sintieron por primera vez, cuando todas las compuertas del diluvio se abrieron sobre la tierra, Que nada en el futuro sea menos que esto, el cuarto estaba oscuro, Enciende la luz, quiero saber si esto es verdad».

‘El Evangelio según Jesucristo apareció en 1991y el subsecretario de Cultura portugués prohibió, tomándose atribuciones que no le correspondían, que fuera presentado a un premio literario europeo. José denunció el hecho como fascismo en democracia y se fue, con Pilar, a vivir a Lanzarote, su balsa de piedra. Y es que de Cristo, Dios y María no se puede decir nada que no sea estrictamente edificante. Por eso pregunta en la novela: «Dios mío, por qué hiciste… los hombres… de inmundicia, cuánto mejor hubiera sido que los hubieras hecho de luz y transparencia». Y recuerda que el carpintero, el padre putativo del Verbo Encarnado, avisado por un ángel de la matanza de los inocentes, huyó con la madre y el niño sin alertar a ningún vecino, haciéndose cómplice de los asesinatos. También deja claro que el dios de los judíos quiere ampliar su territorio por medio de la acción de su hijo; este hace muchos milagros, pero no resucita a Lázaro porque su hermana María de Magdala, compañera sentimental de Jesús le indica que va a hacerlo morir – doloroso trance – dos veces. De paso, defiende al «Mal Ladrón, rectísimo hombre… a quien le sobró conciencia para no fingir que creía… que un minuto de arrepentimiento basta para redimir una vida entera de maldad o una simple hora de flaqueza».

José pensaba que ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’ era su mejor novela, pero su mayor éxito popular quizá lo constituyó ‘Ensayo sobre la ceguera’, publicada en 1995. Consideraba que «en el fondo, seguramente no soy novelista. Soy ensayista, alguien que escribe ensayos con personajes. En la novela puede confluir todo, la filosofía, el arte, el derecho, incluso la ciencia, todo. Es un intento de comprender el mundo». En esta novela – ensayo, muestra «una imagen del mundo en que vivimos: un mundo de intolerancia, de explotación, de crueldad, de indiferencia, de cinismo», y que «en lo relativo a la razón estaríamos ciegos. Cuando la ética no gobierna la razón, esta pierde toda importancia. La maldad, la crueldad, son inventos de la razón humana». La ceguera general que se propone en la novela es blanca y no negra, solamente una mujer conserva la vista, a quien «no se le hubiera ocurrido la posibilidad de que de los grifos de las casas no saliera ni una gota del precioso líquido, es defecto de la civilización, nos habituamos a la comodidad del agua canalizada, llevada a domicilio, y nos olvidamos (de) que, para que tal suceda, tiene que haber gente que abra y cierre las válvulas de distribución, estaciones elevadoras que necesitan energía eléctrica, computadoras para regular los débitos y suministrar las reservas, y para todo faltan ojos».

En 1997 José ensaya una ridiculización de la burocracia con la novela ‘Todos los nombres’. Nombres y más nombres de personas en legajos polvorientos colocados en un archivo laberíntico in fin. Vidas muertas en papel olvidado. Pero para José no es una novela sobre la muerte y los muertos, sino que es una obra sobre la vida, y la prueba es el expediente de una mujer que el protagonista rescata y destruye.

‘La caverna’ es ofrecida a los lectores en el año 2000. El enorme centro comercial en el que trabaja como agente de seguridad el yerno del alfarero protagonista simboliza un mundo cruel: la moderna catedral y la nueva universidad, la sustitución de las compras por el consumo, el miedo a la inseguridad instalado en la sociedad moderna. Además, debajo de los sótanos del centro se encuentra una cueva en la que aparecen, sedentes, atados y momificados, los cadáveres de varios hombres y mujeres: es la caverna de Platón, sobre la cual están erigidos los múltiples pisos del centro con sus incontables ofertas y atracciones. José confiesa que en la novela se encuentra con la ternura: el viejo, sabio y sentencioso alfarero («No hay nada más tiste, más miserablemente triste que un viejo llorando». «Ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe». «Ese órgano al que llamamos cerebro, ese que transportamos dentro del cráneo y que nos transporta a nosotros».)que se enamora de una vecina también viuda; su hija, también sabia y sentenciosa («Cada persona es un silencio, cada una con su silencio, cada una con el silencio que es». «Las personas de mal carácter son con frecuencia cobardes».); el perro encontrado, cuyas motivaciones son amorosamente estudiadas («Es negro, tenía ese color, o como afirman algunos, esa ausencia de tal».), que, en la realidad, apareció en Lanzarote y lo alimentó Pilar.

En ‘El hombre duplicado’, aparecida en el 2002, José estudia el caos, un tipo de orden por descifrar, y propone al lector que investigue el orden que hay en el caos. En la novela dice: «Falsear no es el término exacto, falsificar habrás querido decir, Gracias por la rectificación, lo que yo pretendía era manifestar el deseo de que hubiese una palabra capaz de expresar, por sí sola, el sentido de las dos, Según mi ciencia, una palabra que en sí reúna y funda el falsificar y el falsear, no existe, Si el acto existe, también debería existir la palabra, Las que tenemos se encuentran en los diccionarios, Todos los diccionarios juntos no contienen ni la mitad de los términos que necesitaríamos para entendernos unos a otros».

En el 2004 se publica ‘Ensayo sobre la lucidez’, cuyo escenario es la misma ‘ciudad de los prodigios’ donde se produjo la ceguera blanca. En ella los ciudadanos votan en blanco. En contrapartida, el gobierno, la milicia y la policía se exilian, rodean la ciudad y buscan un responsable: es la mujer que no perdió la vista en el caso de la ceguera, y la matan. José escribe una fábula, una sátira y una tragedia sobre «eso que llamamos democracia, que no funciona, que es poco más que una fachada». Como «de la democracia no queda mucho más que un conjunto de ritos», decía en 2001, «indignémonos»; y ya que «la utopía es una especie de invitación a la pereza, hagamos algo más creativo que la simple indignación, manifestémonos una y otra vez por la participación política, cultural y social del ciudadano». Es necesaria «una insurrección ética, no una revolución». Aparte de la novela, José hace una diáfana declaración de principios políticos, algo, según él, que debería hacer todo escritor comprometido: «Soy marxista y comunista de carné». «El modelo comunista real ha fallado, pero el ideal no muere. No vale glosar a Marx y a Engels sin aportar una reflexión. En la URSS se inventó un capitalismo de Estado, no había participación efectiva de los ciudadanos, no había socialismo». «Las socialdemocracias se proponen apaciguar el socialismo. Los partidos llamados socialistas han dejado de ser de izquierdas». «Cada vez me siento más como un comunista libertario». «No se puede vivir como estamos viviendo, condenando a las tres cuartas partes de la humanidad a la miseria. Un mundo que tiene capacidad para resolver problemas como el hambre y la falta de educación pero no los resuelve. Lo que importa es el lucro. El infierno es esto».

En 2005, José escribe ‘Las intermitencias de la Muerte’, que dice «yo soy la muerte, el resto es nada». Y enarbola un estandarte contra las religiones y sus iglesias: «Las religiones, todas, no tienen otra justificación para existir que no sea la muerte. Sin muerte no hay resurrección, y sin resurrección no hay iglesia. La iglesia necesita la muerte para vivir, para prometer vida eterna y ejercer una presión abusiva sobre las conciencias». Pero «la filosofía necesita tanto de la muerte como las religiones, si filosofamos es porque sabemos que moriremos, Montaigne ya dijo que filosofar es aprender a morir». José no soporta «la maldad y la hipocresía que han crecido a la sombra de las religiones». En la novela, un cardenal declara que «nuestra especialidad ha sido neutralizar, por la fe, el espíritu curioso». Ese espíritu curioso que nos impulsa a preguntar: «¿Qué motivo tendría Dios para hacer el universo? ¿Sólo para que en un planeta pequeñísimo de una galaxia cualquiera pudiera nacer determinado animal que tuviera un proceso evolutivo? » En la novela alguien proclama: «Somos, en el universo, como un hilo de mierda a punto de disolverse». Y José, que siempre dice lo que piensa, se confiesa «un ateo con una actitud religiosa que tiene que ver con el universo; lo que me trasciende es la materia, la tierra, con sus mares y sus multitudes».

Tras grave enfermedad, en el 2008, a los 86 años de edad, José escribe ‘El viaje del elefante’, una novela con trazos de humor basada en un hecho real: el viaje de traslado de un elefante desde Lisboa a Viena a través de Valladolid y Génova, dedicada a su mujer: «A Pilar, que no dejó que yo muriera»; porque «Pilar del Río (su traductora al español) no es mi secretaria. Cuando vuelvo la vista a lo que viví antes, veo todo aquello como una larga preparación para llegar a ella. Cuando no está, la casa se apaga. Y cuando vuelve, se reactiva». José se pregunta: «¿El amor a una cierta edad puede ser ridículo? Cualquier persona puede entregarse a otra, que es en lo que consiste el amor».

Si José creía que ‘El viaje del elefante’ sería su última novela se equivocó, porque aún le quedarían fuerzas para mirar con humor condescendiente algunas de las muchas simplezas, tonterías, que están escritas en la Biblia, el libro por excelencia. Por ejemplo: José mete a Adán y Eva, expulsados del paraíso por el ángel guardián (padre de Abel, ya que embarazó a Eva), en una caravana que pasaba por allí. Adán vivió hasta los novecientos años, luego le faltó poco para morir ahogado en el diluvio ¿De dónde salió Lilith, en la que Caín engendró a Enoc? José clama: «¡Los niños, los niños de Sodoma y Gomorra eran inocentes y fueron quemados a fuego de azufre!» Y José, el relativista del deseo y de la acción, el pesimista por la razón y optimista por la voluntad, indignado por haber entrado en un mundo injusto y haber salido de un mundo injusto, se despide de todos nosotros, admiradores de sus decires y de sus contares, fracasados imitadores de su bondad: «La historia se ha acabado, no habrá nada más que contar».